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Escalada

Un ascenso imparable

Con apenas 22 años, el escalador ciego Guillermo Pelegrín se ha convertido en un referente de inclusión en el deporte
Un ascenso imparable
Foto: IFSC
18/11/2025 - Alejandro del Valle

Apenas tiene 22 años, pero Guillermo Pelegrín demuestra que la pasión no entiende de barreras. El madrileño, con vinculación conquense debido a la Semana Santa que vive con gran fervor, es un prolífico escalador a nivel internacional cuya temporada ha cerrado con un meritorio cuarto puesto en el Mundial de Paraescalada.

Vinculado a la escalada desde muy temprano, fue detectado con discapacidad visual a los tres años, y su padre, amante de la montaña, se sintió paralizado al principio. “Él siempre había querido escalar conmigo, pero pensaba que no íbamos a poder hacerlo juntos”, cuenta Guillermo. Tras comprobar cómo un grupo de montaña de la ONCE salía al Peñalara, su percepción cambió. “Dijo que quería para mí esa filosofía de vida”, recuerda el joven, que poco a poco se fue metiendo en el mundillo de la montaña.

Su padre le aconsejó que buscara un deporte para mantener rutina durante la semana, y lo tuvo claro: gracias a un amigo que practicaba escalada, comenzó a entrenar en rocódromos. “Teníamos miedo de cómo iba a ser la integración, porque era la primera vez que hacía deporte sin tener referencias visuales”, recuerda, aunque pronto descubrió una red de apoyo en sus compañeros: “Los chavales se peleaban por guiarme y yo les decía: ‘Mañana voy a seguir siendo ciego, no pasa nada’”, bromea.

Tras conocer a Toni Curiel, su entrenador, se lanzó al mundo de la competición con 16 años, y desde entonces su crecimiento ha sido un no parar. Medallas en campeonatos nacionales, convocatorias de la Selección Española, campeón de Europa, victorias en la Copa del Mundo… en su última competición, disputada en Laval, consiguió un meritorio bronce, resarciéndose del cuarto puesto que sumó anteriormente en Seúl.

 

 

En sus seis años competitivos, ha sido campeón de España y de Europa, además de sumar varias medallas en Copas del Mundo

 

EXPERIENCIAS MÁS QUE RESULTADOS

Y es que más allá de los resultados, el joven destaca la experiencia y la comunidad que rodea al deporte que ama. “El deporte me ha ayudado a interiorizar mi discapacidad. Si hoy hago los chistes de ciego es porque a un amigo amputado de pierna le escondo la prótesis y él a mí el bastón, tenemos ese cachondeo”, cuenta entre risas. “Hay un ambiente increíble, entendemos el esfuerzo de haber hecho el camino y estar ahí, así que todos lo celebramos como un éxito colectivo”, comenta en lo relativo a las competiciones, gracias a las cuales también ha visitado muchos países como Estados Unidos o Suiza.

Como no había referentes cuando empezó, cuenta que le tocó ser autodidacta, por lo que su método para escalar es fruto de la experiencia y la adaptación, combinando referencias horarias y señales corporales. “Para las manos usamos referencias de las horas: a las 12, a las 3… y para los pies utilizamos referencias corporales, como pie derecho a rodilla izquierda. Pero al final cada uno tiene su propio método. En vías de dificultad, con cuerdas de 25 metros, llevamos auriculares y me van guiando”, apunta.

Aunque desafortunadamente su categoría no ha entrado para los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028, el joven es muy optimista de cara al futuro. “Quiero seguir aprendiéndolo y seguir motivado. Las Paralimpiadas ya vendrán, o quizás no, pero disfruto el día a día sea cual sea la competición. El sueño tiene que ser seguir escalando”, concluye con satisfacción.

Foto: IFSC
Deporte como vía de inclusión

En lo extradeportivo, Guillermo trata con naturalidad y humor lo relativo a la discapacidad visual a través de su vida diaria y también de las redes sociales, donde muchas veces muestra su día a día, promoviendo la inclusión y demostrando que los límites los pone uno mismo. El joven asegura que se trata de un efecto búmeran porque “ayudar a los demás te ayuda a ti mismo”. Por otra parte, también le llena de orgullo convertirse en referente de gente que quizás no escalaba o no se veía capaz de ello. A través de su ejemplo, quiere visibilizar que todo el mundo puede hacerlo.

Su mensaje es contundente con respecto a su experiencia deportiva: “A cualquier persona, tenga discapacidad o no, le diría que, si hay algo que te motiva, dale caña y lucha por ello. No caer en el ‘no puedo’. En la discapacidad, aún más: ya tenemos bastantes barreras y se nos dice que no podemos, como para que nosotros también lo hagamos. Como trabajador social, el deporte es un espacio brutal de inclusión, aunque a veces las familias caen en la sobreprotección y tienen más miedo que las personas con discapacidad. Nos vamos a caer y es normal, pero si les gusta escalar o cualquier deporte, que vayan a por ello”, concluye Guillermo.


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