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México lidera la llegada de estudiantes internacionales al campus de Cuenca

El campus acoge este curso a 178 universitarios de otros países, la mayoría en Ciencias Sociales, y envía a 78 alumnos, sobre todo a Portugal, Italia y Polonia
México lidera la llegada de estudiantes internacionales al campus de Cuenca
Foto: Saúl García
07/11/2026 - Rubén M. Checa

Carlo Tangasi Villalobos aterrizó en Cuenca el 26 de agosto convencido de que las clases empezaban el 1 de septiembre. Se equivocó por ocho días, y ese margen le regaló una bienvenida que no venía en ningún folleto: la feria, las fiestas de San Julián y un Casco Antiguo que pudo recorrer sin prisas antes de pisar el aula. “Yo sabía que comían churros, pero no con tanto fervor como he visto”, bromea este estudiante de Derecho llegado del estado de Nuevo León, en el norte de México.

Carlo es uno de los 178 universitarios de otros países que pasan el curso 2026-2027 en el campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha. En sentido contrario, 78 alumnos del campus hacen las maletas para estudiar fuera. Son cifras que apenas se mueven de un año a otro, según explica Alejandro Prieto Ayuso, director académico del área de Política Internacional y Alianzas Globales. “Siempre hay más alumnos que vienen que los que se van”.

Aunque en la calle a todos se les llame erasmus, el programa europeo solo cuenta una parte de la historia. México encabeza la lista de procedencias, seguido de Italia, Turquía y Colombia, y buena parte de los latinoamericanos llega a través de convenios bilaterales y programas propios de la universidad. Prieto lo atribuye a la fama que se ha ido ganando el campus al otro lado del Atlántico. “Los alumnos que vienen de países sudamericanos, cuando vuelven a sus ciudades, hablan bien del campus, y eso hace que se atraigan más”, detalla.

La Facultad de Ciencias Sociales es la que más estudiantes recibe, seguida de Comunicación y Bellas Artes. En los dos últimos casos hay una razón práctica: dentro de la UCLM, esas titulaciones solo se imparten en Cuenca. Al resto lo suma una ciudad Patrimonio de la Humanidad y un campus de unos 3.000 alumnos donde todo queda a mano. “Son campus más pequeños que otros, pero tienen su cariño y su cercanía”, apunta el director académico.

 

PORTUGAL, ITALIA Y POLONIA,  DESTINOS DE SIEMPRE

Entre los que se marchan, Educación y Comunicación son las facultades que más estudiantes envían, y los destinos se repiten curso tras curso: Portugal, Italia y Polonia. Prieto habla de proximidad y de un estilo de vida parecido, pero sobre todo de idiomas. “En muchas universidades de estos países no piden requisito de idiomas, y eso hace que nuestros alumnos tengan menos barreras”, reconoce. El mapa, aun así, es amplio: hay conquenses repartidos por Alemania, Bélgica, Eslovenia, Grecia, Turquía y Noruega, dos en Reino Unido y uno en Taiwán.

Las titulaciones más jóvenes también empiezan a dejar huella. Turismo cuenta ya con una decena de alumnos internacionales, e Ingeniería Biomédica, que este año estrena cuarto curso, ha recibido a dos estudiantes y ha enviado a uno. “Son poquitos, pero alguno hay”, admite Prieto, que reconoce que las carreras de la Escuela Politécnica tienen todavía pocos convenios y que se trabaja para ampliarlos.

La apuesta de futuro tiene nombre propio: Colours, una alianza de nueve universidades europeas en la que la UCLM participa desde hace tres años junto a centros como los de Ferrara, Paderborn o Częstochowa, además de otros en Suecia y Macedonia del Norte. Sus destinos son más fáciles de conseguir que los de cualquier otra parte del mundo, pero la ambición va más allá. 

“El objetivo último es crear una universidad europea con campus en distintos países, en la que el plan de estudios ya esté diseñado para moverte por toda Europa”, explica. Primero en Cuenca, segundo en Ferrara, tercero en Paderborn.

EN PRIMERA PERSONA

Carlo siempre quiso salir de México, pero no como turista. Eligió España por ser “el viejo continente” y Cuenca porque, entre los campus de la UCLM, era el que mejor encajaba con su plan de estudios. Cursa ya el último año de la carrera, y una de sus asignaturas, la del sistema de penas, le ha obligado a mirar el Derecho con otros ojos: cómo se gestionan las prisiones, cómo se protegen los derechos de los reos, por qué otros países tienen cadena perpetua y aquí existe un límite de 30 años y la prisión permanente revisable. “Lo estoy viendo desde otra cultura, desde otra forma de entender las leyes, y eso robustece mi propia perspectiva jurídica”, asegura.

