De ir a Albacete a completar el tratamiento en casa: la cirugía de mama mejora en el HUCU
Hubo un tiempo en el que una mujer de la provincia de Cuenca diagnosticada de cáncer de mama podía ser operada en su hospital, pero si optaba por una reconstrucción mamaria debía desplazarse a Albacete para ser valorada por un cirujano plástico y regresar después en varias ocasiones para las revisiones posteriores. A la incertidumbre propia del diagnóstico se sumaban cientos de kilómetros de carretera y el esfuerzo físico y emocional que suponían esos viajes.
Ese escenario ha cambiado desde la puesta en marcha, hace cuatro meses, de la Unidad de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora del Hospital Universitario de Cuenca (HUCU). Ahora las pacientes continúan siendo diagnosticadas y tratadas en el hospital conquense, pero también pueden realizar allí la valoración preoperatoria, la reconstrucción mamaria y el seguimiento posterior, completando todo el proceso asistencial sin salir de la provincia.
“La ventaja para las pacientes es clara. Conocen su hospital, saben moverse por él y, cuando tienen que venir varias semanas consecutivas, la facilidad es muchísima. Están en casa”, resume la doctora María José Cantero, cirujana general e integrante del Comité de Tumores de Mama.
En realidad, la colaboración entre Cirugía General y Cirugía Plástica no empieza ahora. Ambos equipos trabajan conjuntamente desde 2009 en la reconstrucción de mama de pacientes con cáncer. La diferencia es que hasta hace unos meses esa colaboración dependía de que los especialistas del Hospital General Universitario de Albacete se desplazaran puntualmente a Cuenca.
“Antes nos poníamos en contacto con el cirujano plástico, la paciente tenía que ir a Albacete para la valoración y después el especialista venía a Cuenca para operar junto con nosotros. La reconstrucción inmediata ya se hacía, pero la paciente tenía que desplazarse antes de la intervención y también después para el seguimiento. Ahora todo ese circuito se coordina desde Cuenca”, explica Cantero.
El doctor Gregorio Gómez Bajo, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Reparadora del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, coincide en que el verdadero cambio no es tanto la colaboración entre profesionales como la estructura que se ha creado alrededor de ella. “Lo que hemos hecho es dar una forma organizada a una colaboración que ya existía. Ahora tenemos una cartera de servicios definida, una consulta estable y un quirófano programado todas las semanas”.
Y es que, cada miércoles, dos cirujanos plásticos se desplazan al Hospital Universitario de Cuenca para intervenir en quirófano, mientras otro especialista atiende la consulta. Ese funcionamiento estable permite realizar las valoraciones preoperatorias, controlar drenajes, revisar heridas y hacer el seguimiento de los pacientes sin necesidad de derivarlos. “Antes atendíamos a demanda. Había meses en los que veníamos varias veces y otros en los que no hacía falta. Ahora existe una organización que mejora la disponibilidad de recursos y la calidad de la asistencia”, señala Gómez Bajo.
Ese cambio también se ha dejado sentir en la percepción de los propios pacientes. “En estos primeros meses hemos recibido más muestras de satisfacción que en muchos años anteriores. La gente agradece, sobre todo, no tener que desplazarse”, asegura el cirujano plástico.
Aunque la nueva unidad trabaja también puntualmente con otros servicios como Urología o Traumatología, además de asumir la cirugía del transexualismo, la cirugía de mama continúa siendo el principal ámbito de colaboración. “Es la patología con la que más colaboramos porque es la más frecuente, aunque nuestra participación alcanza muchas otras especialidades”, explica el cirujano plástico Manuel Campello.
Los datos reflejan esa actividad creciente. Desde marzo se han realizado 143 consultas, de las que 80 corresponden a nuevos pacientes y 63 a revisiones. En este mismo periodo se han llevado a cabo 19 intervenciones quirúrgicas, de las que doce son mastectomías dentro de la atención a personas trans y siete se corresponden con procedimientos de cirugía mamaria en colaboración con el Servicio de Ginecología.

Precisamente en el cáncer de mama es donde los profesionales consideran que la presencia estable de la Cirugía Plástica tiene un mayor impacto. La reconstrucción mamaria no responde únicamente a un criterio estético, sino que forma parte del proceso de recuperación de muchas mujeres. “Para algunas pacientes es tan fundamental como el tratamiento oncológico”, afirma María José Cantero.
Aunque la reconstrucción siempre es una decisión voluntaria, disponer de este recurso en el propio hospital elimina una barrera importante para muchas pacientes. “Cuando en la consulta les planteábamos la reconstrucción y les explicábamos que tenían que desplazarse varias veces a Albacete, algunas optaban por no hacerlo. Hay que tener en cuenta que la provincia de Cuenca es muy grande, muchas viven a cien kilómetros o más de la capital y ese esfuerzo les echaba para atrás. Ahora es al revés, la mayoría optar por la reconstrucción al no tener que desplazarse”, recuerda.
Eso sí, cada caso se estudia de manera individualizada en el Comité de Tumores de Mama, donde especialistas de Radiología, Anatomía Patológica, Oncología Médica, Oncología Radioterápica, Cirugía General, Ginecología, Rehabilitación y, ahora también, Cirugía Plástica y Reparadora, analizan semanalmente cuál es la mejor estrategia terapéutica. “Hay pacientes que necesitan primero quimioterapia para reducir el tamaño del tumor y otras pasan directamente a cirugía. Cada caso es diferente y todas esas decisiones se toman de manera consensuada en el comité”, explica la cirujana.
Y la incorporación de los cirujanos plásticos al comité supone, además, el cumplimiento de un objetivo que los propios profesionales llevaban años reclamando. Ya en 2017, el entonces Hospital Virgen de la Luz señalaba que disponer de un servicio permanente de Cirugía Plástica era uno de los retos pendientes para ofrecer una atención todavía más completa a las pacientes. Casi una década después, esa reivindicación se ha convertido en realidad.
Y, aunque puede parecer un cambio organizativo, para las mujeres que afrontan un cáncer de mama supone algo mucho más tangible como poder recibir un tratamiento integral, desde el diagnóstico hasta la reconstrucción y el seguimiento, sin tener que abandonar su hospital y con la tranquilidad de sentirse, como dice la doctora Cantero, “en casa”.