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6 de Agosto de 2020 Son las 18:26

Entrevistas

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Especial Semana Santa 2020
Javier Marín Cardete

“La profesión de piloto en líneas aéreas es un arte muy completo”

El conquense Javier Marín es piloto de la compañía aérea AirNostrum, también conocida como Iberia Regional, un joven que con apenas 25 años ha cumplido su sueño aunque promete superarse

“La profesión de piloto en líneas aéreas es un arte muy completo”
Foto: Javier Marín
2/8/2020 · Paula Montero

El cielo europeo ve interrumpida su tranquilidad cuando el joven conquense Javier Marín transita al mando de los aviones de Iberia Regional con más de 100 pasajeros detrás. A pesar de su juventud, cuenta con una dilatada experiencia en el sector aeronáutico como instructor de vuelo y como piloto. Gracias al respaldo de su familia, su pasión, esfuerzo y tesón decidió, con 18 años, hacer despegar su sueño: ser piloto de transporte de líneas aéreas.

¿Cuándo empieza a rondar por su cabeza la idea de ser piloto?

Siempre había soñado con ser piloto, pero realmente lo llevé en silencio hasta que a los 14 años se gestó en mi cabeza con más fuerza. Al fin y al cabo es una profesión muy vocacional y nadie de mi familia se había dedicado a ello, tampoco tenía a nadie que estuviera ligado a la aviación y me encontraba totalmente solo.

Acabé de estudiar bachillerato, hice selectividad y se lo dije a mi padre, su respuesta fue que estaba loco pero hizo números, vimos que podía cumplir mi sueño y empezamos a mirar opciones. Investigué y al final encontré escuelas de vuelo que están repartidas por los aeroclubs de toda España. La oferta que más me convenía era irme a Madrid, al Aeródromo de Cuatro Vientos. Casualidad que a través de un contacto me enteré que el primer módulo o curso que tenía que superar, la licencia de piloto privado, la iban a impartir en el Aeroclub de Sotos, un pueblo de Cuenca. Nunca había ocurrido esto y tuve claro que era mi oportunidad. Empecé en julio de 2013, y me ahorré bastantes costos porque seguía viviendo en Cuenca. Tuve que superar 45 horas de vuelo y 8 asignaturas teóricas para poder volar cualquier monomotor de pistón, es decir, cualquier avioneta.

Y después continuó su formación...

Pasó un año y me trasladé a Madrid, pasé ocho meses dando clases teóricas para convertirme en piloto de transporte de línea aérea. Después cumplí las horas de vuelo para poder realizar el curso de Habilitación Instrumental y Multimotor, a lo que se suma el examen de piloto comercial que hice con 21 años.

Para entrar en una aerolínea digamos que no tienes que estudiar una carrera sino conseguir diversos módulos, varias licencias que te permiten optar a ese puesto de trabajo.

¿Qué asignaturas cursa un piloto de transporte de línea aérea?

La profesión de piloto en líneas aéreas es un arte muy completo porque no solo tienes que saber teoría sino que se combina con la parte práctica. Estudiamos desde legislación aérea o sistemas eléctricos de aviónica hasta idiomas o física. Engloba muchas disciplinas y hace que sea una profesión muy entretenida. Además, las 14 asignaturas se estudian en inglés, lo que hace que sea un poco más complejo al principio, pero nos da soltura en el idioma.

¿Cómo recuerda la primera vez que subió a un avión para pilotarlo?

Como una sensación brutal, iba con el instructor y recuerdo tener toda la secuencia de acciones en mi cabeza. Fue montarme, meter gases, despegar y se me olvidó todo. No iba con miedo, pero si que era una sensación totalmente nueva y la añoro con mucho entusiasmo. Fue algo increíble.

Con 21 años tiene su primer trabajo...

Me encontré que con 21 años ya era piloto comercial, había aprobado mi curso de piloto privado, mis asignaturas de piloto de línea aérea, mi habilitación de vuelo instrumental y multimotor junto a un curso de cooperación en cabina, que sirve para saber colaborar y secundar al compañero de al lado porque estamos acostumbrados a volar solos.

