Madera ‘made in Cuenca’ para playas y obras de media España
Quizás pocos sepan que cuando un turista pasea por el vertiginoso Caminito del Rey, en la provincia de Málaga, o cuando alguien disfruta de la brisa en el paseo marítimo de Gandía, lo que sostienen sus pasos es madera nacida y transformada en la Serranía conquense. Y es que, detrás de estas infraestructuras icónicas se encuentra la empresa municipal Ayuntamiento de Cuenca Maderas, una entidad que, sin hacer mucho ruido, se ha colocado en la élite del sector a nivel nacional.
El aserradero municipal nació en el año 1956, y setenta años después, se ha consolidado como uno de los grandes referentes del sector siguiendo en estos 70 años la misma premisa con la que nació: transformar la madera procedente de los montes municipales, ya que el Consistorio conquense cuenta con unas 56.000 hectáreas de bosque.
Hoy en día tiene unas ventas que rondan los 4,5 millones de euros al año y según los últimos rankings, esta fábrica se sitúa “en torno al séptimo puesto de España en producción” de entre los más de cien aserraderos existentes, tal y como pone de manifiesto David Serrano, gerente de la fábrica.
Sus máquinas no siempre estuvieron donde están hoy. Arrancó su producción en una parcela entre Cuatro Caminos y las vías del tren (donde hoy está Almacenes Barcelona o Francabel). Luego pasó a la misma zona donde se asienta Sumitomo y de allí a su ubicación actual justo a los pies de la Serranía conquense en Los Palancares.
Exporta madera a Portugal y Marruecos, además de suministrar a Baleares, Canarias y toda la península
Ese viaje físico ha ido acompañado de un crecimiento industrial que hoy da empleo a 42 personas, repartidas entre el monte, la oficina y una fábrica que opera a doble turno, de siete de la mañana a once de la noche.
Todo ello para facturar más 4,5 millones de euros al año y comercializar madera no solo a nivel peninsular, sino también a Canarias y Baleares así como a países del entorno como Marruecos y Portugal. Su principal mercado es la viguería estructural para edificios, junto con elementos de segunda transformación y productos destinados a instalaciones en campo, vías verdes o zonas de playa.
Serrano destaca que buena parte de la madera que se emplea en paseos marítimos de toda España sale de Cuenca. El paseo marítimo de Gandía está construido con madera conquense, al igual que el Caminito del Rey de Málaga. También se ha suministrado material para el encauzamiento del Manzanares dentro del proyecto Madrid Río y para numerosas zonas de costa en Andalucía, a través de empresas que obtienen la licitación del montaje y a las que la fábrica suministra el producto.

“Nosotros no montamos, suministramos la madera”, aclara el gerente. En muchos casos, añade, desconocen el destino final exacto del material, ya que trabajan con empresas adjudicatarias. Aun así, hay proyectos singulares que sí han trascendido, como la restauración del castillo de San Fernando en Valencia o el suministro de madera para la restauración de la iglesia San Nicolás de la capital valenciana, conocida como la ‘Capilla Sixtina de Valencia’.
Otras obras singulares que están hechas con madera de Cuenca son las casetas blancas y azules del paseo de La Concha en San Sebastián o las ubicadas en la plaza de La Caleta, en Cádiz, que también salieron del aserradero de Los Palancares.
Pero no todo son grandes monumentos. La industria necesita también soluciones prácticas para la madera de menor calidad. En este sentido, Cuenca juega un papel clave en el sector del automóvil y la alimentación a través del embalaje. “Se hace mucho para la industria en la zona de Sagunto, para las fábricas que elaboran lonas de coches”, apunta Serrano.

Para mover 35.000 metros cúbicos de madera al año sin esquilmar el entorno, hace falta una filosofía clara, por lo que la sostenibilidad es asunto que está “clarísimo” en el aserradero. Y no es una moda reciente porque, como detalla el gerente, los montes del Ayuntamiento de Cuenca llevan desde 1890 gestionándose con un método donde “solo se extrae la renta del monte, nunca el capital”. Es decir, nunca se corta más de lo que el bosque es capaz de producir.
Hoy en día, esa gestión histórica se avala con sellos como PEFC y FSC, y se complementa con una apuesta por la energía limpia dentro de la propia fábrica. Cuentan con 200 kW de placas solares y, además, el residuo de astilla sirve para alimentar calderas de biomasa de la ciudad, consiguiendo residuo nulo. “Es una producción bastante integrada ecológicamente”, valora el gerente, destacando que generan energía de “kilómetro cero”.
En el ámbito tecnológico, la fábrica incorporó hace unos años un control numérico que funciona como un robot para fabricar mesas de picnic, bancos o tarimas. “Le metes el diseño en Autocad y él solo va cortando y haciendo las piezas”, explica. Esta mecanización permite ser competitivos en el mercado y diversificar la producción.

Uno de los hitos menos conocidos, pero más relevantes de esta fábrica, es su contribución a la ciencia. Como detalla Serrano, durante siglos se sabía que el pino de Cuenca era resistente, ya que se encuentra en construcciones icónicas del patrimonio nacional como el Monasterio del Escorial o palacios de Valencia, pero hasta ahora no había datos técncos exactos sobre las prestaciones que ofrece la madera conquense.
Para entender el por qué, la fábrica participó en un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en el que se ensayaron con 3.200 vigas de madera, que fueron sometidas a pruebas de rotura para determinar con exactitud sus resistencias mecánicas. “Antes no había datos reales; se trabajaba más según el saber y entender del ingeniero”, dice el gerente.
A partir de esos ensayos se elaboró un prontuario técnico que recogía las características estructurales del pino, con valores medidos y contrastados científicamente. Ese trabajo dio lugar a la norma UNE 56.544, que fijó los parámetros específicos para la viguería y sirvió de referencia no solo para Cuenca, sino para toda España.
Serrano subraya que el proyecto se realizó con madera de Cuenca, pero sus conclusiones tuvieron alcance nacional. Desde entonces, arquitectos e ingenieros pueden calcular estructuras con datos objetivos sobre la resistencia del material, lo que ha permitido reforzar la confianza en el uso del pino como elemento estructural.
La fábrica trabaja en una máquina por ultrasonidos que permitirá medir la resistencia estructural sin destruir la viga
La línea de investigación continúa en la actualidad ya que según explica Serrano, la fábrica participa junto a CESEFOR y la Junta de Comunidades en el desarrollo de una máquina que, mediante ultrasonidos, permita determinar las características estructurales de cada viga sin necesidad de destruirla. El objetivo es aplicar esta tecnología tanto al pino silvestre como al pino nigra, avanzando hacia un sistema de clasificación más preciso y eficiente.
Mirando hacia adelante, David Serrano tiene claro que el futuro pasa por la “segunda transformación”: no solo vender tablas, sino productos acabados. Son casi el único aserradero con tienda virtual, ofreciendo productos tipo Ikea para particulares: pérgolas, bancos o mesas que el cliente puede montar siguiendo unos planos. También casas y cabañas para particulares.

Para este año quieren desarrollar un portfolio de pérgolas y pequeñas estructuras de madera para generar sombra en espacios urbanos y particulares, así como montar una exposición en primavera para presentar estos productos en el exterior de la fábrica. “Cuanto más valor añadido le demos a la madera, mejor”, deja claro. “Es un orgullo tener una fábrica como esta en la provincia”, concluye.