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'Torner en torno al Vesalio', cien obras para celebrar un centenario

Casa Zavala y Espacio Torner acogen una doble exposición que recorre varias etapas del artista conquense desde el 13 de marzo hasta el 31 de mayo
'Torner en torno al Vesalio', cien obras para celebrar un centenario
09/03/2026 - Arturo Sagastibelza

El próximo viernes, 13 de marzo, se inaugura la exposición «Torner en torno al Vesalio». Con ella se prolongan y culminan los numerosos actos que la ciudad de Cuenca ha venido celebrando a lo largo de 2025, «Año Torner», para celebrar el centenario del nacimiento de su artista más insigne, Gustavo Torner (Cuenca, 1925-2025), que nos dejó el 6 de septiembre, hace ahora seis meses.

La doble exposición, que podrá visitarse hasta el 31 de mayo, se celebra conjuntamente en la Casa Zavala y el Espacio Torner. Organizada por la Fundación Torner, con la colaboración del Ayuntamiento de Cuenca, la Diputación Provincia de Cuenca, el Consorcio de la Ciudad de Cuenca y el patrocinio de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, cuenta con el comisariado de Arturo Sagastibelza, historiador del arte experto en la obra de Torner.

Como su título indica, esta doble exposición, que reúne cien obras para celebrar su centenario, está planteada en torno a la obra Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar (1965), edición de cuarenta collages múltiples en tirada de diez ejemplares –no concluidos por Torner hasta 2014, cuando contaba ya con ochenta y nueve años de edad–, que el propio artista consideraba «la obra más completa que he ejecutado y me ha dejado más satisfecho». En ella utiliza imágenes anatómicas extraídas del libro De humani corporis fabrica (Basilea, 1543), del médico renacentista Andreas Vesalius (1514-1564), en concreto de la edición facsímil de sus ilustraciones editada por The World Publishing Company en Cleveland y Nueva York en 1950, combinadas principalmente con reproducciones de grabados de peces y moluscos, y de antiguos globos aerostáticos, en sugerente e inquietante diálogo con geometrías concebidas por el artista.

Esta singular obra de Torner rara vez se ha podido mostrar íntegra; en Madrid no se ha vuelto a exhibir desde la retrospectiva que dedicó el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en 1991; y en Cuenca desde que en 1967 se exhibiera en la Casa de Cultura, unos días después de su primicia en la Galería Edurne de Madrid; aunque en Egipto y algunas ciudades de América tuvieron ocasión de contemplarla entre 2002 y 2004, gracias a una muestra organizada por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

La doble exposición ofrece el Vesalio no como una obra aislada, a pesar de su singularidad y protagonismo, sino generosamente acompañado por otras obras de Torner del mismo periodo cronológico en que se gestó, también de las etapas creativas inmediatamente anterior y posterior a él, tres momentos muy destacados de su creación. La Casa Zavala muestra el cuerpo más amplio de la exhibición, que se inicia con las conocidas composiciones binarias, a modo de paisajes, realizadas por Torner entre 1960 y 1962, año de su participación en la XXXI Bienal Internacional de Arte de Venecia; quizá la etapa más conocida e internacional de su producción. Le sigue una amplia representación de la obra pictórica creada por Torner entre 1963 y 1966, periodo en el que la geometría, elemento indispensable del Vesalio, irrumpe en su obra. Tras esta, el núcleo central de la exposición lo compone el conjunto completo de los cuarenta collages que integran la edición Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar, ejemplar propiedad del Ayuntamiento de Cuenca, parte del conjunto de 88 obras que el artista donó a la ciudad en 2018, y conserva y muestra el Espacio Torner junto a otras obras pertenecientes al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. Se presenta precedido de un espacio documental en torno a la gestación, compleja elaboración y difusión de esta importante obra. Para acabar, se ofrece una escogida selección de obras realizadas entre 1967 y 1971, la época más «objetual» de Torner –sus conocidos «Homenajes»– y los inicios de su labor escultórica; alguna utiliza, de nuevo, láminas de Vesalio, u otros motivos anatómicos.