Con esta formación podía optar a trabajar en línea aérea pero no es tan fácil. Cada compañía aérea saca sus convocatorias a modo oposición y tienes que pasar unos exámenes bastante complicados para poder empezar a trabajar. Yo me encontré con un mercado que no estaba muy abierto, hice alguna intentona en alguna compañía pero no la superé.

En ese momento me aconsejaron seguir ligado a la aviación y decidí prepararme para ser instructor de vuelo, lo que supuso hacer un curso de formación para aprender a enseñar y dar clase a los nuevos alumnos. Las condiciones eran duras, no teníamos un gran sueldo y trabajábamos un montón de horas, pero gané mucha soltura y experiencia, dotes de formación que no me va a quitar nadie. Estuve un año enseñando a pilotos privados y acabé siendo instructor de piloto comercial y de vuelo multimotor. Fue una etapa que me permitió volar cada día con un alumno distinto, lo que suponía estar constantemente ligado al avión.

El momento más bonito que recuerdo dentro de la formación es la suelta, mi primer vuelo solo

Llega la oportunidad de trabajar en una aerolínea...

Entré en la compañía AirNostrum conocida como Iberia Regional, aunque también tuve la posibilidad de formar parte del equipo de Vueling Airlines. Escogí Iberia Regional porque me permitía volar desde Madrid y estaba cerca de Cuenca. A día de hoy ya ha pasado más de un año y medio y ha sido un cambio brutal. Al ser un tipo de aviación nueva todo cambia.

Justo en su mejor momento aparece la pandemia...

Todo funcionaba con normalidad, hice mi último vuelo el 13 de marzo y al día siguiente nos confinaron. Entramos en ERTE desde ese día y aún seguimos en esta situación. Afortunadamente a partir del 5 de agosto me reengancho y tengo mi primer vuelo después de la pandemia, aunque durante todo el mes de agosto solo volaré 3 veces.

¿Con qué tripulación trabaja y qué trayectos suele hacer?

En el avión que yo llevo, el de CRJ 1000, siempre vamos una tripulación 2+2. Es decir, comandante y copiloto, que en este caso soy yo, y dos TCP, lo que se conoce como azafatas.

Los trayectos que hacemos son prácticamente europeos aunque también viajamos a nivel nacional. Normalmente nos dirigimos a Francia, Alemania, Marruecos, Portugal o Casablanca, entre otros muchos.

¿Cuál es el recuerdo más bonito que tiene desde que comenzó esta aventura?

El momento más bonito que recuerdo dentro de la formación es la denominada suelta, mi primer vuelo solo. Esto fue en el verano de 2014, un vuelo corto de apenas 20 minutos pero recuerdo que me invadió una sensación de gratificación brutal.

A nivel emocional y personal elegiría el primer recorrido que hice con mis padres, la primera vuelta en avioneta en la que les demostré lo que había conseguido.

Y en la etapa como piloto comercial siempre recordaré mi primer despegue y aterrizaje con 100 pasajeros detrás, con todo lo que implica: la magnitud del momento, el estar en el aeropuerto Madrid-Barajas y notar la potencia que tiene el avión.

¿Y el peor?

He tenido varios sustos aunque no han llegado a ser emergencias difíciles. Cuando era instructor llegamos a tener pérdidas de presión de aceite en el motor y pérdidas de indicación importantes, pero siempre las hemos resuelto de la forma más profesional posible.

Al mando de un avión comercial, hace 10 meses hubo una gran tormenta en Barajas, no aterrizó nadie y nosotros volvíamos de Nantes, no se me va a olvidar nunca. Al llegar a Barajas empezó a precipitar una tormenta brutal de granizo y viento, yo iba pilotando y de lo que se movía el avión me empecé a dar cabezazos contra el techo del avión. Eran turbulencias severas. No podíamos aterrizar y al desviarnos justo un avión nos pasó por encima apenas a mil pies. Hicimos esperas por Aranjuez y el combustible se nos estaba agotando. Finalmente a los veinte minutos conseguimos aterrizar, fuimos el primer avión que entró en pista después de la tormenta. El comandante y yo mantuvimos el control, pasamos momentos muy tensos y recuerdo que los pasajeros bajaban blancos.

En esos momentos la responsabilidad juega un papel importante...

