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La ansiedad y depresión juvenil aumentan un 20% en Cuenca

La asociación VIVIR advierte del impacto de la precariedad laboral, las dificultades de acceso a la vivienda y las redes sociales en el bienestar de los jóvenes
La ansiedad y depresión juvenil aumentan un 20% en Cuenca
11/10/2026 - Eduardo M. Crespo

Tener cientos de contactos y no encontrar a quién contarle que no estás bien. Pasar horas conectado pero sentirte solo. Mirar al futuro y ver más incertidumbres que oportunidades. Son situaciones que atraviesan la vida de muchos jóvenes y que obligan a detenernos en una pregunta: ¿cómo se encuentran nuestros jóvenes detrás de esa aparente normalidad?

La Asociación de Salud Mental VIVIR de Cuenca pone el foco en esta realidad con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora el 10 de octubre. Su trabajadora social, Arancha Palomares, advierte de que los problemas emocionales están ganando presencia entre la juventud y señala un incremento aproximado del 20% de los problemas de ansiedad y depresión entre los jóvenes de la provincia, según los datos que aporta la entidad.

Ese cambio también se percibe en el Centro de Rehabilitación Psicosocial y Laboral (CRPSL) que gestiona VIVIR, donde, explica, durante el último año ha aumentado la llegada de jóvenes que acuden a terapia. Una realidad que conecta con el enfoque de la campaña de este año, “Haz match con tu salud mental”, centrada en impulsar el bienestar psicosocial y emocional de la juventud.

“Cuidar la salud mental es tan importante como cuidar la salud física”, recuerda Palomares. Sin embargo, considera que históricamente no se le ha prestado la misma atención. Por eso insiste en una idea que debe alcanzar al conjunto de la sociedad: “Cualquier persona puede tener un problema de salud mental a lo largo de su vida”.

Entre los factores que generan malestar sitúa las dificultades para construir una vida autónoma. La precariedad laboral y los obstáculos para acceder a una vivienda afectan especialmente a quienes tienen entre 18 y 30 años. “Esto lo que hace es poner trabas para el desarrollo de un proyecto de vida independiente”, explica. El resultado, añade, es “mucho miedo a un futuro incierto y a la vulnerabilidad”.

Pero las preocupaciones aparecen antes. Las relaciones sociales, las expectativas y el entorno digital forman parte también de las dificultades que encuentran adolescentes más jóvenes. Palomares observa una transformación de los vínculos que puede dejar a una persona rodeada de contactos, pero sin el acompañamiento que necesita.

“Hay una hiperconexión con las redes sociales. Y de esta manera, aunque la persona parezca que está conectada con mucha gente, en realidad puede quedar aislada porque al final las relaciones son diferentes”, señala. A ello suma el ciberacoso y la exposición a modelos de éxito que difícilmente se corresponden con la vida real. Esa distancia entre lo que se ve y lo que se puede alcanzar alimenta la frustración.

Llegar a los jóvenes y explicarles dónde pueden pedir ayuda es una de las tareas de VIVIR. La asociación desarrolla actividades en institutos desde 2017 y también trabaja con estudiantes universitarios. Los centros van rotando y entre las próximas actuaciones figuran sesiones en la Escuela de Arte Cruz Novillo, con programas de prevención de la conducta suicida y de sensibilización y lucha contra el estigma.

La continuidad de esa labor de prevención depende también de los recursos disponibles. Palomares explica que la asociación se financia mediante subvenciones públicas y expresa su voluntad de mantener estas actividades mientras cuenten con financiación. Acercarse a las aulas permite dar a conocer los apoyos existentes y ofrecer un espacio para hablar de lo que preocupa. También abre una vía de contacto para quienes prefieren pedir ayuda después, fuera del grupo.

El efecto de esas charlas se aprecia a veces cuando ya han terminado. Algunos alumnos no se atreven a preguntar delante de sus compañeros, pero después buscan una conversación o escriben por Instagram. “Nos escriben por Instagram o también alguna vez me han parado al salir de la charla para hablarme de que no se encuentran bien o de algún familiar”, cuenta.

VIVIR ofrece información y orientación a cualquier persona, sin necesidad de pertenecer a la asociación. El acceso al CRPSL, en cambio, requiere derivación de la Unidad de Salud Mental. Allí se realizan terapias individuales y grupales, además de talleres de rehabilitación cognitiva, laboral y educación de adultos adaptados a las necesidades de cada usuario.

Creada en 1994 por familiares, profesionales y amigos, la entidad sigue defendiendo los derechos de las personas con problemas de salud mental. Palomares reconoce avances en la conversación pública, favorecidos también por quienes cuentan sus experiencias en medios y redes, aunque considera que persisten prejuicios alrededor de la esquizofrenia, el trastorno bipolar o los trastornos de personalidad.

Frente a esos estigmas, reivindica el tratamiento, la recuperación y las posibilidades de desarrollar una vida con bienestar. “Te puedes recuperar y puedes llevar una vida, tener una calidad de vida digna y totalmente común”, afirma. Para quienes buscan información, VIVIR dispone del teléfono 683110049 y del perfil de Instagram @saludmentalcuenca_vivir. Y es que un primer contacto puede abrir esa conversación que todavía nos cuesta mantener.