Más entrevistas: Javi Corroto Alberto Castellano Los Vampiros Marcos Pérez Arturo Barambio Manu Tenorio Olga Barreda Gustavo Sánchez Álvaro Trujillo Monteagudo Rubén Cano
DIPUTACIÓN PROVINCIAL TU COMIDA EN CASA

El taller que llega de Cali para poner a Cuenca sobre ruedas

Tras años trabajando en un taller familiar en Cali, el emprendedor colombiano Mauricio Mosquera abre en la ciudad un negocio de reparación y alquiler de bicicletas y patinetes eléctricos
El taller que llega de Cali para poner a Cuenca sobre ruedas
Foto: Saúl García
14/09/2026 - Marina Cazallas

En el pequeño taller de Mauricio Mosquera siempre hay algo que espera volver a ponerse en marcha. Una bicicleta con un pinchazo, un patinete que necesita una reparación, un vehículo eléctrico para un niño. En el local Bikelectrick las herramientas están a mano y la puerta, abierta. Es una escena cotidiana en Cuenca, casi anodina, pues por la zona de la calle Carretería es fácil no reparar en las personas que hacen su trabajo en los diferentes establecimientos. Sin embargo, detrás de ese mostrador hay una historia que empezó a miles de kilómetros de allí, en Cali. 

Mauricio Mosquera llegó a Cuenca hace seis años. Él, su mujer y sus hijas han encontrado en la ciudad una nueva oportunidad para emprender y hacer de este nuevo destino la continuación de una tradición familiar


En 2020 llegó a Cuenca con su mujer y sus dos hijas y, con el tiempo, descubrió que aquella nueva ciudad también tenía algo que ofrecerle: caminos. El Júcar, sus rutas en plena naturaleza, el a veces invencible ascenso al Castillo y el premio de conseguir esa peripecia: los paisajes que ofrece la ciudad. Solo faltaba, pensó Mauricio, poner las ruedas.
En marzo abrió las puertas de su pequeño negocio. Al entrar, uno puede encontrar una bicicleta esperando reparación, un patinete que necesita un arreglo o vehículos eléctricos preparados para los más pequeños. También hay bicicletas para alquilar, otras a la venta y repuestos que Mauricio puede conseguir para quien los necesite. Pero el local es algo más que un establecimiento. Es, de alguna manera, la continuación de un oficio que cruzó el Atlántico con él. “Yo venía con esta idea desde Colombia”, cuenta.
En Cali ya había trabajado en un taller familiar. Su madre le ayudó en aquel proyecto y Mauricio fue aprendiendo a hacer de las bicicletas una forma de vida. Años después, al instalarse en Cuenca, volvió a mirar no solo con los ojos de un nuevo vecino que se asombra de su siguiente destino, sino también con los de mecánico y de emprendedor. Vio una ciudad llena de lugares para recorrer y una movilidad que todavía tenía margen para crecer. “Veo que acá no hay esa movilidad”, explica.
Su apuesta nace de esa carencia, pero también de una forma distinta de entender la ciudad. Una bicicleta o un patinete no son solamente un vehículo para ir de un punto a otro. Pueden ser una excursión improvisada, una tarde en familia, una manera de subir hasta el Casco Antiguo o de recorrer el Paseo del Júcar sin encender el motor de un coche.
La idea empieza a encontrar su público. “Como esto es una cosa nueva aquí, la gente ha venido a alquilar”, dice. Y Mauricio mira más allá del pequeño local que hoy ocupa su negocio. Quiere crecer.
Su proyecto contempla abrir otro punto cerca del Castillo. El cliente podría recoger una bicicleta abajo, subir con ella y dejarla allí para continuar andando. O hacer el recorrido contrario. Dos puntos de recogida y entrega que convertirían el alquiler en una herramienta de movilidad, pero también en una forma de conocer Cuenca a otro ritmo.
Hay algo especialmente simbólico en que sea precisamente un mecánico de bicicletas quien hable de echar raíces. Las bicicletas necesitan equilibrio para avanzar. Mauricio también ha tenido que encontrar el suyo.
Empezar de nuevo nunca es sencillo. Él lo sabe. “Los primeros meses es duro”, reconoce. Pero enseguida recupera la confianza: “Confiando en Dios vamos para adelante”.
Mientras tanto, Cuenca se ha ido convirtiendo en casa. Aquí vive con su familia y aquí ha encontrado trabajo, paisajes, ríos y una ciudad que, asegura, lo ha acogido bien. Cali sigue presente en la memoria y en las manos: en los conocimientos aprendidos allí, en el oficio familiar, en esa idea que viajó con él.
Mauricio hizo eso con su oficio y ahora lo pone al servicio de quienes cruzan la puerta de su pequeño taller. Para arreglar una rueda, alquilar una bicicleta, reparar un patinete o simplemente preguntar. Mauricio Mosquera invita con una simple frase: “La puerta está abierta”.