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Los apicultores advierten que los abejarucos se han convertido en una plaga

La Asociación Provincial de Apicultores de Cuenca señala que ha incrementado su presencia por tierras conquenses

Los apicultores advierten que los abejarucos se han convertido en una plaga
21/9/2022 · Miguel A. Ramón

La presencia del abejaruco por la Península no es una novedad y, de hecho, desde hace décadas se vienen avistando por nuestros montes durante ciertas épocas del año. Sin embargo, lo que hace unos años era una presencia puntual se ha ido convirtiendo en algo tan habitual que está despertando desde hace un tiempo los recelos de los apicultores, que ven cómo esta ave migratoria no solo ha incrementado su número en su tránsito por España, sino que también ha ido prolongando su estancia, lo que está pasando factura a la población de abejas.

Esta bella ave africana, que todos los años sobrevuela España, primero desde África camino del norte de Europa y después a su regreso, tiene a la abeja como uno sus más exquisitos manjares.

Algo que trae de cabeza a los apicultores de la provincia de Cuenca que ven cómo bandadas de más de un centenar de ejemplares acechan sus colmenas sin que puedan hacer nada para evitarlo.

Si ya el año pasado, desde la Asociación Provincial de Apicultores de Cuenca, su presidente, Isidro Marín, alertaba de este creciente problema, la situación ha empeorado mucho más este año y ha incrementado tal su presencia por tierras conquenses que no dudan en calificar a los abejarucos como “una auténtica plaga”.

No en vano, según subraya Marín, estas aves cada vez son más agresivas y provocan más daños en las colmenas, entre otros motivos, porque España se ha convertido en un punto de avituallamiento fundamental para ellas en su camino hacia el norte de Europa, en primavera, y a su regreso a tierras africanas, en verano.

Dos tránsitos de esta ave por nuestro país que, según Marín, este año han tenido especial incidencia en la apicultura, por un lado, por el impresionante incremento del número de ejemplares, y, por otro, por el mayor tiempo que han permanecido en nuestra tierra.

Todo ello, con el agravante, en palabras del presidente de los apicultores, de que el abejaruco tiene por costumbre capturar a la abeja en la flor; es decir, se alimenta de las abejas pecoreadoras –las encargadas de recolectar el néctar y el pólen– por estar más cargadas de reservas y, en consecuencia, más nutritivas para él.

Esto lleva consigo que la producción de las colmenas caiga en picado por la muerte de estas abejas hasta el punto de sucumbir por completo.

Pero por si esto fuera poco, las consecuencias de la presencia de los abejarucos en las zonas de las colmenas no se quedan ahí, ya que las abejas dejan de ir a recolectar néctar y pólen ante la presencia de estas aves, por lo que se ven obligadas a consumir las reservas de la colmena.En definitiva, el abejaruco se ha convertido en un serio problema para el sector apícola conquense.

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