De una pista a destruir la droga: así se acaba con una plantación ilegal de marihuana
¿Qué ocurre desde que la Guardia Civil tiene una pista sobre una posible plantación ilegal de marihuana hasta que las plantas terminan destruidas? Esta es la pregunta que nos surgió al conocer la desarticulación de un grupo criminal dedicado al cultivo de marihuana en Huélamo y San Martín de Boniches en el marco de la Operación SENOLPI.
Y para responder esta y otras muchas cuestiones, hemos hablado con Aarón Navas, capitán jefe de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil de Cuenca.
“Todo empieza mucho antes de encontrar las plantas”, señala el capitán. El primer aviso, cuenta, puede llegar de un vecino, de una denuncia anónima, de las propias gestiones operativas de la Guardia Civil o incluso de otras unidades o cuerpos policiales. Después, esa información debe ser contrastada para determinar si es cierto y, sobre todo, qué hay realmente detrás.
“Esas primeras informaciones se corroboran y se busca conocer tanto la veracidad como la exactitud de la información”, Navas. Una vez cerciorados, comienza la investigación propiamente dicha, cuya intensidad y duración dependerán del tipo de cultivo y, especialmente, de la organización que pueda encontrarse detrás.
En esa primera fase tienen un papel especialmente importante las unidades de seguridad ciudadadana que son aquellas patrullas que están desplegadas por toda la provincia, las que tienen un contacto más directo y cotidiano con los vecinos y los municipios y las que, por su presencia sobre el terreno, pueden obtener información sobre la ubicación de la plantaciones, ya sean indoor o outdoor.
Cuando la información apunta ya hacia un cultivo, comienza otra fase centrada en averiguar las dimensiones y, en el caso de las plantaciones al aire libre, se pueden utilizar drones y cartografía para determinar la extensión del terreno.
Además, los agentes averiguan quién cuida de la plantación, quién la promueve y la financia y dónde están las personas que forman parte de la estructura. Para ello se realizan vigilancias estáticas y dinámicas y se utilizan medios técnicos, aunque Navas evita detallar cuáles para no ofrecer pistas a las organizaciones criminales.
Y es que, la diferencia entre localizar una plantación y desarticular una organización está precisamente ahí ya que los encargados de cuidar las plantas no suelen ser la pieza principal del entramado. “Son el escalón más bajo de la organización criminal”, puntualiza el capitán Navas. Por eso, una vez localizada la plantación, el objetivo de los investigadores es seguir ascendiendo. “Siempre procuramos seguir el flujo del dinero”, resume el capitán, ya que intervenir un cultivo supone un golpe para la organización, pero no necesariamente acabar con ella.
En cualquier caso, la Guardia Civil vigila los movimientos de los ‘guardianes’ de la plantación para tratar de reconstruir la estructura completa.
La duración de una investigación, por tanto, no tiene un calendario cerrado. Puede depender de lo avanzado que esté el cultivo, de la información disponible, de la propia organización y de las diligencias que sea necesario practicar. “Las organizaciones criminales no se desmantelan de hoy para mañana”, sentencia Navas.
Y una vez se conocen todos los detalles es el juzgado quien debe autorizar las actuaciones que afectan a derechos fundamentales. Es decir, la Guardia Civil reúne los indicios y los plasma en atestados, diligencias u oficios. Si considera que existen elementos suficientes para acceder a una vivienda, nave o inmueble, lo expone ante la autoridad judicial y es esta la que decide si autoriza la entrada y registro.
Cuando llega el momento de actuar, no todo se resume en detener a los implicados. La Guardia Civil debe conjugar la eficacia del dispositivo con la seguridad de los agentes, de las personas que puedan encontrarse en el entorno e incluso de los propios investigados. “Siempre buscamos la máxima seguridad para todos”, resume el capitán.
Una vez entran y se practican detenciones llega el momento del inventario. Las plantas, ya sean apenas unas decenas como miles se cuenta “una a una”, “a la antigua usanza”, señala el capital. Además, se intervienen teléfonos, anotaciones, documentación, dinero, vehículos, dispositivos electrónicos o cualquier otro objeto que pueda tener interés para la investigación.
Los agentes instruyen entonces el atestado, presentan ante el juzgado los detenidos y los efectos intervenidos y se documenta la droga aprehendida.
DESTRUCCIÓN DE LAS PLANTACIONES
Y es en este punto donde nos preguntamos qué ocurre con las plantas. “Cualquier material que sea ilícito, su único destino es la destrucción”, aclara Navas, siempre y cuando se hayan asegurado las muestras necesarias para su análisis.
En las grandes plantaciones la Guardia Civil procura solicitar al juzgado que autorice la destrucción “in situ”. Y destruir no significa necesariamente quemar. De hecho, en el caso de Cuenca, teniendo en cuenta la amplia extensión de monte y el riesgo de incendo, las plantaciones de cannabis “suelen compostarse”. No obstante, existen otras fórmulas.
Así termina el recorrido visible de una plantación ilegal, pero el objetivo final siempre es conocer quién esta detrás, como es la logística y cuál es destino de la droga .
En el caso de Cuenca, normalmente la marihuana cultivada ilegalmente ha tenido como destino Centroeuropa y el norte de la misma.
Un ejemplo de hasta dónde puede llegar una investigación es la Operación Aparcero, desarrollada en Iniesta. La investigación comenzó en noviembre de 2022 a partir de información sobre ciudadanos de países del Este que podían estar relacionados con una nave que albergaba una plantación indoor. Navas considera precisamente esta como una de las operaciones “más peculiares” de los últimos años en la provincia por la unión de dos grupos criminales diferentes.
Según explica, una organización de origen serbio y otra rumana terminaron colaborando, con participación de españoles en tareas logísticas. “Es la primera vez que veíamos a dos grupos distintos colaborar para desarrollar una plantación en Cuenca”, recuerda. Se intervinieron 2.079 plantas, 78 kilos de marihuana envasada al vacío y cerca de 600.000 euros, entre otros efectos, y fueron detenidas 15 personas. La operación requirió además la colaboración de Europol, Interpol y cuerpos policiales de varios países.
CONSTANTE APRENDIZAJE
Eso sí, mientras las organizaciones criminales buscan nuevos métodos para ocultarse, los investigadores intentan reducir al mínimo el tiempo que transcurre entre una nueva forma de actuar y la capacidad de detectarla. “Estamos en constante aprendizaje”, dice el capital. Aprendizaje que da sus frutos puesto que desde la Comandacia de Cuenca se han desmantelado 31 plantaciones con aproximadamente 17.000 plantas de cannabis desde el año 2024.