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El verano triplica las ventas del comercio rural

La población estacional crece un 129% en los pueblos de Cuenca, un impulso que notan en caja comercios de localidades como Tragacete y Las Majadas
Fotos cedidas
03/09/2026 - E.M.C. / M.C.R / R.M.C.

Cuenca tiene dos caras. Está la provincia de invierno, con las persianas bajadas, el brasero encendido y esos bares donde todo el mundo sabe quién pide un cortado y quién una caña, y está la de verano, la que se llena de gente, agota el pan a media mañana y convierte pueblos en pequeñas capitales. Y es que, los datos de población estacional de 2024 de la Encuesta de Infraestructuras y Equipamientos Locales del Ministerio para la Transición Ecológica ponen cifras a ese fenómeno: sin contar la capital, los municipios y núcleos de la provincia pasan de 140.925 habitantes empadronados a 322.935 personas de población estacional, 182.010 más en solo unas semanas, un incremento del 129%.

El salto es más llamativo cuanto más pequeño es el pueblo, ya que localidades como Villar del Saz de Navalón o Yémeda multiplican su población por más de veinte en pleno verano, mientras que en los municipios más grandes, como Tarancón o Belmonte, el porcentaje se modera aunque la cifra en términos absolutos sigue siendo alta. Es en ese contexto, con miles de personas que llegan a los pueblos conquenses durante unas pocas semanas, en el que el pequeño comercio rural de la provincia vive su temporada más importante del año.

 

TRAGACETE

Bien lo saben en Tragacete, ubicada en plena Serranía conquense, donde ese aumento de población se traduce directamente en la actividad de los comercios de toda la vida. En la Carnicería Casa Catalino, su propietario, Sergio Sánchez Usero, explica que ese incremento se ha notado gracias a la habitual oleada de personas que pasan por los parajes naturales de la zona, tanto turistas de paso como vecinos que regresan al pueblo en estas fechas.

Uno de los principales reclamos para quienes se acercan hasta allí es la posibilidad de consumir producto local. En el establecimiento se elaboran embutidos frescos y curados, hamburguesas, butifarra, chistorra, morcillas y los tradicionales chorizos de casa, con especial demanda en estas fechas, cuando se multiplican quienes pasan unos días en la zona y quieren almorzar al aire libre en los parajes de la Serranía.

La clientela, detalla Sánchez Usero, no se limita a quienes visitan la Serranía de paso. También recurren al comercio quienes se alojan en casas rurales para completar su compra diaria. “Si hacen una barbacoa, pues productos propios para la ocasión. O si no, siempre acuden a las tiendas de aquí para algo de desayuno”, explica el carnicero. 

La cercanía y esa apuesta por el producto de la zona hacen que muchos visitantes prefieran el comercio local antes que desplazarse para una compra más grande, algo que ayuda a explicar también la propia distancia: Tragacete se encuentra a 62 kilómetros de la capital, un trayecto de alrededor de una hora y cuarto en coche. 

Para negocios como este, el verano supone además una inyección necesaria para afrontar el resto del año, ya que el margen que se genera durante estas semanas permite sostener los meses de menor actividad.

 

LAS MAJADAS

En el caso de Las Majadas, también en la Serranía conquense, la actividad de su pequeño comercio cambia con la llegada del verano. En El Rincón de Kiara, Verónica Fernández y Juan Luis Armada han comprobado cómo la llegada de visitantes y de familias vinculadas al municipio se traduce directamente en las ventas. De hecho, en agosto se han triplicado respecto a los meses de menor actividad. “Hemos pasado de hacer caja para pagar los gastos habituales que implica un negocio a hacer el colchón necesario para aguantar otro largo invierno”, nos cuenta Juan Luis.

El cambio, detalla, comienza a apreciarse en junio, cobra fuerza en julio y alcanza su punto álgido en el mes agosto. Una evolución paralela a la del propio pueblo. Según explica, durante el invierno residen habitualmente en Las Majadas unas 80 personas, aunque hay unos 230 empadronados, mientras que en verano calculan que la población puede rondar las 400. Buena parte son familias que mantienen vivienda en el municipio y regresan durante las vacaciones, a las que se suma la ocupación de las casas rurales.

Ese movimiento de gente en los meses de verano ha obligado incluso a adaptar el funcionamiento del propio establecimiento. El Rincón de Kiara prolonga en verano su horario hasta las 21.30 horas, “coincidiendo con el momento en el que el calor da una tregua y aumenta la presencia de gente en las calles”. Y mientras que durante el invierno buena parte de la actividad turística se concentra en los fines de semana, ahora “es todos los días”, destacan Verónica y Juan Luis.

Entre los productos más demandados este verano sobresalen los quesos y las mieles, pero también las elaboraciones propias. El Rincón de Kiara ha comenzado a producir pan de masa madre y magdalenas, unos productos artesanos que han encontrado una excelente acogida. “Empezaron a venir gente de otros pueblos”, explica Verónica, que destaca el éxito de las hogazas y, especialmente, de las magdalenas. El crecimiento les ha llevado a plantearse el aumentar la producción y realizar repartos en la capital, pues “hay varios establecimientos interesados”.

El perfil de quienes cruzan la puerta de esta tienda rural es variado. A los vecinos y familias que regresan durante el verano se unen huéspedes de casas rurales, excursionistas, senderistas y motoristas atraídos por el entorno de Las Majadas.

El balance, por tanto, es muy satisfactorio para un pequeño negocio que abrió sus puertas el 30 de octubre de 2025 y afronta ahora su primer verano completo. “Ya nos habían avisado de que el verano era donde tenías que hacer caja para el invierno”, reconoce Juan Luis. Una temporada intensa que confirma hasta qué punto el turismo puede convertirse en un importante aliado para mantener vivo el comercio rural durante todo el año.

Casa Catalino y El Rincón de Kiara cuentan, en el fondo, la misma historia: la de una provincia que multiplica su población durante unas pocas semanas de verano y en la que ese repunte, lejos de ser solo un dato estadístico, se traduce en ventas, en horarios ampliados y en nuevos productos con los que estos pequeños negocios afrontan el resto del año.