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La reforma del Nomenclátor de Cuenca del siglo XIX que escindió 58 pueblos

Con la segregación de 1833, de Javier de Burgos, 26 pueblos conquenses pasaron a la provincia de Albacete, entre ellos La Roda y Fuentealbilla
La reforma del Nomenclátor de Cuenca del siglo XIX que escindió 58 pueblos
17/07/2026 - José Vicente Ávila

La provincia de Cuenca, que es la quinta de España con una extensión geográfica de 17.141 kilómetros cuadrados –el País Vasco tiene una superficie de 7.234 km2–, cuenta en su Nomenclátor con 238 municipios, incluidas las localidades que forman agrupaciones como Sotorribas o Pozorrubielos de la Mancha, por citar algunos ejemplos. El número de habitantes empadronados, según el último INE de abril de 2026 es de 200.764 habitantes, que va creciendo poco a poco gracias al reto demográfico impulsado por la Diputación Provincial. 

Sin embargo, la provincia de Cuenca llegó a tener en distintos años más de 300.000 habitantes, con una extensión de 17.400 kilómetros cuadrados, pues en el siglo XIX sufrió varias desmembraciones del territorio en los años 1804, en 1833 y en 1851, por la reforma del Nomenclátor de Cuenca, que escindió a 58 municipios, que pasaron a formar parte de las provincias de Albacete, Guadalajara y Valencia, además del primer gran recorte que supuso pasar el Señorío de Molina del territorio conquense al de Guadalajara.

No cabe duda de que la provincia de Cuenca podía conocerse en la historia como la más altruista del solar hispano, pues ha prestado sus tierras a sus vecinas colindantes y ve pasar el agua trasvasada para otros lugares menos fecundos, pese a que existan otras tierras en las que el agua “se va hacia el mar, que es el morir”, que decía nuestro enconquensado Jorge Manrique en las coplas a la muerte de su padre. 

Para encontrar la mejor explicación sobre estos cambios en el mapa nacional, que tuvieron en Javier Burgos a su mayor reformador en 1833, es obligado citar el Diccionario Geográfico de Madoz, citado expresamente por el escritor conquense Cayo Román Cardete, quien desde el lecho, debido a una enfermedad degenerativa, escribió no pocos artículos literarios y poéticos, entre ellos uno referido a este Diccionario Geográfico, que el conquense Miguel Mateo Ayllón, siendo ministro de Hacienda, encargó al navarro Pascual Madoz, nombrándole presidente de la comisión de Estadística.

Si nos centramos en que la mayor reforma del Mapa de las provincias de España se llevó a cabo en noviembre de 1833, con el tijeretazo del secretario de Estado de Fomento, Javier Burgos, el artículo de Cayo Román, titulado “Cuenca en el Diccionario Geográfico de Madoz” lo decía todo en sus primeras líneas: “Bajo la luna negra de Fernando VII llega el otoño de 1833 cargado de malos augurios” con la muerte del rey, las guerras y la nueva división territorial española. Escribía Cayo Román Cardete que “al iniciarse la pasada centuria (se refería al siglo XIX) el Nomenclátor de Cuenca era mucho más rico y bien distinto al del siglo XX. El siglo XIX, tan desastroso para España, llevó a cabo cinco grandes reformas cuyos arqueos nos fueron francamente adversos, pues al diseñarse la nueva cartografía de los distintos reinos, no siempre justa ni acertada, el horizonte geográfico de Cuenca cambió profundamente, se mudaron mojones seculares, se dibujaron nuevas e insólitas fronteras y se escindieron, mudos de asombro, numerosos pueblos pertenecientes a Cuenca”. 

La provincia de Cuenca, en el siglo XVIII, era una de las más prósperas, gracias en parte al legado del rey conquistador Alfonso VIII. Es justo señalar, a la hora de hablar de las estadísticas, como bien apuntaba Cayo Román Cardete, que “ya en 1573, dos siglos antes que los demás pueblos, Felipe II enviaba interrogatorios o encuestas a los municipios con buen número de preguntas para formar las relaciones topográficas de la nación”. Volviendo a las reformas, la primera fue la de 1804, en la que de un solo golpe se desmembraron 80 pueblos del llamado Señorío de Molina, que pertenecían a la intendencia o provincia de Cuenca, anexionados en su totalidad a la provincia de Guadalajara.

Comentaba Cayo Román Cardete que aquellos trabajos tan importantes y costosos, meritorios de una empresa trascendental de cara al futuro, que debían ser el punto de partida del Catastro general de España, quedaron por desgracia interrumpidos o se perdieron probablemente en alguna de las guerras que asolaron el país, conservándose tan solo los siete volúmenes de El Escorial donde figuran más de un centenar de pueblos conquenses, editado por el padre Julián Zarco Cuevas, natural de Mota del Cuervo, en la Biblioteca Diocesana Conquense, dirigida por don Ángel González Palencia, con el título de “Relaciones de los pueblos del Obispado de Cuenca”, que ocupan dos volúmenes, editados en 1927.

