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Rugió Cuenca, lo consiguió el Rebi (29-26)

Respondió la afición a la llamada del club y se llenó el Sargal en la última jornada de la liga Asobal, en la que además el equipo se lo jugaba todo a una carta. Victoria del Rebi 29-26 que les otorga la salvación
Alba Aspas
25/05/2024 - Alba Aspas

En un partido en el que solo valía puntuar para continuar en la máxima categoría sin pasar por el calvario del playoff, se dejó la piel el equipo, la afición y la ciudad entera, para conseguir una victoria donde el conquense Sergio López fue el encargado de dar el gol de la calma al equipo de su ciudad. El Rebi concluyó el partido con un 29-26, que le permitió subirse al tren de la permanencia en Asobal.

Llegaba el Bidasoa a la capital conquense sin nada en juego y con el segundo puesto ya en su poder a poner punto y final a la liga ante un Rebi que tenía mucho que perder. Daba comienzo el partido con una calma tensa, y con los locales recuperando jugadores como Neves, que le puso muchas ganas, aunque falló disparos que en los entrenamientos clava- cosas que pueden pasar cuando acabas de volver y te lo juegas todo-. Fallaron en el primer ataque los de Lidio, pero poco a poco Pozzer y Hackbarth fueron haciéndose hueco en una sólida defensa amarilla.

El problema de la primera parte vino más en la defensa que en el ataque, a pesar de que los jugadores cerraban huecos y que peleaban como auténticos jabatos, la portería con Espinha bajo palos, no complementaba el trabajo de los jugadores, pero cabe destacar que el guardameta fue de menos a más durante el encuentro.

Los minutos transcurrían con relativa calma en el marcador, unas veces el Rebi conseguía ponerse por encima, como en el minuto 10 que pudo irse de dos goles, pero perdieron las oportunidades en ataque, fallando incluso los 7 metros y otras el equipo vasco era quien dominaba el marcador. Los amarillos no fallaban, estaban más tranquilos y tenían una mayor contundencia en el disparo. Así, en el 21 de juego Lidio solicitó un tiempo muerto para intentar reconducir a los suyos que estaban empezando a cometer los errores que les han llevado a esta situación durante la temporada: defendiendo bien, pero perdiendo muchos balones en ataque y desaprovechando los momentos de inferioridad del rival. Y funcionó el recurso porque volvieron al camino del gol con un Sergi Mach que salió para darle un poco de frescura al ataque.

Se llegaba al descanso con un gol por debajo en el marcador (14-15) después de un feo gesto de un jugador del Bidasoa que impidió el ataque rápido del conquense, tras perder, los vascos, la jugada de ataque.

En la segunda parte salieron los jugadores a comerse el Sargal, no solo le dieron la vuelta al partido, sino que, con el aliento incansable de su afición, se permitieron soñar. Pidieron tiempo muerto los de Bidasoa en el 4 de la segunda, para intentar cauterizar el ataque del Cuenca y la furia de su afición –y es que hay que decirlo, La Furia conquense hace que se te ponga la piel de gallina cuando ves un partido en el Sargal-. Pero un Pizzarro con el equipo a la espalda, un Texeira alentando en defensa y, esta vez sí, un Espinha providencial en los momentos clave del encuentro, llevaron a la salvación al equipo.

No fue fácil, el ataque del Rebi volvió a hacer aguas en muchos aspectos y ahora, con los deberes hechos, es el momento de tomar medidas para pensar en la copa.  A falta de ocho minutos para finalizar en encuentro, con el marcador 26-24, llegó la exclusión de Tchitombi y los vascos se quedaron a un gol de empatar el encuentro, se disimuló como se pudo, pero la angustia era palpable en el ambiente, por lo que Lidio Jiménez tiró de pizarra, pidió tiempo muerto y el partido volvió a la senda de la victoria.

Y ante una temporada como esta, con una situación tan complicada, el destino siempre caprichoso, tenía pensado para el Rebi que fuera un local, un conquense, el hijo prodigo que regresó a casa, el encargado de meter el gol de victoria definitiva y necesaria para salvar al equipo.

Ahora queda pensar en la copa, arreglar los errores de esta temporada y volver a luchar, en Asobal, por los puestos de arriba de donde Cuenca nunca debió bajar.


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