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Especial Semana Santa 2019
Villar del Saz de Arcas

Toda una vida atesorando la historia de Villar del Saz

La colección que Félix Benita tiene en su museo etnográfico es tan amplia que busca nuevo espacio donde ponerla en valor

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Félix Benita en su museo de Villares del Saz. Foto: Saúl García
3/11/2019 · Adrián G.Quintana

No hay nada tan valioso y perecedero como el tiempo, aunque algunos indomables tratan de combatir esa limitación temporal manteniendo en el recuerdo los elementos más representativos que marcaron la vida en los pueblos años atrás.

Seguramente si al pequeño del hogar le preguntasen por lo que es una zoqueta, se quedaría en blanco o al menos sin respuesta con sentido. Incluso si se piensa en un entendido de la música a día de hoy es posible que no haya visto nunca en funcionamiento un gramófono, elemento que empleaban sus antepasados para poder escuchar los primeros vinilos.

Con el objetivo de mantener en la memoria aquellos elementos y los tiempos en los que se empleaban diariamente, Félix Benita, natural de Villar del Saz de Arcas, lleva más de 18 años coleccionando utensilios de cocina, herramientas agrícolas, primerizos aparatos electrónicos, elementos para controlar el fuego o reliquias que suman en vida más de 100 y 200 años.

“He comprado muchas cosas, otras me las han donado y ya ha llegado un momento en el que soy muy mayor, vivo lejos del pueblo y quiero darle una solución a todo esto para que la gente pueda verlo y disfrutarlo”, comenta Benita a las puertas del museo, defendiendo el amor que siente por su pueblo. “Me marché de aquí con 22 años, pero mi pueblo nunca lo he olvidad y siempre ha estado en mi corazón”.

PASADO AGRÍCOLA

Los utensilios y herramientas de labranza o siega son los que cuentan con mayor representación en este museo, debido al pasado agrícola de su propietario. “Con pocos años ya iba con mi hermana y mis padres a labrar y segar”, añadiendo que en aquel entonces “no teníamos tanta infraestructura como tengo ahora en el museo”.

Hoces, trillos, una cribadora, diferentes tipos de balanza, aperos para burros o, uno de los elementos más llamativos, un “destetador de borruchos”, que consiste en “una cuerda con unos pinchos hacia fuera que llevaban los burros más jóvenes. Cuando querían que dejara de mamar se lo ponían y al intentar acercarse a su madre, la pinchaba con las puntas y esta no le dejaba. A los pocos días ya no quería mamar”.

Todos estos objetos engloban una parte de la colección de Félix Benita, a los que se les suman elementos de cocina como picadoras o trancos, que se encargaban de sujetar el puchero en la lumbre. También cuenta con herramientas domésticas propias de finales del siglo pasado como planchas de carbón, máquinas de costura o el `burro de la cama´, una montaje de madera que servía para “calentar la cama antes de acostarse”.

Aunque con tantos objetos es complicado decidirse, algunos guardan un especial cariño de su propietario como “el arca de mi abuela” o una máquina de trasmisión de teletipos “con la que trabajé en mis años en Correos”.

Me marché del pueblo con 22 años, pero nunca lo he olvidado y siempre lo he llevado en mi corazón. Es algo que llevaré conmigo hasta que me muera

ELECTRÓNICA PRIMERIZA

Entre una antigua silla de barbero y un conjunto de llaves antiguas con más de 30 piezas, se puede encontrar un apartado dedicado a piezas únicas de electrónica: gramófonos, radios, máquinas de escribir y antiguos ventiladores.

“Todos los objetos funcionan y algunos han sido restaurados” dice su propietario. Muchas historias rodean estas piezas exclusivas, incluidas las reacciones de los visitantes al conocer su funcionamiento. “Un vasco me preguntaba si la gramola iba con pilas o iba a la luz. Le explique que funcionaba con una cuerda que iba por debajo del disco y era lo que le hacia girar, por eso tenía una manivela. Se quedó con la boca abierta”, comenta Félix mientras da cuerda a una de sus gramolas con más de 100 años de vida.

Todos los elementos de este particular museo etnográfico están recogidos en un fichero creado por su dueño en el que se incluye la fecha aproximada de creación. En total son más de 1.000 objetos los que adornan las paredes de una vieja tahona convertida , primero en garaje y, posteriormente en museo. “Este lugar era un antiguo horno de cocer pan y lo reformé para hacer el museo. Del horno queda la pala y una baldosa”.

VILLAR DEL SAZ DE ARCAS

Aunque ahora vive en Manresa, Félix sigue luchando por hacer perdurar en el tiempo la memoria de su pueblo, de donde guarda muy buenos recuerdos. “Cuando era joven este pueblo era una maravilla. Había mucha pobreza, pero éramos tremendamente felices a pesar de ello”, afirma.

Sin embargo, ahora la situación es muy diferente y con apenas 53 vecinos censados en el municipio teme que “al final no quede nadie” ya que en “invierno aquí solo hay cuatro gatos viviendo”.

El amor por su pueblo le ha llevado a conservar este museo y buscar una mejor ubicación para que su historia y la de la vida rural en general, no siga el mismo camino que el municipio. “Estoy intentando poner en valor todo lo que durante años he podido coleccionar. Llevarlo a una sala de exposiciones donde la gente pueda visitarlo en mayor medida”. Tras años de coleccionismo y trabajo documental, han sido muchos los visitantes que han tenido la oportunidad de conocer este rincón del municipio. Ahora Félix no piensa en sumar más piezas a la colección, ya que “si no le encuentro otro espacio, no me caben más objetos”.

"Tendría que haber un Félix Benita en cada pueblo para no perder su historia"

CINCO LIBROS POR AMOR

Antes de comenzar el museo, ya había decidido llevar al papel sus recuerdos y vivencias en el pueblo. Por entonces ya llevaba 40 años viviendo fuera del municipio, pero soñaba con ver reflejado en un libro las tradiciones, historia y recuerdos que rodean Villar del Saz de Arcas. Así nació Narraciones para el Recuerdo, un relato que dió pie a este autor para continuar profundizando en su nostalgia y llevar a cabo en los siguientes años un total de cinco libros dedicados a la localidad. “Todo lo he hecho por homenaje a mi pueblo, no por mi”, afirma el autor.

Aunque el paso del tiempo haya vaciado poco a poco de vecinos las calles que recorría de pequeño, su recuerdo quedará vivo gracias al trabajo de Felix Benita.

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