¿Por qué el Cerro del Socorro se llama Cerro del Socorro? La pregunta parece sencilla, pero la respuesta esconde una historia que muchos conquenses probablemente desconocen. Y es que mucho antes de que el monumento al Sagrado Corazón se convirtiera en uno de los símbolos más reconocibles de nuestra ciudad, una ermita dedicada a la Virgen del Socorro ocupó la cumbre de este privilegiado balcón conquense. Hoy no queda rastro de aquella ermita, pero su nombre sigue identificando uno de los lugares más visitados de la capital.
Documentos históricos, dibujos del siglo XVI, fotografías antiguas y las investigaciones de varios aficionados a la historia de Cuenca nos permiten reconstruir al menos una parte de su bonita historia.
Una de las personas que más tiempo ha dedicado a seguir la pista de esta ermita es Ana María Martínez, administradora del grupo de Facebook ‘Descubriendo Cuenca’ y apasionada divulgadora del patrimonio de la ciudad. Durante años, la búsqueda de información se convirtió casi en una obsesión compartida por quienes intentaban rescatar del olvido algunos de los rincones menos conocidos de la historia conquense.
“Durante muchos años nuestro gran anhelo era encontrar una fotografía de cerca de esa ermita. Se han ido recopilando datos gracias a personas que saben mucho más que yo, como Julián Torrecillas o Paco Alarcón, y poco a poco hemos podido reconstruir parte de su historia”, nos cuenta Martínez.
Las referencias documentales más antiguas sitúan ya la ermita en la cumbre del cerro en pleno siglo XVI. De hecho, aparece representada en los famosos dibujos que el artista flamenco Anton van den Wyngaerde realizó por encargo de Felipe II.
“Los dibujos de Wyngaerde son de 1565 y ya aparece esta ermita. En aquel entonces, además, el Cerro del Socorro no se llamaba Cerro del Socorro, se llamaba Cerro de las Tres Cruces e incluso en algunos sitios aparece como Cerro de la Cruz”, señala.
Ese dato resulta especialmente llamativo porque demuestra que el nombre actual del cerro no es tan antiguo como podría pensarse. Fue precisamente la importancia adquirida por el santuario la que acabó dando nombre a todo el enclave.
Martínez también ha localizado una referencia de 1567 en la que se atribuye la fundación de la ermita a Gregorio Cabanillas, miembro de la Orden de Santiago y corregidor de Cuenca. Más allá de esos datos, sin embargo, la información es escasa y todavía quedan numerosas incógnitas por resolver.
“Lo más antiguo que he visto es en los dibujos de Wyngaerde, pero lo que no sé es cuándo se funda. No he encontrado nada más antiguo y me extraña que si alguien lo supiera no se hubiera publicado ya”, afirma.
La ermita aparece igualmente en algunas representaciones artísticas conservadas en la Catedral de Cuenca. Ana María Martínez recuerda que en uno de los cuadros atribuidos a Bartolomé Matarana sobre la vida de San Julián puede apreciarse al fondo una construcción en la cima del cerro, acompañada por un grupo de personas que parecen dirigirse hacia ella en romería.
Aquella primera ermita permaneció en pie durante siglos, aunque no llegó intacta a la época contemporánea. Según la información recopilada por Martínez, el edificio fue destruido durante la Guerra de la Independencia, cuando las tropas napoleónicas arrasaron numerosos enclaves religiosos y defensivos.
De aquella construcción apenas se conservan testimonios gráficos, pero las imágenes de sus ruinas ofrecen pistas sobre sus dimensiones reales. “Hay una fotografía muy antigua en la que se ven las ruinas y son bastante grandes. A mí me da pie a pensar que más que una ermita, en aquel momento debió ser una especie de pequeño monasterio. No un monasterio grande, pero sí algo más que una simple ermita”, sostiene.
UNA SEGUNDA ERMITA
A comienzos del siglo XX, el político y escritor conquense Mariano Catalina impulsó la reconstrucción del edificio. La nueva ermita volvió a albergar una imagen vinculada a la advocación del Socorro y devolvió la actividad religiosa a la cumbre durante varias décadas.
En torno a aquella imagen pervive además una curiosa tradición oral. Existe la creencia de que la Virgen del Socorro que hoy puede contemplarse en la Catedral de Cuenca podría proceder de la ermita desaparecida. Sin embargo, se trata de una teoría que no ha podido confirmarse documentalmente.
“Es una leyenda urbana. He preguntado incluso al capellán de la Catedral y no existe ningún dato que lo confirme ni que lo desmienta. Es una historia que se cuenta, pero no podemos asegurar que sea así”, explica Martínez.
La segunda ermita tampoco sobrevivió al convulso siglo XX. Desapareció durante la Guerra Civil y ya nunca volvió a levantarse. En su lugar, la ciudad optó por crear un nuevo símbolo religioso. Tras la consagración de Cuenca al Sagrado Corazón de Jesús en 1940 comenzó a gestarse el proyecto del monumento que hoy corona la cumbre. La obra, diseñada por los arquitectos Eduardo Torallas y Miguel García, fue bendecida el 14 de junio de 1957 y acabó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.
Con el paso del tiempo , el recuerdo de la ermita fue difuminándose hasta quedar relegado a la memoria de unos pocos investigadores y aficionados. “Para cuidar tu patrimonio lo primero que tienes que hacer es amarlo. Pero si no lo conoces, lo que no se conoce no se puede amar. Primero hay que darlo a conocer, ponerlo en valor y conseguir que la gente lo aprecie y lo cuide”, concluye Martínez.