DIPUTACIÓN CUENCA FERIA DEL LIBRO
Es noticia en Empresas: Empresas

Rocío Moreno: una vida de trabajo en la hostelería rural

La propietaria de ‘Casa Rocío-Pepe II’ en el municipio de Graja de Iniesta se jubila tras décadas de trabajo y como un referente de la mujer rural
Rocío Moreno: una vida de trabajo en la hostelería rural
Foto: Eli Moreno
20/04/2026 - Eduardo M. Crespo

Corría la década de los 60 en España cuando el ‘Restaurante Pepe’ abría sus puertas en Graja de Iniesta. Era otro tiempo, otra forma de viajar, de entender la vida y de entender la hostelería. La antigua Nacional III era en aquella época la arteria principal entre Madrid y Valencia y Garja de Iniesta, un pueblo convertido en parada obligatoria para cientos de viajeros. En ese contexto nacía un negocio familiar que, con los años, acabaría transformándose en ‘Casa Rocío’ y en todo un referente en la localidad, la provincia y más allá.


Detrás de esta historia está la figura de Rocío Moren, que ahora se ha jubilado tras más de medio siglo dedicada a la hostelería. Su trayectoria, sin embargo, comenzó mucho antes de asumir la responsabilidad del negocio. “Yo recuerdo que con ocho años mi padre me ponía una caja de gaseosas para que llegara a la cafetera y pudiera hacer cafés”, nos cuenta con nostalgia. A los 13 años, Rocío ya trabajaba en el negocio familiar, iniciando un camino que terminaría convirtiéndose en una forma de vida.


Con el paso del tiempo, aquel restaurante fundado por sus padres evolucionó. Tras el fallecimiento de su padre y el reparto familiar, Rocío quedó al frente de uno de los locales, el conocido como ‘Pepe II’, que más tarde pasaría a llamarse ‘Casa Rocío’: “Había mucha confusión con los nombres, la gente no sabía si iba a un sitio o iba a otro, y aproveché el momento para darle identidad propia. Al final, mucha gente ya me conocía, y el nombre salió de forma natural, ‘Casa Rocío-Pepe II’, explica.


Han sido décadas de mucho trabajo, marcadas por jornadas interminables y por la exigencia de un oficio que no entiende de horarios. Aun así, la pasión ha sido el motor en la vida de Rocío. “Era un trabajo muy sacrificado, sobre todo antes, pero como me gustaba tantísimo, lo llevaba bien. Con el tiempo incluso me ha ido gustando más”, nos cuenta.


No obstante, el camino no estuvo exento de dificultades, especialmente por su condición de mujer en un entorno rural y en una época en la que las oportunidades no eran iguales. “Por ser mujer y en aquellos años, todo costaba más. Cuando tenías una idea, primero había que demostrar que esa idea iba a funcionar y luego ya confiaban en ti”.


El restaurante de Rocío también ha sido testigo de los cambios económicos y sociales del país. Uno de los momentos más duros llegó con la construcción de la autovía A-3, que dejó a la antigua Nacional III prácticamente sin tráfico. “Aquello fue un palo grandísimo para nosotros y para muchos otros comercios. Pasamos de tener muchísima gente a quedarnos prácticamente sin paso. Lo pasamos muy mal”, recuerda. A esa etapa se sumó la crisis económica y financiera de 2008 o la crisis sanitaria de la Covid, que puso a prueba la resistencia del negocio.


Pese a todo, ‘Casa Rocío’ logró mantenerse gracias a una clientela fiel y a una identidad muy clara basada sobre todo en la cocina tradicional. “Nuestra esencia siempre ha sido la comida casera, los platos de mi madre que con tanto cariño hacía y que yo aprendí, y la cocina manchega. El morteruelo, el ajo arriero, las migas… eso nunca lo he dejado de hacer”, afirma.

Pero más allá de la trayectoria profesional, su historia es también el reflejo de la evolución de la mujer en el medio rural: “La mujer siempre tenía la culpa de todo. Recuerdo mi separación en los años 90, en un pueblo y con un negocio de cara al público, y aquello fue muy duro. Era complicado salir adelante porque no teníamos ni la misma libertad ni la misma confianza que los hombres”. Una realidad que, con los años, ha ido cambiando. “La mujer rural ha cambiado muchísimo, gracias a Dios, aunque todavía queda camino. Ahora hay más respeto, pero antes teníamos que demostrarlo todo desde el principio”.


A lo largo de su carrera, ese esfuerzo ha sido reconocido con distintos premios, entre ellos un galardón como mujer empresaria rural en Castilla-La Mancha y otro a nivel nacional como mejor restaurante de ámbito rural. Distinciones que, según reconoce, “te ayudan a creer en ti y a valorar todo el trabajo que hay detrás”.


Ahora, con la jubilación, se abre una nueva etapa. El restaurante continuará en otras manos, manteniendo la esencia que ella ha construido durante décadas. Mientras tanto, Rocío Moreno afronta el futuro con calma, pero sin dejar de pensar en nuevos proyectos: “Quiero disfrutar de mi familia, de mis nietos, y no descarto escribir un libro. Porque cada receta tiene su historia y me gustaría poder contarla”.


Se cierra así una vida entre fogones y comensales, pero también una historia que va mucho más allá de la cocina y la restauración: la de una mujer que, desde Graja de Iniesta, ha sabido resistir, adaptarse y dejar una huella imborrable.