De España se lleva la siesta, que considera un descubrimiento. “Me la voy a robar para mi vida”, dice entre risas. Comparte piso con un compañero español con el que pasa horas hablando e intercambiando música, y que le ha enseñado a hacer patatas bravas. En clase encontró a otro aliado inesperado: un alumno que había estado de intercambio en México y quería devolver el trato recibido. “Me dijo que allí lo recogieron con los brazos abiertos y que él quería hacer lo mismo. Ahí sentí que me estaban recibiendo”, recuerda.

La distancia, admite, también enseña. “Cuando estoy lejos de mi familia, de mi hermano, de mis amigos, digo: ya sé por qué los quiero tanto, ya sé por qué me encanta tanto mi país”. Se ha planteado alargar la estancia al curso completo, pero no lo necesita para sentir que ha cumplido lo que vino a buscar.

 

DE LAS PRISAS DE CHILE A LA CALMA CONQUENSE

Belén Méndez Valenzuela llegó el 2 de septiembre desde Santiago de Chile sin haber oído nunca el nombre de Cuenca. Estudia Periodismo, va por el octavo semestre y el intercambio era una meta desde el colegio; de hecho, eligió su universidad chilena por la calidad de sus programas en el extranjero.

Cuando revisó la lista de destinos, investigó y le gustó lo que vio, y los comentarios de quienes habían pasado antes por aquí terminaron de convencerla.

La primera semana no fue fácil. “Soy muy apegada a mi familia, en mi casa somos muchos, y llegué acá y todavía no habían llegado mis compañeras de piso, así que estaba sola”, explica. Las salidas con el grupo de intercambio y un grupo de chicas de su facultad que la acogió desde el principio cambiaron pronto el panorama.

En lo académico, cursa asignaturas de tercero y cuarto que enlazan con las del semestre anterior en Chile, así que no siente que esté perdiendo el hilo. Lo que no esperaba era escuchar tanto sobre su continente en las aulas conquenses. “Pensé que iba a estar más centrado en Europa, pero se menciona bastante América Latina, países como México, Brasil o Chile”, cuenta.

Lo que más le ha costado es el reloj. Aquí se come más tarde y las cinco horas de diferencia con su casa producen escenas curiosas: “Yo estoy almorzando y mi mamá está recién tomando el desayuno”. También ha desmontado un tópico. “Existe el estereotipo de que el español es más serio, pero acá te saludan en el súper, en la calle”, detalla. Lo comprobó de nuevo tras sufrir un accidente doméstico en las últimas semanas, cuando no le faltaron vecinos preguntando qué le había pasado y deseándole que se mejorara.

Y luego está el silencio. “Santiago es todo el día corriendo, el ruido por todos lados. Acá en la noche no hay nada de ruido y la gente anda tranquila”, describe. Le costó bajar el ritmo los primeros días, pero reconoce que Cuenca le gusta para vivir. Aun así, no alargará la estancia: el próximo semestre empieza su tesis y quiere hacer la investigación entera en Chile.

Buena parte de la vida social de los recién llegados pasa por la ESN, la asociación de estudiantes internacionales, que organiza partidos de vóley y fútbol, noches de karaoke y quedadas para conocerse. 

Por ahí ha conocido Carlo a gente de Italia, Argentina, Colombia, Polonia o Ucrania, además de a su otro compañero de piso, un marroquí que estudia la carrera completa en Cuenca. “Ese punto de reunión constante hace que no tenga semanas sin ningún plan”, explica.

La universidad ofrece también la figura del cicerone, un estudiante local que sirve de contacto. Carlo prefirió lanzarse a la experiencia por su cuenta; Belén sí tuvo una, con la que solo habló por chat, pero que le resolvió todas las dudas sobre los cursos y el funcionamiento del campus.

Esa experiencia ya ha empezado a viajar hasta Santiago. Una compañera de Belén acaba de conseguir plaza en Cuenca y la ha bombardeado a preguntas sobre profesores y asignaturas. La respuesta no deja lugar a dudas: “Le digo que la gente es muy buena y que los profesores son súper comprensivos. Es una muy buena alternativa para venir de intercambio”.