Una gran riada en el año 1434 arrasó buena parte del barrio de San Martín
Los últimos hallazgos arqueológicos en las obras de los remontes mecánicos al Casco Antiguo han revelado que una gran riada en el año 1434 arrasó en gran medida el barrio de San Martín, sepultando toda esa zona bajo cuatro metros de lodo.
Así lo ha desvelado el director arqueológico de las obras, Michel Muñoz, quien ha detallado que bajo toneladas de tierra acumuladas durante siglos, los arqueólogos han encontrado indicios de lo que pudo ser uno de los mayores desastres naturales sufridos por la capital conquense durante la Edad Media.
Según esta hipótesis que manejan los investigadores, habría arrasado buena parte del barrio de San Martín y condicionado su desarrollo posterior, razón por la que actualmente apenas existen construcciones y población en esta parte del Casco Antiguo conquense.
Todos estos detalles los ha dado a conocer Muñoz durante la visita realizada este martes a las obras, donde ha detallado los hallazgos localizados en el entorno de la futura escalera número cinco. Allí, los trabajos han permitido documentar estructuras relacionadas con el antiguo barrio medieval, entre ellas un posible nevero (donde se almacenaba la nieve y la lluvia), varios muros y diferentes niveles de pavimento que ayudan a reconstruir la evolución histórica de esta zona de la ciudad.
Sin embargo, lo que más ha llamado la atención de los investigadores no han sido las construcciones encontradas, sino lo que apareció por debajo de ellas. Muñoz ha explicado que, al profundizar varios metros, los arqueólogos localizaron una enorme acumulación de barros mezclados con restos de fauna, huesos de cordero y abundante cerámica de los siglos XIV y XV. Lo sorprendente, según ha señalado, es que no aparecieron los escombros que deberían haber dejado las edificaciones anteriores.
"Es como si de repente algo hubiera destruido ese suelo", ha relatado el arqueólogo. "Tendríamos que haber encontrado restos de derrumbes, piedras o materiales de construcción, pero no están. Lo que encontramos son hasta cuatro metros de arrastres de barro". Esta circunstancia le ha llevado a plantear que el barrio pudo verse afectado por una gran avenida de agua que sepultó la zona bajo enormes cantidades de sedimentos.
Para intentar encontrar una explicación, Muñoz ha recurrido tanto a la arqueología como a la documentación histórica. El investigador ha explicado que las fechas obtenidas a partir de la cerámica encontrada coinciden con un episodio climático excepcional conocido como las lluvias de Todos los Santos de 1434. Según las crónicas de la época, las precipitaciones se prolongaron durante semanas en buena parte de la Península Ibérica, provocando inundaciones y desbordamientos en numerosos territorios de la Corona de Castilla y Aragón.
No obstante, el arqueólogo ha querido ir más allá para comprobar si aquel fenómeno también afectó a Cuenca. Para ello consultó documentación conservada en el Archivo Catedralicio. Allí encontró una referencia de 1435 en la que el responsable de una abadía situada junto al Huécar solicitaba no tener que abonar determinados pagos porque un molino había sido destruido por las grandes lluvias registradas el año anterior. Para Muñoz, la coincidencia entre las fuentes documentales y las evidencias arqueológicas resulta especialmente significativa.
A juicio del investigador, estos datos permiten plantear la hipótesis de que una gran riada pudo devastar buena parte del barrio de San Martín. De hecho, ha señalado que la práctica ausencia de construcciones posteriores en esta ladera podría estar relacionada con aquel desastre. "Es como si se hubiera aprendido la lección y se hubiera evitado volver a construir en una zona especialmente vulnerable", ha apuntado.
Los trabajos también han permitido comprobar que tras aquella primera gran acumulación de barros se construyó un nuevo suelo, posiblemente asociado a un patio abierto. Sin embargo, ese nivel volvió a quedar cubierto por nuevos arrastres sedimentarios, lo que indicaría que las inundaciones pudieron repetirse durante décadas. Muñoz ha recordado que el siglo XV está documentado como un periodo especialmente frío y húmedo en numerosas zonas de Europa, una circunstancia que pudo favorecer este tipo de episodios extremos.

Más allá de la espectacularidad del hallazgo, el arqueólogo ha destacado su importancia científica. Según ha explicado, los descubrimientos realizados durante las excavaciones aportan información inédita sobre la evolución urbana de Cuenca desde época islámica hasta la Baja Edad Media y obligarán a incorporar nuevos datos a futuras investigaciones y publicaciones sobre la historia de la ciudad.
Muñoz ha recordado además que los remontes han permitido documentar otros elementos desconocidos hasta ahora, como restos vinculados a la ciudad islámica, antiguos caminos empedrados y estructuras relacionadas con la intensa actividad ganadera y artesanal que se desarrolló durante siglos en el barrio de San Martín.
PUESTA EN VALOR
Pese al valor de los descubrimientos, Muñoz también ha querido poner en contexto las posibilidades de conservación de los restos encontrados. Y es que, el arqueólogo ha reconocido que la ejecución de los remontes obliga a compatibilizar la protección del patrimonio con una infraestructura llamada a mejorar la accesibilidad al Casco Antiguo. En este sentido, ha defendido que la prioridad pasa por documentar rigurosamente cada hallazgo y conservarlo en las mejores condiciones posibles, aunque no pueda quedar expuesto al público.
"O tenemos parque arqueológico o tenemos escaleras", ha señalado de forma gráfica durante su explicación. Ha insistido en que los restos encontrados poseen interés histórico, pero ha recalcado que no se trata de un yacimiento comparable a grandes enclaves arqueológicos internacionales. "Esto no es Pompeya", ha afirmado, subrayando que la realidad obliga a tomar decisiones que permitan compatibilizar la conservación del patrimonio con las necesidades actuales de la ciudad.
El arqueólogo ha explicado que, precisamente por ese motivo, la solución elegida pasa por preservar la mayor parte de los restos bajo tierra una vez concluya la documentación científica. A su juicio, mantenerlos enterrados supone en muchos casos la mejor garantía para su conservación a largo plazo, defendiendo que el deber de los especialistas es asegurar que el patrimonio llegue en las mejores condiciones posibles a las generaciones futuras.
Aun así, Muñoz ha avanzado que se estudian fórmulas para que parte de la historia recuperada durante las obras pueda ser conocida por los visitantes. Entre las posibilidades planteadas se encuentran paneles interpretativos, la reconstrucción de algunos elementos hallados durante las excavaciones o incluso la instalación de pequeñas vitrinas con piezas arqueológicas integradas en el recorrido de los remontes. "Lo importante es que todo esto no vuelva a quedar olvidado", ha venido a defender el arqueólogo, convencido de que los hallazgos realizados obligarán a revisar algunos episodios de la historia medieval de Cuenca.