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De Valencia a Cañete para acercar la sanidad veterinaria a los pueblos de la Serranía

La clínica abrió sus puertas en 2022 tras meses de obras e inversión en equipamiento para ofrecer diagnóstico, cirugía y atención veterinaria completa
De Valencia a Cañete para acercar la sanidad veterinaria a los pueblos de la Serranía
11/03/2026 - Rubén M. Checa

Hay ocasiones en las que para avanzar hay que volver al origen, algo que bien sabe Andrea Ruiz, veterinaria de vocación y profesión. Criada y formada en Valencia, donde el ritmo de las grandes clínicas a menudo desdibuja el trato personal, Andrea sintió la necesidad de un cambio de aires. La pandemia actuó como catalizador y su brújula apuntó hacia Cañete, el pueblo de su padre, el lugar de sus veranos y, desde julio de 2022, el hogar de su propia empresa y proyecto de vida.

“Estaba en un sitio muy grande y quería tener un trato más cercano con mis pacientes y clientes”, confiesa Ruiz, asegurando que esa cercanía, casi imposible en la masificación urbana, se ha convertido en el sello de identidad de su clínica veterinaria. 

Sin embargo, el camino no fue sencillo, ya que tras seis meses de acondicionamiento en un local familiar, abrió las puertas en un entorno rural donde la atención a las mascotas era limitada hasta aquel entonces.

Existe el prejuicio de que en los pueblos los servicios son básicos, pero la clínica de Andrea rompe el estereotipo y lejos de ser un simple consultorio, ha montado un centro integral equipado con quirófano, salas para radiografía y ecografía, así como un laboratorio capaz de ofrecer analíticas en diez minutos.

“La inversión es la misma o incluso mayor que en una ciudad», explica. Y es que, en una capital, si una clínica pequeña no tiene un equipo, deriva al paciente al vecino. “En la Serranía, esa opción no existe: aquí no puedes mandar una analítica fuera y esperar cuatro días; necesitas diagnóstico inmediato”, señala. Así, gracias a esta apuesta por la tecnología y a convenios con especialistas en cirugía, los vecinos de la zona ya no tienen que desplazarse hasta Cuenca, Utiel o Teruel ante una urgencia grave.

Por tanto, la llegada de Andrea ha transformado la cultura del cuidado animal en la zona. Antes, la atención se limitaba muchas veces a la vacuna obligatoria de la rabia y la asistencia de veterinarios ambulantes enfocados en ganadería. Ahora, patologías complejas como la diabetes, el hipotiroidismo o el cáncer en mascotas se diagnostican y tratan en el pueblo. “Se va abriendo la sanidad; la gente se preocupa más porque lo tienen cerca”, apunta la veterinaria.

Al ser el suyo un servicio casi inexistente hasta el momento que decidió abrir sus puertas, el impacto de su clínica ha trascendido los límites de Cañete, ya que en la actualidad tiene pacientes que se desplazan de lugares como Landete, Moya, Boniches e incluso de la zona del Rincón de Ademuz y Teruel. 

El proyecto también ha generado empleo. Próximamente incorporará a una auxiliar, sumando un nuevo puesto de trabajo en la comarca. Aun así, Andrea habla con cautela. “Hay que ir poco a poco, pero ves que la cosa funciona”, dice.

Aunque eso sí, Ruiz no oculta las dificultades. Emprender en la ‘España Vaciada’ sigue siendo una carrera de obstáculos burocráticos. “No hay muchas ayudas ni facilidades; falta información y acompañamiento”, lamenta, haciéndose eco de una reivindicación compartida por otros jóvenes que intentan revivir la economía rural y emprender su negocio en la comarca serrana.

Pese a todo, el balance es positivo. Andrea ha encontrado lo que buscaba: la confianza plena de los propietarios y la satisfacción de ver a sus pacientes crecer sanos. Por eso, cuando se le pregunta si volvería a Valencia, su respuesta es tajante: “La ciudad no la quiero ni ver”. En Cañete ha encontrado su sitio, demostrando que con valentía y medios, la excelencia profesional también tiene cabida en nuestros pueblos.