María Gascón: la pediatra rural que cautiva las redes sociales
El mostrador de la carnicería, la cola del supermercado o los columpios del parque no son los lugares habituales donde una doctora espera pasar consulta. Sin embargo, para María Gascón (Tarancón, 1988), es casi el pan de cada día, y no lo cambiaría por nada. Tras formarse en Madrid y trabajar durante tres años en un hospital de la capital del país, la pandemia y una baja por maternidad le sirvieron como detonante para tomar una decisión de vida: regresar a sus raíces en Tarancón.
Obtuvo plaza como pediatra en el centro de salud de Horcajo de Santiago, aunque hoy en día centra su labor en el Centro Integral Cervantes de Tarancón y el centro Pequeños Cuidados de Cuenca con una prolífica faceta como divulgadora.
En 2021, cuando empezó a pasar consulta en Horcajo, se abrió un perfil en redes. No lo hizo para ganar seguidores, “ni mucho menos”, sino por la falta de tiempo que tenía en cada consulta. Veía cómo su tiempo para explicar lo básico a los papás se quedaba corto, y además vio como había familias con poca educación sanitaria.
“Fue como una consulta un poquito más ampliada”, explica Gascón en esta entrevista con Las Noticias de Cuenca. Una especie de extensión de la bata, pero en otro formato. Porque en el cara a cara, asegura la pediatra, muchas veces no hay margen para hacer educación sanitaria con calma, para desmontar mitos sin prisa o para explicar patologías frecuentes que se puede atender en domicilio. Las redes, en su caso, nacen con ese propósito: que la gente encuentre respuestas comprensibles, útiles y aplicables a los problemas más frecuentes de los bebés.
El impacto de estos consejos, que siguen en Instagram casi 20.000 personas y más de 16.000 en Facebook, llamó la atención de la editorial Grijalbo, que le propuso ordenar todo ese conocimiento en una guía en papel. Tras dos años de madrugones y noches en vela, compaginando la pediatría con la escritura del manual y su familia, en septiembre se publicó ‘Pediatra de Pueblo’, la guía de salud infantil para padres con dudas, abuelas con remedios infalibles y niños con mocos eternos.
El libro desmonta mitos muy arraigados que, asegura la doctora, aún se repiten en las consultas
Este manual acompaña a las familias tanto en la salud como en la enfermedad, pero el plato fuerte del libro es, sin duda, su cruzada contra los mitos populares, algunos inofensivos pero que otros son un poco peligrosos.
Entre los que desmonta María en el libro, destaca el color de los mocos, a que el verde no es sinónimo de necesitar antibiótico, sino que indica la fase final del ciclo natural del catarro. Respecto a que la fiebre frie el cerebro, la doctora deja claro que es una creencia totalmente falsa, ya que la fiebre es simplemente un mecanismo de defensa para el cuerpo para subir la temperatura y matar así a los virus. Además, la salida de los dientes no provoca fiebre, siendo este un mito que aún está defendido incluso por algunos profesionales.
Aunque si hay algo en lo que la doctora hace hincapié, es en desmontar remedios tradicionales. Por ejemplo, dar infusiones de anís a los lactantes para solucionar los cólicos o bañar a los niños en agua fría para bajar la temperatura rápidamente no solo son prácticas contraproducentes, sino que pueden resultar peligrosas por los cambios bruscos de temperatura.
Por eso Gascón no plantea el libro como una lectura de una sola vez, sino como un manual para volver. “Para cogerlo, leerlo e ir señalando cosas para volver a acudir a él cuando se necesite”. De hecho, cuenta que familias de su consulta le dicen que lo subrayan o que lo llenan de post-its, especialmente en apartados como el manejo de antitérmicos, esas dudas recurrentes que reaparecen con cada fiebre, con cada noche larga.

Desde que se publicó en septiembre, la acogida que percibe en su entorno ha sido cercana y emocional. Muchos pacientes llevan el libro a la consulta para que se lo firme. Y también aparecen las abuelas y los abuelos, a veces con una sonrisa: “ojo, lo que te metes con nosotras”, le dicen. Ella lo matiza desde el cariño: no se trata de ridiculizar, sino de entender que “ellas lo hacían como podían, sin información ninguna” y que hoy quieren cuidar bien de los nietos. “Ay mira, es que yo le recomendaba esto, pero bueno, ya me lo he leído y ya he visto por qué no hay que hacerlo”, le trasladan.
En el fondo, Pediatra de pueblo también intenta responder a un cambio de época. Antes, explica, “se criaba más en tribu”: la vecina, la madre, la suegra, el consejo oral. Ahora se busca en internet, pero esa búsqueda tiene riesgos: “tanta información desinforma”.
Por eso el libro también pretende dar herramientas para orientarse, para saber “en qué páginas buscar” y no perderse en la inmensidad de la red, evitando perfiles que alarmen y apostando por información clara para que cada familia construya su propio “esquema de crianza”.
En su caso, la popularidad en redes no le ha cambiado la forma de pasar consulta. “Sigo pasando consulta igual”, afirma. Si algo ha variado, dice, es el entusiasmo compartido, ya que sus pacientes le siguen acercando nuevos mitos, nuevas frases, nuevas ideas para una posible segunda edición. “Todos mis pacientes quieren formar parte de este proyecto”, resume.
Ella siempre será pediatra rural, ya que si hay algo que tiene claro es en ejercer una medicina más pegada a la vida real. “Voy al Mercadona y paso consulta en el pasillo”, bromea. No solo porque la gente la conozca, sino porque ella conoce a la gente, sus vínculos, sus contextos. “Te sientes parte de su familia también”, reconoce.
Sobre el futuro, mantiene los pies en el suelo y, aunque aún no tiene un “feedback” definitivo de la editorial, se siente reconfortada por algo que pocos autores pueden decir. Conoce a sus lectores, los ve cada día, y para ella ese ha sido ya el mayor regalo. Mientras tanto, seguirá con la consulta, con la docencia y con las ganas de divulgar, aunque el tiempo sea limitado. “Estoy muy feliz”, concluye.
“Todos mis pacientes quieren formar parte de este proyecto”,