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Especial Semana Santa 2020

Las ‘joyas de papel’ de la biblioteca del Seminario de Cuenca

Atesora 100.000 volúmenes, entre los que hay incunables de autores como Cicerón, Santo Tomás de Aquino o Petrarca

Las ‘joyas de papel’ de la biblioteca del Seminario de Cuenca
Fotos: Saúl García
1/10/2020 · Dolo Cambronero

No hay nada nuevo bajo el sol’, dice el proverbio que tiene su origen en la Biblia. Por eso, cuando los alumnos de diferentes centros educativos de la capital visitan la imponente biblioteca del Seminario Conciliar de San Julián de Cuenca, a su responsable, Julio Malabia Martínez, le gusta enseñarles la colección de libros antiguos de viajes que atesora la cripta de la iglesia de la Merced de la capital, junto a otras miles de obras de diversas materias, entre ellas 82 incunables. “Utilizo mucho el volumen dedicado a China y les preguntó: ¿Qué es lo primero que hacéis cuando vais a viajar? Ahora se mira en internet pero antes se escribían libros que tenían mapas de las ciudades, de los ríos... y que hablaban de las costumbres. No hacemos nada nuevo. Repetimos los mismos esquemas”, reflexiona.

Y es que todo parece estar ya narrado en los 100.000 libros que ha ido reuniendo la entidad desde que se creó en 1584. La biblioteca, en la desacralizada iglesia de la Merced, ubicada junto al seminario conquense, se divide en dos partes: los volúmenes anteriores al año 1900 (unos 40.000) duermen en la cripta, mientras que los fondos modernos, desde comienzos del siglo XX, se conservan en la capilla principal y en otro depósito.

Entre los 60.000 libros de la parte moderna de la biblioteca se pueden encontrar obras de temática religiosa, de teología, filosofía, espiritualidad, geografía, historia y patrística (estudio del cristianismo de los primeros siglos y de sus primeros autores). Esta parte es principalmente de uso para el propio seminario aunque viene de vez en cuando algún investigador y también acoge eventos de diferente índole, como la toma de posesión de la actual corporación municipal el año pasado. “Estos libros no son extraños, están en muchas bibliotecas, pero sí los consultan algunos estudiantes”, indica, detallando no obstante que no son muchas las personas que acuden a estos fondos, “unas diez o doce al año”.

La parte moderna va sumando esporádicamente más fondos que proceden de donaciones y también del legado que dejan los sacerdotes. Este año, con la pandemia, han crecido desgraciadamente los volúmenes tras morir varios párrocos de la provincia. “Aunque tenemos que hacer una selección de los libros porque suelen tener los mismos”, admite.

La joya de la corona, los fondos antiguos

Aunque la verdadera joya de la corona de esta biblioteca está en la parte subterránea de La Merced, donde reposa el fondo antiguo. “Los clásicos están muy bien representados”, subraya Malabia, mientras muestra un volumen de 1551 que aglutina La Iliada y La Odisea, de Homero, autor que ocupa casi una estantería, al lado de los textos de Horacio.

Con la música clásica sonando de fondo en una biblioteca que ya rezuma paz por sí misma, el responsable de esta dependencia resalta el gran número de incunables que posee el seminario. “Destacan todos por el hecho de ser anteriores al 31 de diciembre de 1500”, indica. No obstante, puntualiza que hay libros de los primeros años del siglo XVI que aunque ya no se pueden catalogar como incunables comparten con estos muchas características y similar valor.

Entre los libros anteriores a 1500 se pueden encontrar diversas biblias y obras de Petrarca, Santo Tomás de Aquino y Cicerón, entre otros muchos autores. El incunable más antiguo que se conserva en esta biblioteca es las Opera de San Cipriano de Cartago, en una edición de 1471, según describió en 2014 el propio Malabia en su discurso de ingreso en la Real Academia Conquense de Artes y Letras (RACAL).

Los fondos antiguos también incluyen una colección de libros de viajes, además de un variado repertorio de biblias de diversa procedencia, algunas en hebreo. En este último punto, Malabia destaca la Biblia Regia de Felipe II y Arias Montano, que es políglota, al igual que otra edición inglesa de las sagradas escrituras que conservan.

Los anaqueles de esta biblioteca también guardan una enciclopedia francesa que Malabia califica como “obra excepcional” y también destaca una colección de viajes del siglo XVIII procedente igualmente del país vecino.

En la parte antigua de la biblioteca, las consultas más frecuentes son más acerca de las características materiales y formales de los libros -como, por ejemplo, la imprenta en la que vieron la luz o el tipo de papel- que sobre el contenido. En este punto, el responsable apunta a la dificultad de que gran parte de los volúmenes estén en latín o griego, por lo que los investigadores optan por recurrir a textos traducidos. “¿Quién va a leer el original de Santo Tomás de Aquino si hay ediciones críticas?”, plantea.

Orígenes de la biblioteca

El canonista y diplomático Alfonso Clemente de Aróstegui, originario de Villanueva de la Jara, fundó en el siglo XVIII la biblioteca pública del seminario -había otra privada-, aportando una importante colección, que se sumaría a los fondos propios de la entidad y a los volúmenes que llegaron de la Compañía de Jesús.

A lo largo de estos siglos, la biblioteca se ha visto afectada por los avatares de la historia, habiendo sufrido una importante merma durante la guerra civil española. Antes de ocupar hace una década las actuales dependencias en la iglesia de La Merced, los fondos estaban en una estancia en el seminario en la que había problemas de filtraciones, por lo que se decidió acometer la obra en el espacio desacralizado para contar con unas mejores instalaciones que garantizaran el mantenimiento de los libros en unas mejores condiciones.

Malabia, que es párroco en el municipio de Arcas y profesor en el seminario, lleva en la biblioteca desde el año 1997. “He trabajado mucho en el cambio a La Merced pero ahora se ven los resultados”, suspira, refiriéndose a la ardua tarea que supuso trasladar los fondos y catalogarlos.

Hace tan solo unos meses, vio también cómo por fin se resolvía un episodio turbio y triste para la biblioteca como fue el robo de volúmenes en las décadas de los ochenta y los noventa y que fueron vendidos en la casa de subastas Durán. Este julio, tras años de litigio, la Guardia Civil procedió a la devolución de 263 libros sustraídos que se encontraban custodiados en la Biblioteca Nacional. Entre ellos, estaban diez incunables entre los que se encontraban unas Etimologías de San Isidoro, libros de Petrarca y una geografía de Estrabón, de gran valor histórico.

Para Malabia, estar al frente de la biblioteca supone una tarea de “mucha responsabilidad” y que también le ha dado “muchos disgustos”, aunque reconoce que estar en estas dependencias le aporta mucha tranquilidad y se trabaja muy bien en ellas.

Entre los retos de futuro, el responsable explica que deben completar el catálogo de los fondos. Por el momento, no se van a embarcar en digitalizar los libros porque es algo muy complejo que ya hacen otras bibliotecas como la Nacional, aunque sí se plantean digitalizar las portadas. Además, apunta que cuentan con “material suficiente” para organizar exposiciones temporales y señala que también le gustaría que la biblioteca estuviera más al servicio de la universidad.

“Los libros son unos amigos muy agradecidos. Solo hablan si los abres y te hacen mucha compañía”, bromea, al tiempo que plantea que los libros de Julio Verne fueron posibles por su brillante imaginación pero también “porque tenía una gran biblioteca”.

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