Cuenca, pionera en usar robots en terapias para tratar el párkinson
A simple vista, puede parecer un peluche más. Pero para los usuarios de Parkinson Cuenca, ‘Bolita’ es desde estos días una forma de llegar a los recuerdos. Y es que, en la sede de la asociación de la calle Noheda el futuro no ha llegado a través de la sonda Artemis II, sino que lo ha hecho en forma de oso panda, de perro o de gato… pero robóticos.
Todo ello dentro de una apuesta valiente: junto a la Universidad Rey Juan Carlos, Parkinson Cuenca está participando en un ensayo pionero a nivel mundial que busca demostrar que, a veces, la tecnología más avanzada sirve para recargar la parte más humana de los usuarios de la asociación y mejorar sus estímulos cognitivos.
Así lo detalla la directora del centro, Beatriz Hernández, coincidiendo con el Día Mundial del Párkinson, que se conmemora este 11 de abril, y detallando que Parkinson Cuenca atiende actualmente a 565 personas de la capital y la provincia entre usuarios y familiares.
Aunque el párkinson es su especialidad, el centro trabaja también con pacientes con Alzheimer, deterioro cognitivo, ictus y enfermedades raras. Todo ello, dice, con un equipo formado por 15 profesionales entre neuropsicólogos, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales, logopedas, fisioterapeutas, personal de atención sociosanitaria y administrativos.
Hernández subraya que la labor de la entidad se centra en la psicoeducación, el acompañamiento a las familias y la mejora de la calidad de vida de cada paciente con planes individualizados. “No todo vale para todos”, afirma, al recordar que el párkinson no entiende de edad y que en la asociación atienden a personas desde los 35 hasta los 90 años.

La directora insiste además en desmontar uno de los grandes estigmas de la enfermedad, que consiste en identificar el párkinson únicamente con el temblor. Explica que se trata de una patología neurodegenerativa y discapacitante que presenta síntomas motores y no motores, desde rigidez o problemas en la marcha hasta alteraciones del sueño, apatía, ansiedad, depresión o dificultades para tragar y comunicarse. Por eso, señala, el trabajo de la asociación abarca áreas clave como la neuropsicología, la fisioterapia, la gimnasia, la terapia ocupacional así como la logopedia.
ROBOTS ANIMALES
En esa búsqueda de nuevas herramientas terapéuticas se enmarca uno de sus proyectos más llamativos: la investigación con robots animales. Hernández detalla que el estudio se centra en analizar cómo interactúan estos dispositivos con personas con párkinson o deterioro cognitivo, tanto desde el punto de vista positivo como desde las posibles reticencias que puedan generar. La muestra rondará las 100 personas y permitirá obtener datos “muy significativos” sobre el efecto de estas terapias.
La neuropsicóloga Gracia Valiente explica que esta robótica con animales se centra sobre todo en la parte emocional, en los recuerdos y en la memoria. El objetivo, dice, es comprobar cómo influyen estos estímulos en la atención, en el estado anímico y en la capacidad cognitiva de los usuarios. Para ello, los participantes serán evaluados antes y después de una intervención de seis semanas, con la intención de comprobar si logran mantenerse o incluso mejorar en algunos aspectos.
Valiente señala que estos animales robóticos despiertan la curiosidad de muchos usuarios porque resultan cercanos, inofensivos y evocan experiencias vividas con mascotas reales. “Les llama la atención y quieren acercarse a ellos”, resume.
En algunos casos, añade, se genera incluso un vínculo afectivo, hasta el punto de que los usuarios les ponen nombre y los integran en la dinámica del grupo. De hecho, uno de los grupos ha bautizado el robot de oso panda como ‘Bolita’.
Otros, sin embargo, muestran rechazo, por lo que el equipo adapta siempre la intervención a cada persona y evita forzar un recurso que no encaje con sus emociones o experiencias previas.
La novedad del proyecto reside también en los propios dispositivos. Hernández explica que la asociación cuenta ya con varios robots sociales y que ahora va a incorporar nuevos animales con los que desarrollar este estudio. Entre ellos figuran un perro, un gato, un panda y otro perro más que llegará en los próximos días. El panda y uno de los perros, señala, son de los primeros en llegar a Europa, lo que refuerza el carácter pionero del proyecto.

OTRAS INVESTIGACIONES
Junto a esta línea innovadora, la asociación desarrolla además nuevas investigaciones con la Universidad de Castilla-La Mancha y el Centro de Estudios Sociosanitarios sobre la posible relación entre el párkinson y la exposición a pesticidas y otros tóxicos. Hernández explica que esta línea pretende estudiar cómo influyen los hábitos de vida, la alimentación, el contacto con materiales tóxicos o el entorno en la evolución de la enfermedad y en la calidad de vida de los pacientes. La investigación incluirá seguimientos periódicos con apoyo de profesionales como nutricionistas y enfermeras, con la idea de introducir cambios en el estilo de vida que puedan resultar beneficiosos para ellos.
La directora defiende, en este sentido, que la información y la psicoeducación son fundamentales para que el paciente pueda participar de forma consciente en sus tratamientos y tomar decisiones sobre su medicación, sus rutinas y sus cuidados.
Al mismo tiempo, también trabajan con el proyecto ‘Comer con Placer’ para personas con disfagia, recalcando Hernández que el objetivo final es que la enfermedad “no limite” a quien la padece y que tanto pacientes como familias tengan información, herramientas y apoyo para seguir adelante.
La directora aprovecha además esta efeméride para reclamar una unidad de trastornos del movimiento en el nuevo Hospital Universitario de Cuenca, de modo que los pacientes no tengan que desplazarse a otras provincias como Albacete o Ciudad Real para acceder a pruebas o segundas opiniones. A su juicio, una provincia tan envejecida como Cuenca necesita reforzar este tipo de recursos especializados.