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La Catedral saca a la luz documentos inéditos del cementerio de los canónigos

El archivo catedralicio revela los detalles de su construcción en 1835 y su origen ligado a las nuevas normas sanitarias que prohibían los enterramientos en templos
Fotos: Saúl García y Catedral de Cuenca
31/03/2026 - Rubén M. Checa

La Catedral de Cuenca ha dado a conocer esta semana una documentación inédita hallada en su archivo que arroja nueva luz sobre el origen del conocido como “cementerio de los canónigos”, un camposanto vinculado al Cabildo y situado junto a la ermita y cementerio de San Isidro, en la Hoz del Júcar.

Según explica la propia institución en sus redes sociales, estos documentos permiten reconstruir el proceso de creación de este espacio funerario, enmarcado en un momento de cambio histórico. Desde finales del siglo XVIII, las autoridades comenzaron a prohibir los enterramientos en el interior de iglesias y catedrales por motivos de salubridad, una medida que se fue consolidando durante la primera mitad del siglo XIX. Aunque el derecho canónico contemplaba excepciones para determinados cargos eclesiásticos, la tendencia general fue trasladar los cementerios fuera de los núcleos urbanos.

En este contexto, el Cabildo de la Catedral de Cuenca inició en 1833 los trámites para construir un cementerio propio “destinado a recibir los cadáveres de sus individuos”. Tras negociar con el Ayuntamiento y el entonces gobernador civil, se acordó ubicarlo en un terreno situado al norte de la ermita de San Isidro, al considerarse que cumplía con las condiciones necesarias.

El Consistorio conquense comunicó oficialmente el 12 de noviembre de 1834 que cedía el terreno al Cabildo “sin retribución ni pago alguno de su valor”, facilitando así la ejecución del proyecto.

Sin embargo, los trabajos no estuvieron exentos de dificultades. Los peritos encargados de estudiar el terreno detectaron que estaba formado por “peña viva”, lo que impedía realizar enterramientos en tierra. Ante esta situación, en marzo de 1835 se redactó un nuevo proyecto que apostaba por la construcción de nichos en las paredes, solución que finalmente se llevó a cabo.

El cementerio fue bendecido el 14 de agosto de 1835 por el obispo Jacinto Rodríguez Rico, quedando desde entonces como el espacio destinado a los enterramientos del Cabildo catedralicio.

La Catedral de Cuenca ha avanzado que este hallazgo es solo una parte de la documentación conservada y que en próximas publicaciones dará a conocer nuevos detalles, como los gastos de construcción o el reglamento que regía este singular cementerio.