Una generación que empieza a hacerse un nombre
Hay quienes dibujan personajes que llevan tiempo viviendo en sus historias, quienes se lanzan a hacer animación sin haber tocado antes un programa y quienes convierten una afición por la fotografía en una herramienta con la que empezar a ganarse la vida. Son caminos distintos, pero comparten algo: el impulso de crear y las ganas de encontrar un lugar donde mostrar lo que hacen.
La Sala ACUA de Cuenca reúne hasta el 30 de septiembre una selección de los trabajos ganadores y finalistas de los XVI Concursos Culturales de la Universidad de Castilla-La Mancha. Más allá de los reconocimientos, la exposición permite acercarse a una generación de estudiantes y egresados que experimenta con lenguajes muy diferentes y que empieza a construir una identidad propia como creadora.
NOMBRES PROPIOS
David López Soriano, estudiante de Bellas Artes, llegó a la convocatoria casi por casualidad. Tenía una obra que había surgido de la experimentación con unos rotuladores de punta de pincel que no solía utilizar. A partir de ahí recuperó uno de los personajes de sus propias historias y lo situó en un paisaje construido mediante trazos que envuelven la figura.
El resultado fue una pieza premiada por el jurado con 400 euros y que ahora comparte espacio con otras dos obras suyas. Para López, que comienza tercero de carrera, lo interesante está también en ese proceso de probar, equivocarse y descubrir qué posibilidades ofrece cada técnica. La exposición supone una oportunidad para ver cómo ese trabajo personal empieza a dialogar con el de otros creadores de su generación.
Algo parecido ocurre con Julio Garriga Vega, aunque su aproximación parte del audiovisual. Su obra The TFG Odissey nació como Trabajo Fin de Grado y de una pasión que arrastraba desde mucho antes: la animación. Nunca había trabajado con ella durante la carrera, pero decidió lanzarse a pesar de no tener conocimientos previos.
Tutoriales, pruebas y muchas horas de trabajo fueron dando forma a un proyecto que inicialmente ni siquiera tenía demasiado planificado. Lo que empezó como el intento de explorar una disciplina que le fascinaba terminó convirtiéndose en una pieza de la que se siente especialmente orgulloso.
Presentarla fue, en realidad, una manera de dejar que ese trabajo saliera de su ordenador y llegara a otros espectadores. Quería que la gente lo viera, que opinara y que pudiera descubrir lo que había detrás de aquellas horas de aprendizaje. Finalmente, ganó el Premio del Jurado en Creación Audiovisual.
De la categoría de Fotografía, Paz García Blanes ha encontrado también una forma de convertir la curiosidad y la formación en una trayectoria profesional. Su imagen Fuego en Bitrir nació durante la cobertura del festival de arte callejero Art en Vitril, en Petrer, un evento que ya conocía y al que había acudido anteriormente con su cámara.
Su relación con la fotografía empezó en la universidad, gracias a la asignatura de Fotoperiodismo, donde aprendió a manejar una cámara réflex. A partir de ahí decidió comprar su propio equipo y continuar aprendiendo por su cuenta. No fue sencillo: compaginó los estudios con trabajos en hostelería hasta poder permitirse una cámara profesional.
La universidad volvió a jugar un papel importante al facilitarle el acceso a equipos mediante el servicio de préstamo de la Facultad de Comunicación. Para García, disponer de ese material y contar con profesionales que orienten a los estudiantes permite a acceder a herramientas que, de otro modo, serían difícil de lograr.
VIVIR DE TU VOCACIÓN
Son ejemplos de cómo las aficiones se pueden desarrollar hasta convertirse que en una actividad profesional. García Blanes ha podido realizar otros trabajos relacionados con la fotografía y seguir invirtiendo en su equipo.
Y ahí aparece otra dimensión de estos concursos: el dinero como combustible para que el talento no se detenga.
El reconocimiento económico no solo recompensa el trabajo realizado, sino que puede regresar directamente al proceso creativo. En el caso de García, ese apoyo se traduce en material con el que continuar trabajando; para otros creadores puede significar recursos para producir una nueva pieza, experimentar con otra técnica o disponer de más margen para dedicar tiempo a su vocación.
Es una diferencia importante cuando se está empezando. Un premio puede decirle a un estudiante que su trabajo merece ser visto, pero también puede proporcionarle los medios para hacer el siguiente.
PEQUEÑO GRAN PASO
Esta exposición que ahora reside en la Sala ACUA, en pleno Casco Antiguo, representa algo más que una recopilación de obras premiadas. Es un pequeño retrato de una generación que está creando su propia voz. Jóvenes que experimentan, aprenden por su cuenta, aprovechan los recursos de la universidad y empiezan a tener sus primeros escaparates.
En definitiva, el talento joven no solo necesita formación, también espacios donde ser visto y recursos para seguir creando.