Competición, estrategia, técnica y fair play. Desconocido para buena parte del público, el tchoukball, deporte desarrollado en Suiza durante la década de los 70, combina estos cuatro elementos en una disciplina sin contacto físico y basada en el respeto entre los jugadores. Una particular disciplina que ha llevado a Nacho Martínez Labajos –joven madrileño de 14 años con raíces en el municipio conquense de Hontecillas por parte de madre– hasta el podio europeo con la selección española absoluta.
Lejos estaba de imaginar este estreno cuando descubrió el tchoukball mientras cursaba 4º de Primaria en el Colegio Tres Olivos, en Madrid, de la mano de su profesor de educación física, vicepresidente de la Federación Española de Tchoukball. No tardó en apuntarse a las actividades extraescolares y comenzó a competir en categorías infantiles.
“Ganas, ilusión y muchos nervios”. Así se sentía Nacho tras recibir la llamada que confirmaba su participación en el europeo absoluto… con tan solo 14 años. “Pensaba que iba a ser suplente y que no iba a jugar en los partidos importantes”, reconoce, aunque la realidad fue distinta: con más o menos minutos de juego, acabó participando en todos ellos. Especial importancia tuvo en el choque final, que dirimía el tercer puesto ante el Reino Unido. A falta de 25 minutos, y a siete goles por debajo en el marcador, saltó a la pista. Su entrenador, Luis Crespo, define su participación como “clave” en este partido que se acabó resolviendo por un ajustadísimo 51-50 para España. “Una vez entras al campo empiezas a jugar como sabes”, explica el joven Nacho, que sacó su mejor versión.
Este bronce es el billete para un reto todavía mayor: disputar el Mundial de Singapur 2027. Sabe que será complicado debido al claro dominio de los países asiáticos, sobre todo de Taiwán, si bien esto no le desanima. “Jugar un Mundial es lo que todos soñamos”, traslada. Mientras tanto, sigue inmerso en la temporada con su club, Tres Olivos Eagles. Este año disputará la competición ‘Silver’ –la segunda más prestigiosa a nivel europeo– y quiere subirse a lo más alto.
El tchoukball fue reconocido en 2001 por la UNESCO como “Deporte de la Paz” por sus valores de respeto e integraciónDEPORTE POR LA PAZ
El objetivo consiste en lanzar el balón contra una pequeña red elástica tensionada, tratando de que el equipo rival puede atrapar el rebote. Al no haber contacto físico, permite jugar entre personas de distinta edad. “Es de lo que más me gusta”, relata Nacho, contento de poder probarse contra jugadores mayores y demostrar que puede estar a su nivel.
Tras esta aparente sencillez, hay mucha técnica y estrategia, apunta el joven. “En los tiros buscas dónde hay huecos mientras estás en el aire. Hay algunos difíciles, como el cero grados, que casi no toca la portería. Es difícil encontrar hueco cuando hay una buena defensa”, cuenta.
Pero más allá de la dinámica competitiva, el tchoukball se fundamenta en los valores de respeto e integración, siendo reconocido en 2001 como “Deporte de la Paz” por la UNESCO. Es con eso con lo que se queda Nacho: “Los valores del tchoukball los aplicas día a día: fair play, respeto…”, comenta.
Con solo 14 años y un bronce europeo, el joven acaba de dar sus primeros pasos en el tchoukball y sueña en grande de cara al futuro.