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La pérdida del 40% de colmenas en Cuenca pone en riesgo la primera cosecha de miel

Las lluvias y el frío han retrasado la campaña más de un mes. El sector estima que arrancará en las primeras semanas de abril
La pérdida del 40% de colmenas  en Cuenca pone en riesgo la primera cosecha de miel
Foto: Saúl García
24/03/2026 - Eduardo M. Crespo

Las intensas lluvias de este invierno están retrasando el inicio de la campaña apícola y podrían provocar la pérdida de una de las cosechas más emblemáticas: la miel de romero. Así lo explica el apicultor de Canalejas del Arroyo y gerente de la empresa Arroyo de Miel, Fernando Ramón, que advierte de un retraso de más de un mes en la actividad habitual de las colmenas: “Supuestamente deberíamos estar en el inicio de la campaña, pero debido a todas las lluvias de enero y febrero llevamos casi un mes y medio de retraso”.

En un año normal, los apicultores comienzan a trabajar con las colmenas a principios de febrero y en marzo las abejas ya están en plena fase de reproducción. Sin embargo, este año el frío y la lluvia han impedido ese proceso. “Normalmente a primeros de marzo ya empezaría la época de reproducción y de multiplicar colmenas, pero este año no se prevé que comience hasta abril”, nos explica Ramón, que trabaja con abejas desde 2013.

Este retraso tiene consecuencias directas en la producción de miel. La primera cosecha del año en la Alcarria es la de romero, que suele recogerse entre finales de abril y principios de mayo. Pero este año las previsiones no son buenas. “Esa primera cosecha yo casi ya la doy por perdida al cien por cien”.

 

“La primera cosecha la doy casi por perdida porque normalmente a primeros de marzo ya empezaría la época de reproducción y de multiplicar colmenas, pero este año no se prevé que comience hasta abril”

La razón es que las colmenas todavía no tienen suficiente población para recolectar néctar. Las abejas necesitan primero reproducirse y aumentar el número de individuos antes de dedicarse a almacenar miel. “Primero tienen que multiplicarse y llenar la colmena de población. Después ya se dedican a recolectar y almacenar miel”.

A esta situación se suma además un invierno especialmente duro para las colmenas. Según cuenta Ramón, la mortalidad de abejas ha sido muy superior a la habitual. “Yo nunca había tenido un porcentaje como este. Llevo cerca de un 40 % de la cabaña apícola perdida”, asegura. En un año normal, las bajas en una explotación suelen situarse entre el 6 % y el 10 %. Por eso, la situación actual preocupa a los apicultores de la zona. “Con todos los amigos apicultores con los que hablo estamos igual. Este año hemos tenido una mortandad muy grande”, señala.

 

CONFIANZA PESE A LAS DIFICULTADES

Antes del invierno, la explotación de Fernando Ramón contaba con unas 650 colmenas, aunque en algunos momentos ha llegado a manejar hasta 900. Tras las pérdidas de este año, calcula que actualmente tiene unas 500. “Si he perdido unas 200 colmenas o más, ahora tendremos que dedicar parte de ellas a reproducirse para recuperar población”, explica.

Ese proceso de recuperación tendrá también consecuencias en la producción. Las colmenas que se destinan a multiplicarse no producen miel durante esa temporada. “Si las dedicamos a reproducirse no van a almacenar miel. Eso significa que este año perderemos parte de la producción”, afirma.

A pesar de las dificultades del inicio de temporada, Ramón confía en que la campaña pueda mejorar en los próximos meses. Si las abejas consiguen recuperarse durante la primavera, la cosecha de tomillo, que suele recogerse en junio, podría ser buena. “Si el tiempo acompaña y las abejas se recuperan, la cosecha de tomillo puede ser extraordinaria”. Las lluvias también podrían favorecer las floraciones de verano, lo que permitiría compensar parcialmente las pérdidas de primavera.

Más allá de la meteorología, el apicultor señala otro problema que preocupa cada vez más al sector: el impacto de algunos modelos agrícolas en los polinizadores. “En muchas parcelas ya no se labra la tierra y se utilizan herbicidas que eliminan la flora. Eso está reduciendo mucho el alimento de las abejas”, explica. Según advierte, esta situación está afectando no solo a las abejas, sino a todos los insectos polinizadores. “Antes ibas por la carretera y el parabrisas se llenaba de insectos. Ahora prácticamente no se ve ninguno”, concluye.