Teógenes Ruiz: de la tienda en la plaza a un gran grupo con más de 2.000 empleados
En 1887, en una esquina de la plaza de la Constitución de Tarancón, Tomás Ruiz Espada levantó la persiana de una tienda pequeña. Abajo guardaba las mulas, y con ellas salía la mercancía camino de los pueblos de la comarca. Aquel edificio, hoy un gimnasio, aún asoma en fotografías antiguas en las que puede reconocerse el cartel del establecimiento.
Casi siglo y medio después, su bisnieto Rafael Ruiz Alonso dirige Teógenes Ruiz, una de las empresas más veteranas de Tarancón, que el año que viene cumplirá 140 años. Aquella tienda es hoy un grupo que supera los 200 millones de euros de facturación anual y da trabajo a más de 2.000 personas. Solo la actividad en Tarancón ronda los 24 millones, tal y como explica a Las Noticias de Cuenca.
La clave estuvo desde el principio en mirar más allá del mostrador. “Mi bisabuelo tuvo una visión que se ha ido trasladando a todas las generaciones: vender no solo al consumidor, sino también a quien tenía una tienda”, explica Ruiz. Para centralizar el género en Tarancón fue decisivo el ferrocarril. La estación tenía entonces muchas más vías y andenes, y las compras se hacían por vagones: panceta, higos, frutos secos y todo lo que aguantara el viaje. “El tren era prácticamente el único transporte viable”, detalla. Desde allí, carretas y pequeños camiones repartían la mercancía.
Su abuelo Teógenes amplió el negocio y lo trasladó a la actual avenida Juan Carlos I, con la tienda abajo y la vivienda arriba. Un cartel en la puerta advertía de que allí no se vendía al detalle. La firma elaboraba vino en su propia bodega, envasaba legumbres en una Tarancón que llegó a contar con numerosos legumbristas y vendía piedras de sal para que las ovejas de los ganaderos las lamieran. Teógenes murió joven y tomaron el relevo sus hijos; el padre de Rafael se puso detrás del mostrador con apenas 12 años.
EXPANSIÓN DE LA EMPRESA
“A mis hijos les digo en broma que uno no viene a sumar, viene a multiplicar”, cuenta. Y es que, cada generación ha dado su salto. En 1967 la empresa se asoció a IFA Española, el mayor grupo de compras centralizadas del país, y en 1980 su padre construyó las actuales instalaciones y desarrolló el Cash and Carry, que sigue siendo el único de Tarancón centrado en la venta al por mayor.
En el año 2000, cuando parte de la familia decidió dejar la alimentación, Rafael y sus hermanos apostaron por seguir. De esa etapa nacen los supermercados Codi, presentes en Tarancón, Santa Cruz de la Zarza y Villanueva de Alcardete, el suministro a buques a través de una sociedad adquirida y una creciente actividad de catering. “Llegamos tarde a los supermercados, pero supimos encontrar el camino”, admite.
¿La fórmula? “Dedicación y tener los pies en el suelo”, resume. Planificación, cuentas saneadas y un equipo que empuja cuando llegan competidores mucho más grandes. La ventaja de una empresa regional, añade, es conocer los gustos de su gente. De hecho, en los años setenta bastaban unos 500 artículos básicos; hoy manejan entre 5.000 y 6.000. “Si hay cinco personas en casa, seguro que hay cinco leches diferentes”, ilustra.
Bajo su dirección, la empresa ha ganado eficiencia y se ha tecnificado a fondo, tanto en lo digital como en herramientas. El cambio sorprende a quien la visita. “Cuando organizamos jornadas con colegios y vienen los profesores, no se creen que haya tanta tecnología detrás. Y los consultores también ven que el nivel es alto”, explica. A esa modernización se suma una marca propia pensada para que el cliente pueda ajustar su cesta de la compra sin dejar de encontrar los productos que ha comprado toda la vida.

RACIONES DE COMBATE COMO SELLO
Seguro que pocos saben que las raciones de combate del Ejército español, esos sobres que los soldados calientan en mitad de unas maniobras o de la guerra, salen de Tarancón. Teógenes Ruiz las fabrica desde los años noventa, cuando Rafael todavía estudiaba. Para ello ha levantado una instalación completamente nueva, con estanterías robotizadas, maquinaria renovada y más control del proceso, a la que pronto sumará etiquetas de radiofrecuencia para que el cliente sepa en todo momento qué tiene y dónde.
“No te lo tomas en el salón de tu casa, sino en un ejercicio o en mitad de un campo de batalla. Tiene que ser fácil de consumir, fácil de preparar y, encima, estar rico”, detalla.
Ese producto, reconocido dentro y fuera de España, es la llave de la internacionalización. El conocimiento de productos y fabricantes permite a la empresa diseñar raciones para otros países y personalizar sabores y composición.
Hay competencia y el mercado es limitado, pero el prestigio del producto abre puertas. Y la geografía obliga, ya que al estar la empresa en una comarca muy pequeña, con poca población, “eso limita las ventas”. De ahí que su empeño actual pasa por hacer crecer el área internacional de la compañía. Eso es lo que le gustaría legar a quienes vienen detrás.
QUINTA GENERACIÓN
Y realmente, quienes vienen detrás ya han llegado. Su hijo y su sobrina se han incorporado al grupo, en otras áreas de negocio, después de trabajar en firmas de las Big Four, fieles a la costumbre familiar de formarse fuera. Para Ruiz, el relevo es uno de los retos más difíciles de cualquier familia empresaria, porque obliga a conciliar a accionistas, directivos y empleados. “Le dije a mi padre que quería que esto fuera mi proyecto y que me tenía que dejar hacerlo. Si no, no podía tener ilusión por algo que iba a ser mi proyecto de vida”, recuerda.
Para el aniversario no hay grandes planes, y lo único que tiene es el deseo de que la sociedad vea detrás de cada empresa familiar a alguien ligado a su tierra y que apuesta por ella, que genera riqueza y deja aquí el valor que crea. Como en la pandemia, cuando no cerraron ni un solo día.