Hay canciones que no necesitan presentación. Basta con que suenen los primeros acordes de Estopa, Camela o Los Chichos para que, entre palmas y tarareos, todo el mundo empiece a corear la letra palabra por palabra. Esa es precisamente la clase de ambiente que Ajito Arriero quiere llevar este sábado al Parque del Huécar a las 20 horas dentro de la programación del Festival de Otoño.
Durante una hora habrá clásicos reconocibles, popurrís inesperados y, por qué no, la colaboración del público en la música. “Queremos que la gente no se quede parada delante del escenario, sino que sienta que ha estado ahí viviéndola” explica Samuel Alcalde del Santo, guitarrista y voz de la formación.
De las sobremesas al escenario
La historia de Ajito Arriero comenzó mucho antes de que el grupo tuviera nombre propio. Sus tres integrantes, Samuel, Álvaro y Juan, son amigos y compañeros de la charanga conquense A Tercio Pelao, que este año celebra una década de trayectoria. Samuel toca el saxofón en la charanga, Álvaro la trompeta y Juan se ocupa de la percusión.
Pero, cuando terminaban una actuación y llegaba el momento de relajarse, aparecía otra faceta musical. La historia de Ajito Arriero no podía empezar de otra manera que no fuera en una charanga. En concreto la conquense A Tercio Pelao, que este año celebra su décimo aniversario. Samuel Alcalde cuenta que junto a dos amigos, Álvaro y Juan, después de acabar un bolo no terminaban la música: “en esos ratos de sobremesa tocábamos para nosotros mismos, a dar palmas y pasar un buen rato. Recuerda que lo que comenzó como una manera de continuar con la diversión acabó por despertar la curiosidad de quienes escuchaban.
Entre ellos, Julio Coplas, compañero de la charanga, que les animó a dar un paso más allá. Y así hicieron. Dieron con el nombre, “con ese punto castizo y desenfadado”, comenta el miembro de Ajito Arriero, y se abrieron a su público a través de redes sociales. Seis meses después, recibieron la confianza de distintos pueblos de la provincia para tocar en sus fiestas, como Huerta del Marquesado, Pajarón y Las Majadas, además de eventos privados en Cuenca. También han pasado por la Cueva del Fraile, donde una boda les ha abierto nuevas oportunidades: ya tienen varias celebraciones reservadas para el próximo año.
“Tocamos lo antiguo y lo nuevo, pero siempre con ese toque rumbero e involucrando a los asistentes”De Estopa a Bad Bunny
Si algo define el repertorio de Ajito Arriero es su capacidad para saltar de una generación a otra sin perder el hilo. La rumba es el punto de partida, pero el viaje musical no se queda en los clásicos. Estopa, Camela, Los Chichos y Fondo Flamenco conviven con canciones actuales y combinaciones que sorprenden incluso a quienes creen conocer de memoria el repertorio. “Tocamos lo antiguo y lo nuevo, los clásicos, pero siempre con ese toque rumbero”, resume Samuel.
Entre sus recursos favoritos están los popurrís que enlazan canciones aparentemente alejadas entre sí: un tema de Estopa puede desembocar de repente en otro de Bad Bunny, provocando la sorpresa y las risas del público. El concierto del sábado adaptará esa fórmula a un formato más breve, pero sin renunciar a su esencia. La primera parte servirá para entrar en ambiente y reconocer melodías; después, la propuesta irá ganando intensidad hasta transformar el espacio en un karaoke colectivo. Habrá canciones para recordar, voces que se sumen espontáneamente y algún que otro voluntario al que el grupo anime a subir para cantar.
Una fiesta entre todos
La participación no es un simple complemento del espectáculo, sino una de las señas de identidad de la formación. La experiencia de la charanga les ha enseñado a leer al público, animarlo y conseguir que la distancia entre quienes tocan y quienes escuchan desaparezca.
“Para nosotros es un 50/50: cuando el público se involucra es cuando de verdad se lleva un recuerdo bonito”, afirma Samuel. La clave, añade, está en disfrutar de lo que hacen y transmitirlo. Una sonrisa, una canción compartida o una letra cantada a pleno pulmón pueden convertir una actuación en algo más que un concierto. Ajito Arriero llega al Festival de Otoño con esa filosofía: música cercana, humor, complicidad y ganas de celebrar. En una hora, el Parque del Huécar podrá convertirse en una pista de baile improvisada en la que las generaciones se mezclen al ritmo de canciones conocidas y las sorpresas musicales mantengan a todos pendientes de lo que viene después.
Porque, para estos tres amigos, el éxito no consiste únicamente en encadenar actuaciones. Consiste en que, cuando termine la música, alguien se acerque a decirles que ha pasado un buen rato. Y en que el público se marche con la sensación de haber formado parte de la fiesta.