El último bloque de esta exposición se presenta en la segunda sede de esta muestra, el Espacio Torner, y está integrado por catorce collages realizados por el artista en 2016, utilizando en la mayoría de ellos, medio siglo después, esas mismas imágenes anatómicas tomadas del libro de Vesalio. Una selección de estos catorce collages se presentó en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO 2017, recibiendo el premio AECA al autor de la mejor obra o conjunto presentado por un artista español vivo, otorgado por la Asociación Española de Críticos de Arte. Desde entonces, no se había vuelto a mostrar ninguno de ellos. Es esta la primera vez que se exhibe el conjunto en su totalidad, una ocasión única para verlo, y es el Espacio Torner el que tiene el privilegio de hacerlo, el museo que mejor y más ampliamente muestra su obra.

Con ello, la exposición pretende recoger la totalidad de las obras realizadas por Torner utilizando las imágenes del célebre tratado de anatomía. Presenta, además, el interés añadido de poder contemplar otras que se han mostrado muy raramente, e incluso un buen número de ellas permanecían hasta ahora inéditas, ya que proceden de colecciones particulares que han tenido la generosidad de cederlas. Algunas de estas obras pertenecieron a artistas tan vinculados con la ciudad de Cuenca y el Museo de Arte Abstracto Español como Fernando Zóbel, Gerardo Rueda (1926-1996), Eusebio Sempere (1923-1985) y Abel Martín (1931-1993), o Antonio Saura (1930-1998), y por ello estuvieron durante mucho tiempo localizadas en esta ciudad a la que vuelven ahora temporalmente.

Torner, artista polifacético

Torner, figura clave del arte español del siglo XX, miembro de esa irrepetible generación de los cincuenta –en concreto de ese «Grupo de Cuenca» (Zóbel, Torner y Rueda principalmente) que ha colocado el nombre de la ciudad en la historia del arte–, fue un artista muy polifacético y multidisciplinar: pintura, escultura (muchas de ellas monumentales, como Reflexiones I, de 1972, que popularmente ha dado nombre a la «Plaza de los cubos» en Madrid), dibujo, collage, obra gráfica, tapices y alfombras, diseño gráfico, fotografía, escenografía y figurines, arquitectura…, y una larga lista de trabajos dentro del campo de la museografía, con el diseño y montaje de numerosas exposiciones y museos, como el Museo de Arte Abstracto Español, el Museo Tesoro Catedral de Cuenca y el Espacio Torner, por citar solo los que se encuentran en esta ciudad. Por todo ello, su aportación al arte y la cultura es de una relevancia capital, que le hizo merecedor de numerosos premios y distinciones.

La ciudad de Cuenca es, desde luego, un lugar absolutamente privilegiado para poder contemplar su obra; a la que muestra el Museo de Arte Abstracto Español, en cuya fundación, diseño y montaje tuvo Torner un papel tan decisivo, se vino a sumar en 2005 el Espacio Torner, que, en una sobrecogedora instalación del artista, aúna la arquitectura gótica de la iglesia desacralizada de San Pablo, junto al Parador de Turismo, con una inigualable selección de unas cuarenta obras representativas de diversas etapas de su trayectoria. La ciudad alberga también su gran monumento A la Constitución (1986), y el Monumento Conmemorativo del VI Congreso Mundial Forestal (1966), en la serranía conquense, su primera escultura de grandes dimensiones. Si esto fuera poco, en la catedral de Cuenca se puede admirar la que es, sin duda, una de sus obras más sobresalientes y ambiciosas: un genial conjunto de veintiuna vidrieras diseñadas por el artista.

Dada esta posición privilegiada de Cuenca en lo que respecta al arte español contemporáneo, y en especial al de Torner, más que una retrospectiva, mostrar al completo su obra predilecta, el Vesalio, resulta tema más que oportuno, tras cincuenta y nueve años sin que se pudiera contemplar en esta ciudad, ya que el Espacio Torner solo lo ha podido mostrar muy parcialmente.

Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar

En 1964 Torner realiza su primer viaje a Nueva York, en compañía de Fernando Zóbel. Ambos participaban en el pabellón español de la New York World’s Fair. Es en ese viaje, a raíz del encuentro fortuito con la edición facsímil de las láminas anatómicas del libro de Andreas Vesalius, cuando Torner se siente fascinado e impelido a realizar con ellas algún collage. Todo ello, al parecer, ante la mirada un tanto escéptica de Fernando Zóbel, que considera casi imposible conseguir una creación personal con unas imágenes tan potentes.