Las Relaciones llevan un prólogo de más de cien páginas con un magnífico estudio socio-económico donde el padre Zarco analiza los mecanismos desintegradores del proceso de la economía española en el siglo XVI, cuyo desorden y miseria eran extraordinarios. “Esta publicación, dado su gran interés y rareza, merecería los honores de una nueva reimpresión”, escribía Cayo Román Cardete en 1981 en “Diario de Cuenca”.

1833: VEINTISÉIS PUEBLOS PARA ALBACETE

Tras esa primera división del Señorío de Molina a Guadalajara, llega treinta años después el referido secretario de Fomento, Javier Burgos, para cortar y recortar territorios sobre el mapa, y en el caso de la provincia de Cuenca podemos afirmar que se pasó más de tres pueblos como se dice ahora. Nada menos que cincuenta y un pueblos, que se dice pronto, y aquí echamos mano del “Nomenclátor Ilustrado de la Provincia y Obispado de Cuenca”, de Isidro de Molina Fernández-Moreno, a la sazón secretario de la Diputación Provincial y catedrático del Instituto.

Esta publicación se editó en 1883, el año que por vez primera llegó el tren a Cuenca desde Aranjuez, el 18 de mayo, aunque luego el 12 julio lo hacía a la propia estación, ya con viajeros. Cito de nuevo a  Cayo Román Cardete, a quien es justo rendir homenaje de recuerdo, quien señalaba que  en ese año de 1833, con la división territorial, “bajo la regencia de la reina gobernadora, las tijeras del legislador, siempre prestas a recortar el mapa conquense, en tres recortes casi seguidos, segregaron, pese a las vivas protestas del ministro conquense Fermín Caballero, nada menos que cincuenta y un pueblos, que fueron segregados a las provincia de Albacete y Guadalajara”. 

Las 26 poblaciones segregadas a la provincia de Albacete fueron las siguientes:  Abengibre, Alatoz, Alborea, Alcalá del Río Júcar, Balazote, Barrax, Casas Ibáñez, Casas de Motilleja, Cenizate, Fuensanta, Fuentealbilla, La Gineta, Golosalvo, Jorquera, Madrigueras, Mahora, Minaya, Montalvos, Munera, Navas de Jorquera, Pozo Lorente, La Roda, Tarazona, Valdeganga de Jorquera, Villalgordo del Júcar y Villatoya.

También en aquel otoño convulso de 1833 esa desmembración de la provincia de Cuenca benefició a Guadalajara, que ya contaba con el Señorío de Molina que había ostentado nuestra provincia. Nada menos que veinticinco pueblos, muchos de ellos lindantes con la Serranía conquense, pasaron de Cuenca a Guadalajara, provincia que al menos mantiene el sello alcarreño, que también lo tiene la de Cuenca. Esta relación, aunque algunos de ellos estén prácticamente deshabitados y figuren como aldeas:

Alique, Arbeteta, Almadrones, Carrascosa de Tajo, Casasana, Castilforte, Chillaron del Rey, Córcoles, Escamilla, Huertahernando, Illana, Millana, Hontanilla, Pareja, Peñalén, Peralveche, Poyos, Poveda de la Sierra (donde nació el guitarrista enconquensado Segundo Pastor), El Recuenco, Sacedón, Tabladillos, Torronteras, Villaescusa de Palositos, Villanueva de Alcorón y Zaorejas.

Comentario aparte merece el de la Noble Ciudad de Tarancón, que perteneció como Villa a la jurisdicción de Uclés, que tuvo su importancia en la Edad Media, y a partir de 1591 incluida en la llamada provincia de Castilla de la Orden de Santiago, pasando posteriormente a la provincia de Toledo. En ese afán de esquilmar las tierras de Cuenca para beneficiar a otras provincias cercanas y linderas, al menos Tarancón volvió a sus raíces ucleseñas de tanta proximidad, y sobre todo a sentirse conquense con todos los derechos que había obtenido. 

Después de esa escisión de localidades tan importantes como La Roda, Requena o Utiel, era justo que Tarancón perteneciese a la provincia de Cuenca, tan importante en la Edad Media, junto a otras localidades cercanas como la ciudad de Huete o la jurisdicción de Uclés y su Orden de Santiago, de tanto peso.

