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Ciclismo

Una expedición hasta los confines de la Tierra

La conquense Beatriz Muñoz, junto a su pareja Sandra Morán, termina un viaje transformador que les ha llevado desde La Junquera hasta Cabo Norte, Noruega
Fotos cedidas
12/07/2026 - Alejandro del Valle

Dice la famosa frase que lo importante es el camino, no la meta. Pueden dar fe de ello la conquense Beatriz Muñoz y su pareja, Sandra Morán, tras recorrer en bicicleta nada más y nada menos que 4.514 kilómetros desde La Junquera –Girona– hasta Cabo Norte, Noruega, punto más septentrional de Europa del que se dijo una vez que era el fin del mundo. Un viaje transformador y una experiencia inigualable para crecer como personas.

Las primeras sensaciones tras regresar a casa, reconocen ambas, son extrañas. “Pasas de vivir con lo mínimo a tenerlo todo al alcance”, traslada Beatriz, que, junto a Sandra, ha aprendido a valorar mucho más todo lo que tienen en su día a día. Por otra parte, ambas reconocen que, aunque alcanzar este emblemático punto era el objetivo inicial, no era lo que más les importaba: “Es un sitio icónico, pero la emoción real es la que vivimos durante todo el camino”, precisa Sandra. No obstante, lo consiguieron, en medio de un mix de sensaciones contradictorias. “Llevábamos días acumulando muchísima emoción y, cuando ya veíamos Cabo Norte, teníamos ganas de llorar de alegría y de tristeza porque el viaje terminaba”, recuerda Beatriz.

Y es que el reto, además de físico –4.514 kilómetros en 67 días de rodaje y 5 de descanso, con 26.959 metros de desnivel positivo–, requirió también mucha cabeza. “Ha sido una carrera de fondo, de aguantar la fatiga durante mucho tiempo. En un viaje así, la parte mental es más importante que la física”, traslada Beatriz. “Nos preguntábamos qué hacíamos allí y por qué no nos habíamos quedado en casa”, cuenta Sandra entre risas, puntualizando que, “cuando disfrutas de lo que haces, esa ilusión acaba pesando más que los malos momentos”.

Para quien se quede con ganas de ver más, podrá ver todo el contenido en vídeo, ya que han documentado todo el viaje. En el canal ‘Pies y Pedales’, con más de 10.000 suscriptores, Bea Muñoz ofrece todo tipo de consejos y experiencias acerca del Camino de Santiago e irá sumando poco a poco lo vivido en el viaje. “También lo menos ‘instagrameable’, entre comillas. Es importante permitirse que haya momentos malos y enseñarlos para mostrar lo que conlleva un viaje así”, traslada Sandra.

Beatriz y Sandra han recorrido 4.514 kilómetros en 67 días de rodaje y 5 de descanso, pasando por toda Europa para llegar hasta Noruega

¿EL MOMENTO PERFECTO?

Es usual que pospongamos viajes, sueños, proyectos, cambios… esperando algo que nos lo diga o quizás ese ‘momento perfecto’. Con la motivación de no posponer las metas nacía este viaje, y si alguien está pensando en emprender una aventura similar, las dos viajeras no tienen dudas. “Que se lance. Muchas veces esperamos al momento perfecto y ese momento no existe. Nosotras tampoco íbamos especialmente preparadas físicamente ni habíamos entrenado demasiado. Lo importante es querer hacerlo de verdad. Si lo quieres, es mucho más factible conseguirlo. Una vez das el paso, el propio camino va poniendo el resto en su sitio”, trasladan.

El camino de estas dos aventureras llega a su fin, aunque no tardarán mucho en lanzarse a un nuevo reto: “No habíamos ni terminado cuando aquí Sandra, empezó a decir un día en la tienda mientras miraba el móvil: ¿Nos apuntamos a la Marcha de los Hermanos Herrada? ¡Pero si no hemos terminado ni esto!”, comenta Beatriz entre risas.

Con miles de kilómetros en las piernas y recuerdos inolvidables, Beatriz y Sandra regresan a casa con la certeza de haber cambiado su forma de mirar las pequeñas cosas y de afrontar el día a día. Porque, como ellas mismas confirman, el mayor premio es el camino y lo vivido.

Las personas conocidas en el proceso, lo mejor del viaje

Otra de las valiosas lecciones que extraen Beatriz Muñoz y Sandra Morán de este transformador viaje tiene que ver con la bondad y la confianza en las personas. Durante estos vertiginosos meses de aventura, se han encontrado a numerosos desconocidos que se han interesado por su historia al verlas pedalear con una pequeña bandera de España en sus bicicletas. Para su sorpresa, muchas de esas conversaciones acabaron convirtiéndose en pequeños gestos que les alegraban el día: un desayuno compartido, una comida o un alojamiento –gracias a la red de cicloviajeros que abren las puertas de sus casas a otros peregrinos– han conmovido a Bea y Sandra.

“Hay mucha gente buena en el mundo, solo que la mala hace más ruido”, resume Beatriz, una frase que ambas reconocen haberse repetido una y otra vez durante el recorrido.

Para Sandra, ese contacto humano ha sido incluso más valioso que los paisajes. “La gente que hemos conocido ha sido lo mejor del viaje. Al final vuelves con la sensación de que la mayoría de las personas están dispuestas a ayudarte si lo necesitas”.


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