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Exposiciones

Adrián Navarro: “Todos bebemos de otras fuentes”

El Centro Cultural Aguirre acoge una muestra del artista
Adrián Navarro: “Todos bebemos de otras fuentes”
Foto: G.D.
25/12/2017 - Gorka Díez

Adrián Navarro (El Provencio, 1942) es el protagonista de la nueva exposición del programa ‘Excelencias’, incluido en el ciclo Días de Arte Conquense. Este veterano ceramista toma así el relevo al escultor Vicente Marín para mostrar, en un remodelado Centro Cultural Aguirre, en torno a 40 obras (figuras de barro, grabados, dibujos) realizadas desde finales de los setenta hasta la actualidad, un rico recorrido por su amplia trayectoria, que inició cuando contaba con apenas 16 años de edad.

El caballo, el toro y el gallo, “constantes en mi obra porque me parece que tienen una fuerza, una nobleza y una belleza extraordinarias”, pueblan buena parte de unas piezas donde también tiene un gran protagonismo la figura humana, con hombres y mujeres desnudos en actitud ociosa, muchas veces tocando la flauta o una guitarra. “El tema musical me encanta”, cuenta.

Se trata de figuras que han sido “estilizadas al máximo” pero también “deformadas” y que a Navarro le surgen espontáneamente, sin ningún diseño previo, aunque el artista reconoce la influencia de la mitología griega y de autores como Picasso y Modigliani, el arte rupestre o el arte egipcio. “En una sola figura puede haber connotaciones de todo tipo. Aunque se diga lo contrario, todos bebemos de otras fuentes. Vas estudiando y te va quedando algo. Luego se hace una amalgama de todo lo que has absorbido y creas tu propio estilo”, explica.

Navarro recuerda que fue en los años setenta, hablando con los muchos artistas que entonces poblaban el Casco Antiguo de Cuenca, cuando le surgió la idea de pasar de una cerámica utilitaria, que reproducía botijos, jarras de cerveza, etcétera, a una cerámica decorativa, buscando la estética que observaba en las obras de los pintores. “Quería romper con lo tradicional, porque veía que la cerámica tenía otras posibilidades”, cuenta, satisfecho de lo bien que fue recibida su primera exposición, hasta el punto de que su obra “influyó en muchos otros talleres de la provincia”.

Él siempre se ha encargado además de todo el proceso: “Hay ceramistas que se denominan así pero compran el soporte, que luego pintan, pero yo lo hago absolutamente todo: preparo la pasta, la moldeo, la decoro, la cuezo…”

Aunque, a sus 75 años, hace ya tiempo que se jubiló, de vez en cuando sigue acudiendo al taller, en El Terminillo, aunque solo “a dar una vuelta para matar el gusanillo”, pues hace hincapié en que quien ahora lo lleva es su hijo Rubén, “aún más vanguardista”. Pero, fruto de esa constancia, la exposición cuenta con tres piezas de muy reciente creación.

Su principal ocupación ahora, cuenta, está en la Universidad de Mayores José Saramago, como alumno pero también como profesor, al impartir talleres tanto a sus compañeros de clase como a alumnos de Bellas Artes. “Es una actividad que me viene muy bien, porque además de aprovechar para enseñar a mis compañeros estudio un poco de todo y nos relacionamos”.

Y a ella hay que añadir su actividad en la Real Academia Conquense de Artes y Letras (Racal), en la que ingresó en 2014. “Las conferencias siempre tienen mucha asistencia y me aportan mucho. Entre la Universidad y la Academia tengo una actividad casi superior a la que tenía en mi taller, de tal a tal hora. Ahora la agenda es más variada y movida”.

Cuenca cultural

Reconoce que es complicado que Cuenca vuelva a alcanzar “los niveles de movimiento cultural de los años setenta y ochenta”, porque “aquello fue un movimiento increíble, que alcanzó la cota máxima”, pero destaca que “tenemos unos grandes museos, como el abstracto, y una Facultad de Bellas Artes de las más importantes de España, con gran prestigio fuera de nuestro país”, de modo que considera que “si los organismos y entidades culturales prestaran más atención y dieran más facilidades, poco a poco se conseguiría, si no alcanzar el nivel que se alcanzó entonces, sí un buen nivel”.

Lo que parece poco probable es que entre los nuevos artistas aparezca un número elevado de ceramistas. “La gente mayor ha ido desapareciendo y se han cerrado talleres. De la edad de mi hijo solo hay dos o tres más que trabajen”, lamenta.