En ese momento te olvidas de la gente, de que llevas un avión grande y tu cuerpo se centra en pilotar el avión junto con tu comandante, en tomar la mejor decisión y ser consciente de que si aterrizas, machacas el avión, se te puede parar el motor o dañar el fuselaje. En un rango de apenas 5 o 10 minutos tienes que tomar muchas decisiones y todas son cruciales.

El camino es largo y la clave está en apasionarse por el comienzo y el final de cada módulo

¿Cómo es su día a día?

Por ejemplo, un día que tengo programado un vuelo a Niza a las once de la mañana suelo madrugar bastante y salgo con antelación de Cuenca, voy a la T4 que es donde están alojados mis aviones, paso los filtros de seguridad de tripulación, dejo mi coche en el parking, voy con mi uniforme y mi maleta, me chequeo y firmo para notificar que estoy en la sala de la compañía.

Me reúno con la tripulación, con los dos azafatos o azafatas y con el comandante, y comentamos los puntos más críticos o importantes del día, las peculiaridades meteorológicas previstas y nos ponemos en antesala de lo que nos espera. Aproximadamente 45 minutos antes del despegue nos dirigimos hacia el avión y comenzamos a hacer nuestro trabajo, realizamos una inspección pre-vuelo, repostamos o en mi caso compruebo, por ejemplo, el oxígeno.

Como modelo inspirador, ¿qué le diría a esos jóvenes que quieren ser pilotos?

A mi me sucedió algo muy curioso, cuando empecé a informarme todo el mundo me decía lo mismo: ¿estás seguro? ¿Es tu pasión? Yo no les escuché, estaba seguro de lo que quería y a día de hoy puedo decir que lo he conseguido.

A quien lo esté pensando le diría que lo tenga muy claro, que no lo estudie por aparentar o por tener una posible reputación. Deben tener en cuenta que es una profesión muy sacrificada que no entiende de horarios, da igual que te levantes a las 3 de la mañana o sea 31 de diciembre.

Si quieren hacerlo por tener un buen sueldo tienen que saber que tampoco cobramos lo mismo que durante el auge de los años 90 y les diría que miren mucho el momento que está viviendo el sector. Cuando yo empecé a estudiar todos los accesos a las compañías estaban cerrados, sin embargo cuando terminé el sector estaba en auge y pude entrar en dos compañías: Air Nostrum y Vueling.

¿Qué consejo le daría?

Les invitaría a pasar un día entero conmigo, que vean la responsabilidad que tenemos e ilustrarles el camino que tienen que seguir hasta conseguir su meta. El camino es largo y la clave está en apasionarse por el comienzo y el final de cada módulo. Ilusiónate por empezar a volar una avioneta, ilusiónate por aprender a volar bien, por enseñar a los demás y al final todo llegará.

¿Qué le diría a sus instructores?

Les agradezco su plena confianza y paciencia, al final, de cada uno de ellos me llevo algo que he incorporado en la propia formación que yo di después. Gracias a ellos he absorbido lo mejor de cada uno para después, junto a mi toque personal, ofrecer mi propia formación a mis alumnos.

¿Y a su familia?

Mi madre es cocinera y mi padre camarero, provengo de una familia muy humilde y ellos esperaban que estudiara una carrera al uso en la universidad. Al principio no las tenían todas consigo pero les demostré mis logros paso a paso y vi que año a año su sonrisa era más grande. Llegó el momento en el que por fin pude entrar en línea aérea y ponerme el uniforme. Esa primera foto con ellos es algo que no se me va a olvidar

¿Con qué sueña Javier Marín?

Desde el punto de vista aeronáutico tengo mucha ambición y me gustaría llegar a ser comandante, hacer vueltos transoceánicos, aunque para esto tienen que pasar muchos años. Pero realmente mi ambición no es esa, quiero ser feliz, tener buena calidad de vida, pero sin tener prisa por mejorar muy rápido.

Sueño con ser libre, al fin y al cabo paso mucho tiempo fuera de casa y la vida entre aeropuertos te consume. Creo en una vida que me permita ser libre, no quiero ganar dinero a cambio de mi tiempo sino que intentaré tener otras fuentes de ingresos que me permitan vivir mi vida y ser feliz.

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