1 de Marzo de 2021 Son las 21:37

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“Desde el quiosco se veía la ciudad vacía, desprendía soledad y silencio”

Los quioscos de prensa, uno de los servicios esenciales reconocidos desde la llegada de la pandemia, nos cuentan su experiencia

“Desde el quiosco se veía la ciudad vacía, desprendía soledad y silencio”
Fotos: Saúl García
20/1/2021 · Paula Montero

Con la llegada de la Covid-19 a nuestras vidas y la posterior declaración del estado de alarma, se reconocieron los, ahora ya populares, servicios esenciales. Entre ellos han destacado farmacias, supermercados, tiendas de alimentación o estancos pero, en esta categoría también se enmarcan los quioscos de prensa, puesto que prestaron el importante servicio de mantener informada a toda la ciudadanía.

Los quiosqueros siempre estuvieron detrás del mostrador, día tras día, porque tenían una importante misión que cumplir: facilitar y ofrecer el acceso a las cabeceras impresas, una actividad fundamental para garantizar la libertad de información en sociedades democráticas como la española.

Si bien, desde su pequeña ventana al mundo fueron testigos de los meses más duros de confinamiento cuando el bullicio propio de Cuenca desapareció por completo para después, contemplar el resurgir de las calles más transitadas de la capital conquense. Siempre al pie del cañón.

En el mes de marzo y posteriores, con el paso de los días y el impacto del coronavirus se demandaba más información aunque, lamentablemente, no fue proporcional a la venta de prensa. “La gente mayor es quién se acerca a diario a comprar el periódico o alguna revista y durante esos meses, por miedo a contagiarse, se quedaron en casa”, asegura Enrique Gascueña, regente del Kiosko Xúcar, el único que se mantiene a pie de calle en la capital.

Tras iniciar la nueva normalidad llegó el momento más duro, “muchos clientes dejaron de venir porque habían fallecido por coronavirus”. Por ambos motivos se desencadenó un descenso en las ventas de “alrededor del 25%, aunque este sector ha caído mucho en los últimos años”, considera.

Por su parte, Gascueña apostó por ir más allá y se decantó por hacer repartos a domicilio que publicitó por sus perfiles de Facebook e Instagram “para que a los conquenses no les faltara entretenimiento en esos días tan duros”, recuerda.

Este quiosquero es, probablemente, una de las personas junto con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad que más tiempo ha pasado en la calle, días en los que “desde el quiosco se veía la ciudad vacía, desprendía soledad y silencio”, sentencia.

Por su parte, Rosana Cañizares regenta el Kiosko Bonilla ubicado en la calle Carretería, una de las arterias principales de la ciudad, donde “todo cambió de la noche a la mañana”, asegura. “A la gente le daba miedo salir a la calle, sobre todo se notaba esa incertidumbre que ha caracterizado estos mes”.

Desde su punto de venta de prensa ha sido testigo del interés por la información de las generaciones más jóvenes pero no a través de la prensa sino de las plataformas digitales porque “en los primeros meses de confinamiento hubo muchas webs que ofrecieron todo su contenido gratuito”, recuerda.

Ahora, diez meses después de la declaración del estado de alarma quien custodia los periódicos a diario es el gel hidroalcohólico, imprescindible para Rosana Cañizares y su público porque “la gente no quiere tocar algo que ya ha manoseado otra persona”.

En su caso, coincide con Gascueña, “lo más duro ha sido ver como muchos clientes ya no están, no han podido contarlo”, una situación que les invade de “mucha tristeza” desde hace meses, aunque la vuelta a la nueva normalidad les hace mantener la esperanza.

"Ahora me siento más valorada que nunca, les doy las gracias por haber confiado en mí en momentos tan duros"

Algo similar opina Mari Luz González, propietaria del Kiosko Sánchez Vera quien señala que los primeros días de cuarentena “fueron muy difíciles”. Los clientes le encargaban pasatiempos, revistas y se llevaban la prensa pero no acudían a su establecimiento a diario sino que “venían una vez en semana”, una baja de afluencia fruto del miedo al contagio con consecuencias preocupantes para González: “en abril las ventas bajaron un 50%”, sentencia.

A pesar de ello mantuvo su comercio abierto porque “sentía que debía ofrecer este servicio”, comenta; después, la bajada de ventas comenzó a revertirse.

Los recuerda como meses “muy tristes” en lo que solo veía por la calle a barrenderos o agentes de Policía. Además, no dudó en hacer repartos a domicilio a todas aquellas personas que le encargaban revistas y, en especial, pasatiempos como sopas de letras. Capaz de adaptarse a las circunstancias decidió ir más allá e incluso llamaba periódicamente a sus clientes más longevos “para comprobar que todos estaban bien y charlar un rato con ellos”, explica.

A pesar de esto, Mari Luz Gonzáles saca conclusiones positivas de esta pandemia mundial, “ahora me siento más valorada que nunca por mi clientela, les doy las gracias por haber confiado en mí en momentos tan duros, se han convertido en mis amigos”, concluye.

Nueva normalidad

Enrique Gascueña, Rosana Cañizares y Mari Luz González han comprobado de primera mano lo que ocurría en la calle durante las semanas en los que todos los ciudadanos permanecimos en casa. No cerraron y la escasez de ventas no frenó su actividad, a primera hora de la mañana acudían a su puesto de trabajo dispuestos a ayudar en la medida de lo posible.

Finalmente, han tenido su recompensa, han visto como la zona de Fermín Caballero, Carretería y Sánchez Vera han recuperado el trasiego habitual.

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