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La magia del circo y el amor de Shakespeare toman la XVII edición de ‘Música en las Aulas’

Más de 160 alumnos del IES Santiago Grisolia participan en un musical que reinterpreta Romeo y Julieta en un circo, en una cita cultural ya consolidada en la ciudad
Fotos: Saúl García
10/04/2026 - Las Noticias

El telón está a punto de levantarse, y en las bambalinas del Auditorio José Luis Perales de Cuenca hay una mezcla de nervios, ilusión y compañerismo a la que muchos están acostumbrados. Hay disfraces a medio poner, repasos de guion en voz baja y los técnicos de sonido están instalando los últimos micrófonos. En total son 160 chavales que están a punto de salir a escena. 

Algunos lo harán por primera vez y, en esta situación, cualquiera perdería los nervicos. Bien lo sabe Paloma Yébenes, directora del IES Santiago Grisolía de la capital y responsable del programa ‘Música en las Aulas’, que cumple 18 años orquestando este bendito caos. “El primer día no nos da tiempo casi ni a tener nervios”, confiesa con naturalidad momentos previos al ensayo general del espectáculo. 

Este año, en su decimoséptima edición, el instituto ha decidido echar la vista atrás para reinventar y pulir el guion que ya se representó en el décimo aniversario. Y lo han hecho a lo grande: montando un circo. Pero no uno cualquiera, sino uno que sirve de telón de fondo para la historia de amor más grande jamás contada. Romeo y Julieta se llaman ahora Tomeo y Loleta. Sus familias, los Montesco y los Capuleto, son clanes circenses rivales que tendrán que tragarse su orgullo y arrimar el hombro si no quieren que Sordini, un conde sin escrúpulos y jefe de los acreedores, compre el circo para levantar un frío centro comercial. 

Todo esto ocurre al ritmo de la música y durante más de dos horas, donde van a sonar desde los Pet Shop Boys hasta melodías clásicas de Broadway, todas con las letras cuidadosamente adaptadas por el equipo para que encajen en la historia. “Hemos cambiado cosas porque en este tiempo hemos aprendido a hacer muchas más”, señala la directora, quien asegura que el resultado es un espectáculo de más de dos horas en el que conviven números musicales, coreografías, interpretación y una cuidada puesta en escena.

Detrás de todo ello hay un trabajo que, aunque pueda parecer multitudinario, se sostiene sobre un núcleo reducido de docentes. “Somos muy poquitos, es un trabajo muy artesanal”, subraya Yébenes. Junto a ella, Irene López y Sara Soliva coordinan el proyecto, con el apoyo puntual de profesores de música, educación física y otros docentes que colaboran en aspectos concretos como maquillaje o preparación de números. A ellos se suman exalumnos que regresan cada año para aportar su experiencia, cerrando así un círculo que define el espíritu del programa.

Desde enero, el equipo ha trabajado a contrarreloj para levantar escenografías, renovar vestuario y dar forma a cada escena. “Son conciertos pedagógicos, están hechos para ellos”, explica Yébenes en referencia al público escolar que llena las funciones matinales. Las sesiones para colegios e institutos están completas. Además, el viernes 10 de abril habrá por la tarde un último pase, abierto al público, que se celebra en horario de tarde.

Uno de los elementos más singulares del proyecto es su capacidad para integrar a alumnos de diferentes edades y niveles. Sobre el escenario conviven estudiantes de entre 10 y 18 años, cada uno con su papel, su responsabilidad y su momento de protagonismo. “Todos quieren participar, todos quieren decir algo”, afirma la directora. Y eso, lejos de ser un problema, es precisamente lo que da vida al espectáculo.

Esa diversidad se refleja también en la música, uno de los pilares del proyecto. “Cambiamos las letras para que se ajusten a la historia”, explica Yébenes. El resultado es un repertorio variado, dinámico y accesible, que conecta con el público y permite a los alumnos explorar distintos registros.

EXPERIENCIA

Pero más allá de lo técnico, ‘Música en las Aulas’ es, sobre todo, una experiencia emocional. Así lo viven los alumnos, que encuentran en este proyecto un espacio para expresarse, crecer y compartir artísticamente hablando. Gonzalo, estudiante de 4º de la ESO, lleva participando desde primero y este año vuelve a asumir un papel protagonista. “Cuando empiezas te impresiona mucho, pero luego te acostumbras. Aun así, la emoción del primer día no se pierde nunca”, asegura.

A su lado, Samuel sonríe al hablar de su papel. Está acostumbrado a interpretar al villano y este año encarna a Sordini, el antagonista de la historia. “Siempre me toca hacer de malo”, dice entre risas. “Pero al final le coges cariño”. Su personaje es clave en la trama, ya que representa la amenaza que pone en riesgo el futuro del circo. Sin embargo, fuera del escenario, su papel es muy distinto: es uno más dentro de un grupo que funciona como una pequeña familia.

Para varias alumnas de segundo de Bachillerato, esta edición tiene un significado especial. Es la última vez que participarán en ‘Música en las Aulas’ como estudiantes del centro, y eso se nota en cada palabra. “Hay una mezcla de emociones”, confiesan. “No queremos que termine, pero también tenemos ganas de cerrar esta etapa”. Para muchos, más que una despedida del proyecto, es una despedida de una etapa vital. “Más que despedirse de Música en las Aulas, es despedirse de Paloma”, reconocen, evidenciando el vínculo que se crea con la directora a lo largo de los años.

Ese vínculo es, precisamente, uno de los grandes logros del programa. A lo largo de casi dos décadas, miles de alumnos han pasado por este escenario, y muchos de ellos regresan tiempo después. “Esto nos queda para siempre”, afirma Yébenes. Algunos han continuado vinculados al mundo artístico, otros simplemente guardan el recuerdo de una experiencia única, pero todos comparten ese sentimiento de pertenencia.

El impacto del proyecto va más allá del propio instituto. Y es que, con el paso de los años, ‘Música en las Aulas’ ha trascendido su origen para convertirse en una cita esperada por la comunidad educativa de Cuenca. Centros escolares acuden cada año para ver el espectáculo, no solo como público, sino como parte de una experiencia formativa. “Queremos que vean que ellos también son capaces”, explica la directora. “Que el escenario no es un lugar inaccesible, sino un espacio donde cualquiera puede expresarse”.

Además, la amplia solera que tiene ya el festival ha hecho que se abran colaboraciones con otros centros de la ciudad, como es el caso del estudio de danza de Rosario Tosta, que este año sus alumnos vuelven a colaborar con el espectáculo aportando danza. Para que el aura del circo se respire en el teatro de forma más especial, este año cuentan con la colaboración de la compañía de telas aéreas Fábrica Real para que así ‘Música en las Aulas’ no sea solo un musical, sino un gran espectáculo que, como dice Paloma Yébenes, “nos queda para siempre”.