El sueño del FS VivoCuenca en la categoría de bronce del fútbol sala español ha llegado a su fin tras consumarse su descenso a la Tercera División. Un año ilusionante en sus inicios se fue apagando poco a poco para dar lugar a un doloroso desenlace. Por otra parte, a pesar de este duro golpe, el proyecto del fútbol sala en Cuenca sigue en pie y sigue soñando de cara a los próximos años.
El cuadro azulón mostró ambición en una pretemporada de nivel que les hizo llegar en óptimas condiciones a las primeras jornadas, tal y como analiza Manolo Moya, entrenador del equipo. Esa apuesta daba sus frutos en una primera vuelta “aceptable”, si bien se quedaron estancados. “El resto de equipos ha ido creciendo y nosotros hemos pagado nuestra inexperiencia”, traslada Moya, quien reconoce que han acusado muchos errores. “Portero-jugador, despistes defensivos… esos errores no se pueden cometer contra equipos consolidados, son pequeños detalles los que te mantienen arriba o abajo”, lamenta el técnico, aludiendo a una segunda vuelta “desastrosa”.
A pesar de este varapalo, la temporada deja algunas lecturas positivas, como la irrupción y consolidación de una base joven que le ha dado un plus al equipo. Nombres como el de Josito, Álvaro, Adrián, Raúl o Vicente, todos ellos entre los 19 y los 22 años, recuerda Moya, representan el núcleo sobre el que cimentar el próximo proyecto del Vivo.
El FS VivoCuenca nació en 2019 y ya cuenta con experiencia en Segunda B. Además, ha hecho crecer notablemente su cantera y cuenta con un equipo femenino que también se está haciendo un huecoCRECIENDO EN OTRAS ÁREAS
Por otra parte, el humilde club que nació en 2019 puede presumir no solo de haber disputado un año en Segunda B, sino también de poner al fútbol sala en el mapa. “Se ha movilizado bastante bien la cantera y hay un equipo femenino que es una maravilla, el club tiene que fijarse y cuidarlo”, expresa Moya, quien declara también que en los congresos y conferencias a los que asiste, el nombre del FS VivoCuenca es reconocible.
No obstante, el futuro inmediato del primer plantel masculino está marcado por la incertidumbre. El entrenador está a la espera de mantener una conversación con la directiva para exponer sus intenciones. “Hasta que no aclare mi situación y el club diga si quiere o no quiere que siga, no puedo hablar con los jugadores, sería anticiparme demasiado a algo que no controlo. No puedo tomar decisiones ni hablar con ellos, así que estamos en stand by”, traslada el entrenador, quien pide celeridad a la directiva para que el club pueda planificar desde ya la temporada y plantilla de la campaña 2026/27.
Asimismo, hay otro aspecto que invita al optimismo, y es el “click” que ha hecho en la cabeza del aficionado. “He ido observando cómo el aficionado venía al Sargal, gente que no había visto nunca y se ha quedado ahí, entradas muy buenas… el fútbol sala puede mover mucho más de lo que parece”, asegura.
En suma, este cruel desenlace para los azulones no debe entenderse como un paso atrás, sino como otra etapa en este proceso de crecimiento. Como el propio Moya reconoce, este año ha sido “una cátedra, un doctorado”, en lo que a aprendizaje se refiere, y es lo que deben tener en cuenta en un futuro. El reto ahora es coger un nuevo impulso que permita al club regresar más fuerte y preparado a la Segunda División B.