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El calor y la falta de lluvias ponen en jaque la cosecha de girasol

Desde las organizaciones agrarias ASAJA y UPA estiman que la producción podría ser inferior a las 90.000 toneladas que se recogen en una campaña con las condiciones óptimas
El calor y la falta de lluvias ponen en jaque la cosecha de girasol
Foto: Lola Pineda
30/08/2026 - Marina Cazallas

El campo conquense afronta las próximas semanas con incertidumbre ante la evolución de la campaña de girasol. El cultivo se encuentra actualmente en una fase decisiva, entre el desarrollo del capítulo y la floración, que dará paso al cuajado y al llenado del fruto durante las próximas semanas. Aunque el estado general de las parcelas es, en términos generales, aceptable, las altas temperaturas y la ausencia de lluvias están generando preocupación entre los agricultores.
El secretario general de ASAJA Cuenca, Manuel Torrero, considera que todavía hay margen para que la campaña evolucione, pero advierte de que el momento actual es especialmente sensible. “Ahora mismo el girasol está en pleno periodo, va a iniciar la floración, está desarrollando el capítulo”, explica. En esta fase, añade, “es muy importante que las temperaturas no sean muy altas porque eso al final influye en los procesos de floración”. 
Torrero señala que el cultivo presenta un estado general bueno, aunque la nascencia ha sido bastante irregular. Las lluvias del invierno y la primavera dejaron reservas de humedad en el suelo y las tormentas de principios de mayo favorecieron la nascencia en determinadas zonas, pero el comportamiento posterior de las temperaturas ha complicado la situación.
Según el responsable de ASAJA, el girasol florece aproximadamente 42 días después de la emergencia de la flor y actualmente las parcelas se encuentran precisamente en esa fase. “Hay girasol que ya ha desarrollado capítulo, que es lo que habitualmente se llama torta, y hay girasol, la gran mayoría, que está empezando a desarrollar ahora”, apunta. 
 

El momento es delicado porque el cultivo está en plena floración. Las tormentas de verano, aunque irregulares, podrían resultar beneficiosas para el girasol

LAS LLUVIAS PUEDEN MARCAR LA DIFERENCIA
Desde UPA Cuenca, su secretario provincial, Salvador San Andrés, ofrece una perspectiva más pesimista. A su juicio, una lluvia en los próximos días podría cambiar el escenario, pero las previsiones actuales no invitan al optimismo.
“Si ahora o en cuestión de 10 días lloviera algo, podría haber una campaña normal”, señala San Andrés. Sin embargo, añade que las previsiones apuntan a “temperaturas altas y cero de lluvia”, por lo que “lo más probable es que haya una merma en la producción de girasol importante”. 
El momento es especialmente delicado porque el cultivo está en plena floración. San Andrés recuerda que las tormentas habituales del verano, aunque irregulares, pueden resultar muy beneficiosas para el girasol.
A la falta de precipitaciones se suma un verano caracterizado por episodios prolongados de calor. San Andrés destaca especialmente las noches tropicales, con temperaturas mínimas superiores a los 20 grados. “Unas noches más frescas también le viene bien” al girasol, afirma, algo que este año no se está produciendo con la frecuencia habitual. 
De mantenerse las actuales condiciones, su pronóstico es contundente: “Tengo la garantía total de que la producción se va a reducir bastante”. 

OBSTÁCULOS PARA EL CULTIVO DEL GIRASOL
A las condiciones meteorológicas se suman problemas estructurales que afectan a la rentabilidad del cultivo en la provincia. Uno de ellos es el daño provocado por la fauna, especialmente en determinadas zonas de Cuenca como la Alcarria o la Serranía.
Tanto Manuel Torrero como Salvador San Andrés alertan de que los daños de los animales silvestres, como corzos, ciervos o jabalíes, se repiten año tras año y pueden terminar desincentivando la siembra. “Cada vez más, cada vez más. Y llegará un punto que puede que haya que abandonar también el cultivo del girasol”, advierte el secretario provincial de UPA en Cuenca. Añade que el problema se agrava porque los seguros no cubren los daños provocados por los animales y muchos agricultores ni siquiera comunican los siniestros al considerar que no obtendrán compensación. 
La situación económica tampoco ayuda. Aunque el girasol continúa siendo una de las principales alternativas al trigo y la cebada en Cuenca, los costes de producción se han disparado. San Andrés resume la situación asegurando que “ha subido el gasóleo, los recambios, la misma semilla de girasol ha subido muchísimo. Todo, todo lo que rodea ha subido, salvo lo que nosotros vendemos”. 
Solo la semilla supone actualmente unos 55 o 60 euros por hectárea, mientras que el gasóleo y las labores agrícolas han incrementado también su coste. El resultado son unos márgenes cada vez más estrechos. “Está clarísimo que echando cuentas los márgenes cada vez los tenemos más estrechos”, señala el responsable de UPA. 
 

La superficie sembrada de girasol ha experimentado un repunte gracias a la ayuda agroambiental de 140 por hectárea impulsada por la Junta de Comunidades

LAS AYUDAS QUE MANTIENEN EL SECTOR
Pese a estas dificultades, la superficie sembrada de girasol ha experimentado un pequeño repunte, favorecido por la ayuda agroambiental de 140 euros por hectárea impulsada por la Junta. San Andrés considera que este apoyo está ayudando a mantener el cultivo y explica que “ha habido un pequeño aumento de hectáreas por la ayuda de la Junta de Comunidades al girasol de forma agroambiental”. 
Sin embargo, esta ayuda no elimina la preocupación existente entre los agricultores. “La expectativa de la agricultura la verdad es que la tenemos todos mal”, reconoce San Andrés, que apunta a la combinación de costes elevados, falta de lluvias y temperaturas adversas. “Los agricultores  estamos pesimistas ante esta situación”, añade. 

CAUTELA PARA LA PRÓXIMA COSECHA
Salvador San Andrés reconoce que “es pronto para pronosticar cómo va a ser la producción”, aunque insiste en que, si no llegan las lluvias, “se va a reducir la producción”. Además, las altas temperaturas podrían adelantar la recolección. Habitualmente las siegas comienzan a partir de mediados de septiembre, dependiendo de la zona, pero el calor de este verano podría acelerar el ciclo. 
Por ahora, no hay una cifra definitiva sobre el volumen de girasol que se recogerá en la provincia de Cuenca. El cultivo se encuentra en una fase clave y las próximas semanas serán determinantes. Por el momento, el sector sigue pendiente de un cambio meteorológico que pueda aliviar la situación antes de que llegue la cosecha en los próximos días.