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Leire Martínez hace de La Fuensanta el escenario de un nuevo comienzo

La artista guipuzcoana se estrena en solitario en Cuenca ante un público entregado que volvió a hacer suyas canciones como “El último vals” y “Cometas por el cielo”
Fotos: Saúl García
29/08/2026 - M.C.R.

Se recordarán esta noche de agosto brincando en La Fuensanta. El público conquense rememorará cómo cantó a pleno pulmón, con los brazos en alto y con esa sensación extraña que producen las canciones cuando, después de tantos años, regresan a un escenario y vuelven a ser nuestras. Han muerto un poco de amor quienes han escuchado esta noche esas canciones con las que también han contado en los buenos y en los malos tiempos.

Leire Martínez hizo imaginar a los asistentes de este recital que sobre La Fuensanta también había cometas. Quizá porque algunas canciones tienen precisamente eso: la capacidad de elevarse por encima de quienes las escribieron y quedarse a vivir en quienes las escuchan.

Y esta noche había muchas historias esperando a encontrarse con esas canciones.

La artista guipuzcoana pisaba por primera vez Cuenca en solitario. Un detalle que convertía la cita en algo más que una parada dentro de una gira. Era su primera vez frente al público conquense sin el nombre de La Oreja de Van Gogh acompañándola en el cartel, aunque inevitablemente fueran muchas de aquellas canciones las que seguían formando parte del equipaje emocional de quienes llenaron el recinto.

Para encontrar la última visita de la banda a la provincia hay que regresar al 25 de agosto de 2017, cuando La Oreja de Van Gogh actuó en Las Mesas durante las fiestas de la localidad. En la capital conquense, el recuerdo es todavía anterior: el 30 de agosto de 2011, en la Plaza de Toros, dentro de la Feria y Fiestas de San Julián. Han pasado años. Han cambiado las vidas. Han cambiado quienes estaban frente al escenario. Pero hay canciones que se resisten a envejecer.

Y quizá por eso “Mi nombre” tenía que estar ahí. Leire decidió comenzar escribiendo su propio punto y aparte. Su carta de presentación sonó en La Fuensanta con la fuerza de quien no pide permiso para empezar de nuevo. “Mi nombre” retumbó por todo el recinto como una declaración de intenciones, como ese grito de guerra que anuncia que, después de todo lo vivido, todavía queda mucho por decir. No era una canción cualquiera para comenzar. Era una manera de presentarse de nuevo. La respuesta de La Fuensanta fue inmediata dejaron que fuera la propia canción la que hablara por ellos.

Entonces llegó “El último vals”. Y resulta curioso que una noche construida alrededor de los nuevos comienzos pudiera encontrarse tan pronto con una canción que habla de despedidas. Pero quizá ahí estaba precisamente la clave. Porque un último vals no tiene por qué significar que la música se acaba. A veces solo significa que una etapa termina para que otra pueda comenzar. La noche avanzó entre esas dos orillas: lo que fuimos y lo que todavía podemos ser.

Y entre ellas apareció “Cometas por el cielo”, convirtiendo por unos minutos el cielo conquense en ese lugar imaginario donde todo parece posible. Incluso revivir los recuerdos a los que trasladas estos temas de ayer y de siempre.

Y Leire, al otro lado, hacía suyo ese viaje. Sin renegar de lo que ha sido. Sin esconderlo. Pero dejando espacio para lo que viene. Hay artistas que necesitan romper con su pasado para empezar de nuevo. Leire parece haber escogido otro camino: aceptar todo lo vivido, abrazar las canciones que han acompañado a tantas personas y, desde ahí, construir una identidad propia.

No que una voz conocida volviera a cantar canciones conocidas. Sino que esa voz se presentara de nuevo ante un público que llevaba años asociándola a una historia concreta y le dijera, con sus propias canciones, que todavía quedaba otra historia por escribir.

Al final, las canciones hicieron lo que mejor saben hacer: devolvernos durante unos minutos a un lugar al que creíamos que ya no podíamos volver. Pero esta vez también dejaron una puerta abierta.