Pese al recorte de ese medio centenar de pueblos la provincia de Cuenca tenía su importancia nueve partidos judiciales. Recoge muy bien el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus pueblos de Ultramar”, conocido como el Madoz, editado en 1850, un año antes de la escisión del partido judicial de Requena de Cuenca a Valencia, que la provincia tenía en 1844, según el Registro Municipal, un total de 54.837 vecinos, que eran familias, mientras que el número de almas, o sea habitantes, era de 218.087, aunque la estadística variaba según el organismo que lo facilitaba. 

 

Esa cifra de habitantes se repartía así entre los nueve partidos judiciales:

Belmonte, con 29 municipios, 28.924 almas.

Cañete, con 45 pueblos, 46.696

Cuenca, con 77 municipios, 30.490.

Huete, con 35 pueblos, 22.534.

La Motilla del Palancar, con 32 localidades,  29.541.

Priego, con 43 municipios, 18.608

Requena, con 14 pueblos, 24.840

San Clemente, con 25 pueblos, 25.958.

Tarancón, con 17 localidades, 18.497 almas.

La provincia de Cuenca, con 317 pueblos, pertenecía a Castilla La Nueva con Guadalajara, Madrid, La Mancha (que era Ciudad Real) y Toledo. De aquellos 317 núcleos a los 238 pueblos del Nomenclátor actual han causado baja 79, que bien se han escindido a otra provincia, se han reagrupado en núcleos de población o convertido en pedanías, como es el caso de Cuenca capital con Nohales, La Melgosa, Mohorte, Tondos, Valdecabras, Cólliga, Colliguilla o Villanueva de los Escuderos, o se los llevó el pantano como Gascas o Santa María de Poyos, reconvertido en Paredes como poblado de colonización. 

 

1851: SEGREGACIÓN DE REQUENA, UTIEL…

Pasaron dieciocho años para la siguiente segregación, la de 1851, en este caso con todo un partido judicial como el de Requena, que pasó a la provincia de Valencia, en este caso reinando ya Isabel II. Se desmembraron de la provincia de Cuenca ocho pueblos, que pertenecían al partido judicial de Requena, con lo que la provincia quedaba entonces con ocho partidos en lugar de los nueve, cuyos escudos figuran en el salón de actos de la Diputación. 

Este caso fue más sangrante, pues Cuenca se quedó sin esos pueblos de la llamada Valencia castellana, como lo eran Camporrobles, Caudete de las Fuentes, Fuenterrobles, Requena y sus caseríos, Utiel, Venta del Moro y Villalgordo del Cabriel. La provincia, que ahora tiene 238 pueblos, llegó a tener 360, sin contar los 80 del señorío de Molina. Requena y Utiel siempre tuvieron a gala su conquensismo y hasta hace poco más de medio siglo pertenecieron a la diócesis de Cuenca.

Incluso el Obispado de Cuenca llegó a ser más grande en extensión que la propia provincia de Cuenca. Apuntaba Isidro de Molina en su “Nomenclátor de 1883” que el territorio de la Diócesis de Cuenca abarcaba a pueblos no sólo de Cuenca, sino de Albacete, Valencia, Toledo y Guadalajara. Se llegó a publicar que el circuito del Obispado abarcaba unas 90 leguas, que eran unos 505 kilómetros, formados por la unión de los antiguos de Valeria y Ercávica. 

En el Siglo XVIII tenía diez arciprestazgos y nada menos que 412 pilas. Hasta mediados de los años cincuenta Utiel y Requena pertenecieron al Obispado, hasta el punto de que en la Coronación de la Virgen de la Luz, en 1950, estuvieron las patronas de Fuensanta, San Antonio de Requena y Utiel y la de Villanueva de Alcardete, mientras que en la de la Virgen de las Angustias, en 1957, hicieron acto de presencia la Patrona de Requena y las de Alcahozo y Camporrobles.

CENSO DE 1935: 309.000 HABITANTES

Una densa historia sin duda la que se podía contar del Mapa Provincial, si bien cabe destacar que la provincia de Cuenca llegó a contar con más de 300.000 habitantes, ya en el siglo XX, según el Censo de 1935. Un año antes de la Gguerra Civil, la provincia de Cuenca contaba con 309.000 habitantes, por delante de Castellón, que tenía 308.000 y detrás de Lérida con 314.000. Nada menos que catorce provincias iban por detrás de la de Cuenca en el número de habitantes, y las menciono de mayor a menor: la citada Castellón, Santa Cruz de Tenerife, Guipúzcoa y Valladolid, en la tabla de los 300.000.

En el listado de 200.000 estaban Zamora con 280.000, Teruel, Las Palmas, Huesca, Palencia, Guadalajara y Logroño, con 203.000. Cerraban la lista Segovia con 174.000 habitantes, Soria con 156.000 y Álava con 104.000. En cabeza estaba Barcelona con 1.800.000 y segunda Madrid con 1.384.000.