Es lógico que, dada su calidad, Torner se sintiera atraído por las xilografías –atribuidas al alumno de Tiziano, Jan Stephen van Calcar (c.1499-1546)– que ilustran el trascendental y revolucionario tratado de Vesalius, pero también porque superan de forma radical los anteriores libros de anatomía, conjugando la precisión científica con la belleza de las imágenes: arte y ciencia unidos, un ideal torneriano. Los esqueletos y los cuerpos desollados, aunque remitan a nuestra condición mortal —irónicamente puesta en duda con las actitudes que presentan, tan expresivas y propias de un ser vivo–, resultan idóneos, al carecer de atributo alguno, para abordar con ellos el tema de su Vesalio: la condición humana, pero desde una perspectiva universal, sin referencia a época o cultura determinada. De hecho, en un primer momento, pensó titular así la edición de cuarenta collages: «La condición humana»; finalmente optó por «Vesalio, el cielo, las geometrías y el mar», según palabras del propio artista, «por los diferentes elementos utilizados, el matiz de humor y la ambivalencia de ciertas palabras como cielo, que se puede referir al atmosférico, y de ahí los globos aerostáticos, pero también al Paraíso e, incluso, al puro espacio del que tanto usé para dar expresividad y sentido a los desgarrados cuerpos humanos. Lo de las geometrías era claro por estas formas racionales, solamente humanas, y el mar por los diferentes grabados antiguos de peces, pues me interesaba también introducir en el contexto una alusión a la naturaleza no humana, para poner al hombre en relación con ella y no dejarla como ha ocurrido siempre en Occidente, que se queda sólo como una decoración tras él. Encontré que el mundo del mar, vivo, es el más lejano, en todos los sentidos, a la especie humana, y entonces quedaba más extraño, un poco Moby Dick. […] Referida a la totalidad de la condición humana, abierta a tantos aspectos, cerrada y extraña a la vez, sin encontrar un sentido natural que nos aclare esos profundos sentimientos como el dolor, la soledad, el anhelo, la ilusión…, que no son privativos de nuestra generación. Posiblemente ya existieron en la vida de las cavernas y aun antes y tuvieron gran relación con el nacimiento del arte, y nosotros, aparentemente tan evolucionados, seguimos fundamentando nuestra existencia en esos sentimientos profundos». Estas esclarecedoras palabras de Torner, que explican de forma tan sencilla el «significado» de su obra, dejan claro cuáles son los elementos en juego y qué función tiene cada uno de ellos, pero sin jerarquías, porque la visión de Torner no es teocéntrica ni antropocéntrica. El Vesalio de Torner parece plantearse al margen de la posibilidad de un Dios que justifique nuestra existencia: ni la afirma, ni la niega. Y el ser humano que nos presenta no se siente «amo y señor» del universo; más bien, lo habita asombrado, entre fascinado y atemorizado, en una duda o cuestionamiento permanente e irresoluble; en el deseo, siempre insatisfecho, de encontrar el sentido de su vida, el orden que rige un cosmos que no comprende, y descubrir cuál es su posición y destino en él. En definitiva, es esta la obra cumbre de un artista pensador, que nos desvela su visión del mundo.

Retorno a Vesalio

Si en 1965, un año antes de abrir sus puertas el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, Torner comienza el Vesalio, con cuarenta años, en un momento que podemos considerar ya de plena madurez vital y artística –el mismo año que abandona su trabajo como ingeniero forestal para dedicarse plenamente al arte, que participa en ocho exposiciones colectivas en diversas galerías españolas y extranjeras, que realiza su primera individual en la Galería Juana Mordó, y que estampa su primera carpeta de serigrafías, dedicada a Heráclito–, cincuenta y un años después, en 2016, con noventa y un años de edad y sus facultades creativas intactas, con toda una sólida y polifacética trayectoria artística detrás, y hasta un museo que lleva su nombre, Torner, inquieto y sorpresivo siempre, nos asombra con una nueva serie de collages con los que retorna a Vesalio. Pero, como podremos comprobar ahora al visitar el Espacio Torner, aunque la relación con el Vesalio –eje y núcleo de esta exposición– sea evidente, el resultado es una obra autónoma, independiente, la obra libérrima de un artista sin ataduras, de un artista en su más plena madurez.

«Torner en torno al Vesalio»: cien obras para celebrar su centenario. El centenario de un gran artista, íntegro y pleno, que, si nos ha dejado, seguirá con nosotros a través de su obra, siempre.