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Descubrimientos a Millares

Entrevistamos a Manuel Fontán, director del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, y a Alfonso de la Torre, comisario de la exposición "Descubrimientos Millares, 1959-1972"

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Fotos: Evelyn Mardomingo
25/1/2020 · José An. Montero// Inés Villodre

El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca acoge "Descubrimientos Millares, 1959-1972", una exposición que recoge una integral de la toda la obra gráfica del artista canario Manuel Millares, "pintor del día doloroso y la noche", como lo llamó Alberti en el poema que cierra la muestra.

El catálogo razonado de Manolo Millares fue el precedente para una sucesión de descubrimientos sobre el camino. La obra gráfica de Millares ha servido en este caso como pistas en un mapa del tesoro a fin de desvelar una exposición que servirá de precedente para el posicionamiento de la obra gráfica en el lugar que le pertenece.

En una vida que se vivió a través de ella y no desde la perspectiva mortal, cortada de repente por una muerte inesperada que nos privó de un artista clave para entender el siglo XX.

Alfonso de la Torre, comisario y crítico de arte que autor del magno catálogo razonado "Obra gráfica (1959-1972) de Manolo Millares", editado en 2016 por el Museo del Grabado Español Contemporáneo, la JCCM, la Fundación Juan March y la Fundación Antonio Pérez, que vino a completar el "Catálogo Razonado de Pintura de Manuel Millares" editado por el Reina Sofía y la Fundación Azcona en 2004.

Fue precisamente el catálogo razonado de la obra gráfica el germen de esta exposición. En él se reunía la totalidad de su obra grabada, desde las primeras colaboraciones en 1959 para la mítica revista KWY editada en París, hasta sus últimos ejemplares grabados en 1972.

Un catálogo bibliográfico que pedía, casi exigía, la realización de una exposición donde se reuniesen por primera vez todas estas obras que trazan los últimos años de la trayectoria vital que forma parte de la columna vertebral del arte español del siglo XX.

Estructurada a través de las cinco series denominadas "artesanales" Mutilados de paz (1965); Auto de fe (1967); Antropofauna (1970); Torquemada (1970) y Descubrimientos Millares 1671 (1971), la muestra que ahora acogen las Casas Colgadas de Cuenca recoge de una manera cronológica la totalidad de la obra gráfica del artista canario desde su llegada a la península, sus estancias en París o Cuenca, donde compró una casa con la fachada "color frambuesa", que a veces parece percibirse en algunas de las obras que forman parte de esta exposición.

Una muestra que recala en Cuenca tras su paso por la Real Academia de San Fernando y el Museo del Grabado Español Contemporáneo y que, después de mayo, irá a la sede de Palma del Museo Juan March.

Visitamos la exposición acompañados por el propio Alfonso de la Torre y Manuel Fontán del Junco, director de exposiciones de la Fundación Juan March. Unos pasos por delante, Elvireta Escobio la viuda del artista, acompañada de su hija, Coro Millares, van descubriendo el diálogo de estas piezas con las paredes del Museo Abstracto donde fueron creadas alguna de ellas.

P.- ¿Cuál es la razón de que la exposición se inicie en 1959?

Alfonso de la Torre.- La exposición comienza en dos puntos interesantes, que son; el momento en el que, en París, se encuentra con René Bertholo y Lourdes Castro que están haciendo la revista más experimental de aquel momento, que es KWY. En esa revista se hace en serigrafía, ya que Bertholo es experto en serigrafía. Es una revista en la que, durante su breve existencia, colabora toda la vanguardia europea de la época, desde João Vieira al Christo o Jan Voss. En ella incluían discos de vinilo, plástico, arpilleras, un poco de todo. René Bertholo y Lourdes Castro invitan a Millares a hacer una serigrafía para las cubiertas de los números 5 y 8 que se pueden ver esta exposición.

P.- ¿Cómo puede ser que sin estar todos los elementos característicos de Millares tengamos la sensación de presencia del artista, de esa fuerza?

Manuel Fontán.- Si algo no es (Millares) es superficial y plano en sus grabados. Tienen un fondo y una fuerza que parece que los negros se van a salir de la obra. Supongo que tiene que ver con que Millares es desde el principio de su carrera un gran dibujante, y un informalista. No es un abstracto geométrico que haga piezas planas. Habitualmente estamos acostumbrados a que una exposición de obra gráfica está considerada como algo menor. En este caso, la gráfica de Millares es excepcional, está al nivel de su obra mayor.

P.- Millares fue reconocido mundialmente muy rápidamente...

Alfonso de la Torre.- En octubre del 55 llega a la península, desde Canarias. Muy pronto, en 1957, participó en la Bienal de Sao Paulo y en 1958 en la Bienal de Venecia, ya con sala propia. En la Bienal de São Paulo se dio la coincidencia de que se dedicó una sala especial dedicada a Jackson Pollock tras su dramática muerte. Allí acudió toda la inteligencia americana, desde Alfred Barr, primer director del MoMa, Frank O'Hara, poeta conservador del mismo o el arquitecto Philip Johnson. Todos los intelectuales del momento pasaron por el espacio de Millares y allí adquieren las arpilleras, de diez arpilleras, cinco van a EEUU. Eso supuso un reconocimiento mundial de la obra de Millares.

