Pepe Viyuela: “En los pueblos el teatro es más difícil, pero más gratificante”
Hablamos con el actor, humorista, payaso y escritor Pepe Viyuela (Logroño, 1963), entre viaje y viaje, entre trenes y vuelos, a solo unos días de recibir el Premio Nieva de Honor que reconoce una trayectoria de más de cuatro décadas sobre los escenarios. Al otro lado del teléfono, Viyuela transmite cercanía y una mirada serena sobre el oficio que ha marcado su vida.
El galardón tiene para él un significado especial, no solo por el reconocimiento en sí, sino por el nombre que lo acompaña. “Es un sentimiento de orgullo, de felicidad, de alegría, pero también de responsabilidad, en el sentido de que en el futuro hay que seguir mereciéndose aquello que te ha hecho merecedor de algo así. Además, el hecho de que el premio lleve el nombre de Francisco Nieva es muy importante para mí, porque fue profesor mío en la escuela. Es como cerrar un ciclo”, nos cuenta.
La figura de Francisco Nieva añade así una dimensión emocional al reconocimiento, que Pepe Viyuela también conecta con su vínculo con Castilla-La Mancha. “Este premio me permite seguir vinculado a una tierra que considero muy teatral, tanto por Nieva como por el Festival de Almagro, con el que tengo una relación muy directa y muy afectiva. Son muchos los motivos que me hacen sentir muy feliz”, añade.
A lo largo de la conversación, el actor repasa “unos 40 años de oficio”. Desde sus inicios en el teatro universitario hasta su consolidación profesional, Viyuela identifica varios momentos clave, uno de ellos fue la creación de ‘Encerrona’: “Ahí entendí que, si queríamos vivir de esto, teníamos que tomar las riendas, generar algo propio, con identidad. Fue un punto de inflexión muy importante porque nos dimos cuenta de que había que apostar por un lenguaje propio”.
También recuerda su salto a la televisión a finales de los años 80 como otro momento decisivo, así como su regreso al teatro con el Teatro de La Abadía. “Ha habido momentos bisagra, decisiones que con el tiempo han resultado acertadas, y también errores. Pero incluso de aquello que no me gusta o en lo que creo que me equivoqué, he aprendido muchísimo. Todo eso forma parte del camino”, reconoce.
Más allá de su trayectoria personal, Viyuela pone el foco en el valor del teatro tanto en las grandes como en las pequeñas ciudades: “En las ciudades grandes el efecto de una función se diluye entre toda la oferta cultural, mientras que en los pueblos hay una mayor atención, una mayor valoración”.
Para él, llevar el teatro a estos lugares no solo es necesario, sino también enriquecedor. “Es más difícil, porque hay menos medios, menos costumbre incluso, pero tiene mucho más sentido. Nos impulsa a comprometernos más y además el público siempre te recibe con los brazos abiertos”, afirma.
Viyuela reconoce que su propia mirada ha cambiado con el tiempo: “Cuando eres joven te deslumbran más las grandes ciudades, pero con los años uno siente la necesidad de acudir a zonas más despobladas, más desfavorecidas. Ahí es donde el teatro puede tener un valor todavía más profundo”.
Sobre la evolución del teatro, distingue entre esencia y contexto. “La esencia no ha cambiado, porque el teatro nace del deseo de contar historias y de que nos las cuenten. Eso permanece intacto. Lo que sí ha cambiado son las condiciones: las giras, los presupuestos, la dificultad de mantener temporadas largas… todo eso ha ido transformándose con el tiempo”.
Lejos de pensar en una retirada, Viyuela se encuentra en una etapa creativa especialmente activa: “Me gustaría escribir una función para mi familia, crear algo juntos, como esas compañías de antes en las que la creación nacía del propio núcleo familiar”.