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"Tengo ganas de empezar esta etapa, pero la carrera me impone bastante respeto"

Ignacio García Peñarrubia estudiará el doble grado de Física y Matemáticas, una titulación con solo 25 plazas, tras obtener un 13,84 en Selectividad
"Tengo ganas de empezar esta etapa, pero la carrera me impone bastante respeto"
Foto: Lola Pineda
06/09/2026 - Eduardo M. Crespo

Ignacio García Peñarrubia habla con la naturalidad propia de quien todavía tiene mucho por descubrir y, quizá por eso, no se muestra demasiado impresionado por todo lo que ya ha conseguido a su edad.

Se le ve curioso, inquieto, reconoce sus virtudes y no tiene ningún problema en admitir que le gusta disfrutar de la vida y que podría haberse aplicado “bastante más” durante el Bachillerato.

A sus 18 años, este joven conquense afronta ahora uno de esos momentos en los que la vida empieza a cambiar demasiado rápido.

Dejará Cuenca para instalarse en Madrid y estudiar el doble grado de Física y Matemáticas en la Universidad Complutense, donde ha conseguido una de las 25 plazas disponibles con un 13,84 en la prueba de acceso.

Su interés por las matemáticas viene desde el colegio y recuerda especialmente a Miguel Ángel, un profesor que tuvo en tercero y cuarto de Primaria y que consiguió que aquella asignatura le encantase. Después llegaron otros docentes que fueron alimentando aún más esa pasión. La física tardó algo más en aparecer. Fue sobre todo este último curso, ya en segundo de Bachillerato y con la asignatura separada de química, cuando terminó de conquistarle.

De ahí que llegado el momento de elegir tuviera un problema poco habitual: no quería renunciar a ninguna de las dos. Habló con estudiantes de física, de matemáticas y también del doble grado antes de tomar una decisión. “Si hubiese estudiado solo física, me habría quedado con el gusanillo de querer estudiar también matemáticas”, reconoce.

Cinco años por delante resolverán ese dilema y seguramente le plantearán unos cuantos más. Porque Ignacio no esconde que sabe dónde se mete: “Tengo ganas de empezar esta nueva etapa, pero la carrera me impone bastante respeto porque sé que es súper exigente”.

Hasta ahora, sin embargo, estudiar no parece haberle exigido el encerrarse en su cuarto durante horas. Cuando le preguntamos cuánto tiempo dedicaba a los libros durante Bachillerato, sorprende con una confesión poco compatible con la imagen que uno puede hacerse de alguien que ha obtenido un 13,84: “Aunque me pese decirlo, dedicaba bastante pocas horas”. Tiene facilidad para aprender y lo reconoce con sencillez. En Madrid sabe que las reglas cambiarán. “Si no se tiene dedicación, trabajo y constancia, es totalmente imposible llevar bien una carrera como esta”.

Cuando imagina su llegada a Madrid, Ignacio no habla primero de ecuaciones, clases o profesores. Habla de vivir bien esa nueva etapa. “No quiero llegar a la universidad y dedicarme solo a la carrera, porque a mí me gustan otras cosas”. Entre esas otras cosas está el fútbol. También están las rutas por los alrededores de Cuenca, los planes con su grupo de la parroquia o la música.

Toca el teclado y participa en ‘Original, el paso de Carlo’, un musical sobre la vida de Carlo Acutis organizado en el ámbito de la Diócesis de Cuenca y con cuyo elenco viajó recientemente a Italia. Su fe ocupa también un lugar importante en su vida. Participa en actividades de la parroquia de San Román y de Católicos en Acción y espera encontrar en Madrid personas con las que poder seguir compartiendo esa parte de sí mismo.

El cambio, en cualquier caso, será grande. Después de 18 años en casa, dejará a sus padres y hermanos en Cuenca para compartir piso en Madrid con un amigo de la parroquia. Echará de menos a la familia, los entrenamientos con su equipo y esa tranquilidad que a veces solo se aprecia cuando uno piensa en perderla.

De Cuenca valora precisamente poder detenerse en cualquier momento y disfrutar de una ciudad pequeña, de sus paisajes y de un ritmo que difícilmente encontrará en Madrid.

Tampoco tiene diseñado un futuro perfecto sobre el papel. Hoy le atraen la docencia y la investigación, aunque habla de ambas con la prudencia de quien sabe que todavía le quedan demasiadas cosas por conocer antes de decidir. De las matemáticas siente especial curiosidad por la teoría de los números. Con la física le cuesta más escoger: “Me llama la atención absolutamente todo”. Le fascina que todavía queden tantas cosas por descubrir.

Quizá ahí esté la mejor definición de Ignacio en vísperas de comenzar esta nueva etapa. Tiene 18 años, un 13,84, una de las 25 plazas de uno de los dobles grados más exigentes y cinco cursos por delante. Pero cuando mira todo lo que le queda por conocer no presume de lo aprendido. Prefiere reconocer lo contrario: “Yo, que no sé casi nada, tengo muchísimas cosas todavía por aprender”. Y pocas frases parecen tan oportunas para empezar una carrera dedicada, precisamente a eso, a intentar comprender el mundo un poco mejor.