P.- ¿Cómo han contribuido los catálogos razonados al reconocimiento de la obra de Millares?

Manuel Fontán.- Esta es una de las cosas que me parece importante puntualizar. Se hacen muchas exposiciones, a todas horas y en todos los sitios, y aunque son una tautología, se hacen las exposiciones que se tienen que hacer, las que sean necesarias. Una de las pruebas que te dan la pista de que una exposición es necesaria o no es que ella misma haya nacido de la necesidad y esta exposición ha nacido de la necesidad. Alfonso de la Torre escribe el Catálogo Razonado de pintura de Manolo Millares, entrando en el universo Millares de una manera total, primero de la mano de Juan Manuel Bonet y después en solitario. Empieza a recibir preguntas, dudas, consultas sobre la obra gráfica de Manuel Millares y así es como empieza a ordenar lo que sabe y se da cuenta de que prácticamente ha hecho el censo para hacer el catálogo razonado. Cuando el catálogo se termina, se pregunta cómo puede haber un catálogo sin exposición. Y se hace la exposición.

P.- Descubrimiento Millares, un título que nos abre la puerta a numerosos juegos de palabras.

Alfonso de la Torre.- Alude a la carpeta final, Descubrimientos (1971), es realmente el encargo de Zóbel a Millares. Un encargo que se produce en el año 70 y que queda algo inconcluso porque sólamente se llegaron a numerar y firmar unas sesenta y cinco carpetas. Descubrimientos Millares habla de Cuenca. Toda la exposición quiere redundar en la importancia que tuvo Millares en el Museo Abstracto. La familia Millares tuvo casa en Cuenca y participó en la primera serie de obra gráfica del museo en 1964 y acompañó todo el devenir del Museo desde Zóbel y Millares se conocieran en 1963.

La existencia de estas carpetas permite articular varios hilos narrativos. Uno es el de las técnica gráficas, es decir, hay carpetas en serigrafía y en técnicas calcográficas. Permite también saber las temáticas que preocupaban a Manolo Millares, simplemente los títulos son ya definitorios: Mutilados de paz, Auto de fe, Antropofauna, Torquemada y Descubrimientos. Este ciclo de carpetas que componen este corpus cronológico que se entrecruzan permanentemente. En este caso es un Millares maduro, desde la primera a la última carpeta.

P.- Además de las carpetas, hay otros materiales algunos muy desconocidos.

Alfonso de la Torre.- Las carpetas se articulan en una frecuente relación con la poesía. Se encuentran con poemas de Alberti, de Padorno, con el libro de poemas de amor de Miguel Hernández. Junto a eso, esta exposición habla de la construcción del ser artista, es decir, cómo un artista además del éxito de la consecución de los grandes cuadros, hay todo un camino por trazarse que es el del fracaso, las vías exploratorias.

P.- ¿El Museo de Arte Abstracto Español es clave en esta obra gráfica?

Manuel Fontán.- En el caso del museo, Descubrimientos (1971), con esa carpeta impresionante hecha en madera por Domingo Garrote, fue un empeño del propio Zóbel muy empeñado. Una de las grandes contribuciones del Museo fue, no sólo crea junto con Gustavo Torner un espacio en el que exponer su colección de pintura, sino que además creó el que se llamó Departamento de Artes Gráficas, ayudado por Abel Martín, por Antonio Lorenzo y por los hermanos Blasi. Zóbel era muy consciente de que el equivalente a lo que hoy es la web, en aquel momento era la obra gráfica. Que se hiciera una carpeta y hubiera 50 ejemplares significa que había 50 lugares y personas, públicos potenciales que podían conocer a Millares sin ir a un museo donde hubiese una obra de Millares.

P.- ¿En sus últimos trabajos encontramos una especie de texto ilegible, una poesía sin palabras?

Alfonso de la Torre.- En cualquier caso es escritura, una escritura convertida convertida en símbolos, que habla de la memoria, de la memoria histórica y que nos evocan a los legajos inquisitoriales. Viene de una familia de historiadores que han estudiado la Historia de la Inquisición en Canarias, y mucha de su escritura evoca los textos inquisitoriales, a veces digo que es hipertextual por el uso de escrituras que son simbólicas que no remiten a nada pero remiten a todo. De hecho hay dos carpetas, una llamada "Auto de fe" y la otra llamada "Torquemada" pues que hablan de ese mundo inquisitorial.

P.- ¿Cómo convive la obra de Millares con el resto de colecciones del museo?

Manuel Fontán.- Todos los integrantes de la colección, estuviesen más comprometidos políticamente o no tienen algo en común, y es que lo primero que se en lo que creen es el arte. La fe en el arte como algo mucho más poderoso que el compromiso político, mucho más vocacional y trascendente. Eso hacía que muchas personas sin ninguna ligazón política como Fernando Zóbel convivieran con artistas que eran en ese momento miembros o compañeros de viaje del Partido Comunista. En el origen de este museo había artistas muy comprometidos en términos políticos, pero que entendían que eso era perfectamente compatible con hacer un arte aparentemente neutro. Y eso no es habitual, por eso Cuenca constituyó un momento mágico en lo que une a todos estos artistas fue el arte.

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