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Cuatro décadas contando pasos de baile

La Academia Dolores Muñoz, fundada en 1986, fue pionera en implementar el ballet y el flamenco profesionalmente en la ciudad de Cuenca
Foto: Jesús Herráiz
19/07/2026 - Marina Cazallas

Pasar por la misma puerta todos los días. Para Dolores Muñoz, directora de la Academia de danza que lleva su nombre, esta es la mayor gratificación que se le puede hacer después de cuatro décadas de trabajo constante y disciplina. Este centro de enseñanza lleva impartiendo clases de ballet clásico y flamenco, entre otros, a cientos de alumnos y alumnas desde su fundación en 1986. Fue pionero en la ciudad, pues en ese momento no había academias o escuelas de baile. Y desde entonces, han ofrecido una formación completa, donde los docentes han depositado todos sus conocimientos sobre esta disciplina con el objetivo de que, algún día, salgan de las puertas de la academia bailarinas con potencial. Y esas promesas de la danza han podido demostrar sus dotes artísticas en su Festival de Fin de Curso en el Teatro Auditorio José Luis Perales.

LLEVAR TU PASIÓN A CASA
Dolores Muñoz antes de fundar la academia, ha llegado a actuar en los escenarios más emblemáticos de Madrid, como el Teatro de la Zarzuela, el Teatro Español o el Teatro María Guerrero. Por otro lado, se formó como profesora de Danza Española en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y Danza de Madrid. Cuando abandonó el espectáculo como bailarina, decidió dedicarse, en su lugar, a enseñar su vocación en centros privados. Una actividad que pudo compaginar con su puesto como profesora de Psicología en la Universidad Complutense de la capital española.
Sin embargo, cuando nació su primera hija, la también bailarina y docente Lola Segarro, volvió a Cuenca. Fue en la ciudad cuando se dio cuenta de que no había un sitio, recuerda, donde sus propias hijas pudieran bailar. “Así que abrí una academia”, explica Dolores Muñoz y añade que su objetivo principal era ofrecer una educación profesionalizada de la danza en Cuenca y, así, evitar el éxodo de jóvenes que no encontrasen oportunidades en esta ciudad.
Aquel proyecto tuvo su comienzo a finales de los años ochenta y, hoy en día, permanece en el mismo local. “No ha cambiado nada desde entonces, y eso es lo que más me gusta”, describe Muñoz. Fue diseñado por el arquitecto Arturo Ballesteros y está situado en la calle Maestro Pradas de Cuenca, les ha ofrecido durante años. Por allí han pasado profesores vinculados al centro Víctor Ullate de Madrid, además de profesionales que han desarrollado su carrera en el Ballet de Tel Aviv o la Compañía Nacional de Danza de Lisboa. En este sentido, el alumnado de la academia, como explica la directora Dolores Muñoz, han podido acceder a una educación completa de ballet, danza española, flamenco “siguiendo planes de estudios vinculados a conservatorios y centros oficiales” vinculados a la Royal Academy of Dance de Londres, institución internacional presente en más de ochenta países de todo el mundo. Los alumnos que van a la academia se empiezan a examinar desde los 6 años bajo criterios muy estrictos para seguir avanzando en su carrera de bailarines profesionales.

FESTIVALES CON HISTORIA
Después de realizar exámenes exigentes, los alumnos participan desde la fundación de la academia en una muestra de fin de curso donde pueden desplegar al público general lo que han aprendido a lo largo de los años.
El primer festival, recuerda Dolores Muñoz, fue en la Casa de la Cultura, donde hoy en día se sitúa la Biblioteca Fermín Caballero. “No había camerinos”, relata Muñoz, “las niñas que tenían que bailar estaban esperando en la calle, donde están los aparcamientos ahora. Y los programas para los festivales los hacíamos con máquinas de escribir”.
Allí estuvieron varios años hasta que decidieron hacer las muestras en el Teatro Cine Xúcar, en la calle Cervantes. Muñoz rememora una anécdota del estado del teatro: “no había luces, tuvimos que preparar una tabla larga a lo largo del escenario y clavarle bombillas para que hubiera luz en las caras de la gente. Teníamos que tapar una trampilla, donde el apuntador, porque si pisabas te podías colar y caer por el agujero”. Sin embargo, para la academia la anécdota más emocionante sucede en 1991. Las bailarinas de la academia fueron las últimas en pisar el escenario del Teatro Cine Xúcar: “cuando bailamos el último baile, nos salimos fuera, que había una pasarela por delante para hacerles firmas de modelos y tal. Pasamos por la pasarela, nos sentamos y vimos cómo bajaba el telón”.
El siguiente capítulo fue la Iglesia de San Pablo, donde tenían que bailar subiendo y bajando escalones. Pero esta estancia duró pocos años, porque, finalmente, abre en 1994 el Teatro Auditorio. Allí seguirán actuando hasta el día de hoy. “Cuando llegamos estaba igual que el sitio anterior. No había luces, sonido. Luego, poco a poco se iba dotando de medios técnicos, y así ha estado evolucionando hasta ahora, después de 32 años”, narra Dolores Muñoz.

RIGOR E INDEPENDENCIA
La academia ha llegado este año a su festival número cuarenta. Celebran haber mantenido sus valores intactos, como la arquitectura de la propia academia donde forman cada año a cientos de alumnos. “Rigor, calidad, independencia y autosuficiencia”, resume la directora como sus máximas. Cuatro palabras que sintetizan la historia de una academia que ha marcado la formación de varias generaciones de bailarines y, con este festival, han celebrado por todo lo alto el talento joven de Cuenca.