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En Fresneda la historia tomó vida gracias a Yolanda Fernández

En Fresneda la historia tomó vida gracias a Yolanda Fernández

“Las nubes son ríos que regresan a la montaña, pero llevando la sabiduría del mar contigo”. Estas palabras de mi admirado Paulo Coelho me sirven para iniciar una felicitación a un excelente trabajo realizado por una joven doctora en Historia Moderna, Yolanda Fernández Valverde, cuya líneas de investigación sobre las que trabaja y ha publicado están relacionadas con la historia social y de la familia, centradas en las élites y en los grupos de poder; la cultura material, la historia rural y la historia de las mujeres. Asimismo, a las asociadas a la religiosidad popular y a las cofradías, a la didáctica de la historia y el trabajo de campo en los archivos.

Como se ve, la doctora Yoli, como la conocemos los amigos, nos ha traído a Fresneda de Altarejos a través de la familia Enríquez de Cuenca, bajo el título de “De mercaderes a la Grandeza de España” y lo hace en su libro publicado –sobre el trabajo de su tesis doctoral- dándonos a conocer en una investigación excelente cómo este grupo familiar del siglo XVI se procuró un noble linaje que les permitiría posicionarse en los principales puestos de la élite ciudadana.

Luego, los Enríquez, entroncarán en el siglo XIX con los Toreno, condes que fueron grandes de España y que al final de la calle de San Pedro, frente al conocido hotel Leonor de Aquitania, tendrían su magnífica casa palaciega, destacando aquel José María Queipo de Llano, presidente que fuera del consejo de ministros, además de ostentar la cartera de Hacienda.

Sin duda, un estudio completo, con el árbol genealógico familiar desde la uno a la diecinueve (del siglo XVI al XX), con fotografías, gráficos y cuadros, dando vida a un completísimo trabajo de alta cualificación y nota superior.

Y para recomponer este pequeño homenaje personal a esta excelente profesora, a su esposo Juanma Simarro y a su preciosa hija Vega, quiero expresar en breves palabras, lo que supone como semblanza para mí, ese lugar de Fresneda de Altarejos, donde Molino tienen como aposento familiar, elegido, renovado y confortable.

Vaya pues, mi semblanza: “Hace años cuando cruzabas el puente Palmero, en las primeras vegas y prados que recorren las riberas del Júcar, encontrabas constantes ganados ovinos pastando y deleitando su enroscada lana a los pies de un monte bajo a veces poco frondoso. Eran otros tiempos, la ganadería era altamente rentable y su abundancia daba al paisaje un toque especial de progreso y abundancia. Sin embargo, la fábrica del Castellar, los caseríos de la Peraleja y sobre todo, el de las Tejas, aglutinaban familias dedicadas por entero a estos menesteres agrícolas y pastoriles.

Por eso, aquel puente romano de El Castellar que allí dormita –ahora restaurado- y que, en sus dos ojos, hace paso obligado de la misma central eléctrica que con ese nombre así se llama, nos conduce a una historia demasiado antigua, haciendo eco de que pudo haber por aquí riqueza comercial cuando la calzada comunicaba Valeria con Segóbriga, la misma que luego va cubriendo intereses en esos molinos o batanes a los que fueron muy dados a partir del siglo XVI. Por estos lugares cruza la Cañada Real de los Chorros y eso bien lo atestiguan los abrevaderos y alguna que otra fuente de la mucha agua que suele abundar por estos lugares. 

La abundancia de fresnos delimitó el topónimo y su dependencia de Altarejos, sobre todo como Sexmo diocesano, le complementó ese total apelativo, pero sin duda, aquí hay buena gente que recuerda su historia y mantiene sus tradiciones. 

El caserío, casi blanco, queda al lado cuando cruzando ese arroyo de las Tejas, llegamos al molino llamado de Guillermo Fernández, ahora muy remozado y en manos de estos propietarios que han hecho de él, un refugio elegante y con buena apuesta de futuro familiar. Hay alguna tinada que denota abundancia de pastoreo en otros tiempos, algún puente más como ese de la Rivilla y un poco más allá, la Osilla de Palmero donde retozan y se alimentan mucho ganado vacuno desde hace tiempo.

San Bartolomé les bendice como patrón y recordamos aquella hermandad de la Vera Cruz, estudiada también por Yoli y Raúl Luengo, en otro gran trabajo digno de mención”.

Enhorabuena Fresneda y enhorabuena Yolanda Fernández por este gran trabajo.

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