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El azul infinito de Yves Klein encuentra su lugar en Cuenca

El Museo de Arte Abstracto Español reúne más de veinte obras del revolucionario artista francés, cuyo paso por España como maestro de judo marcó el comienzo de su camino hacia la pintura
29/10/2026 - Rubén M. Checa

Antes de convertirse en uno de los artistas más revolucionarios del siglo XX, Yves Klein fue profesor de judo en España. Mucho antes de que su característico azul conquistara el mundo del arte, el creador francés encontró en nuestro país algunas de las claves que acabarían definiendo su trayectoria. Una historia poco conocida que ahora cobra protagonismo en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, que ha inaugurado este jueves la exposición ‘Yves Klein: un poco de infinito’, una muestra que invita al visitante a descubrir su particular universo artístico.

La exposición, que podrá visitarse hasta el próximo 31 de enero de 2027, reúne más de veinte obras procedentes del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), el Museo Reina Sofía y diferentes colecciones privadas. Se trata de una selección que permite recorrer las principales etapas creativas de un artista que, pese a fallecer con tan solo 34 años, consiguió transformar para siempre la manera de entender la pintura.

La comisaria de la muestra, Cristina Carrillo de Albornoz, ha explicado durante la inauguración que organizar una exposición de estas características ha supuesto un importante esfuerzo por la dificultad de conseguir préstamos de las obras del artista. Por ello, aunque no se trata de una retrospectiva convencional, prefiere definirla como una "retrospectiva joya".

"Cada una de las obras que está aquí realmente es un privilegio", ha destacado, subrayando que la exposición permite conocer las diferentes inquietudes y desafíos artísticos de Klein.

DE ESPAÑA AL ARTE UNIVERSAL

Uno de los aspectos más singulares de la exposición es precisamente la relación del artista con España, donde residió en dos ocasiones durante la década de 1950. En aquellos años, su principal dedicación no era la pintura, sino el judo, una disciplina que practicó y enseñó con absoluta entrega.

Carrillo de Albornoz ha detallado que fue durante su estancia en Madrid cuando Klein comenzó a plantearse definitivamente su futuro como pintor. De hecho, en la exposición puede contemplarse su primer libro de artista, realizado durante aquella etapa y en el que ya aparecen algunas de sus primeras investigaciones sobre las superficies monocromáticas.

La comisaria ha explicado que el judo tuvo una influencia decisiva en su posterior creación artística, especialmente por su relación con el movimiento corporal, el espacio y la espiritualidad. Aquella disciplina terminaría convirtiéndose en una de las bases de su particular manera de entender el arte.

Su estancia española también dejó conexiones personales con algunos artistas que acabarían vinculados al museo conquense. Es el caso de José María Iturralde, que llegó a conocerlo cuando todavía ejercía como profesor de judo y no había alcanzado el reconocimiento internacional.

El recorrido expositivo permite adentrarse en las principales aportaciones de Klein a la historia del arte, comenzando por sus célebres monocromos, obras construidas a partir de un único color con las que pretendía romper los límites tradicionales de la pintura.

Aunque inicialmente experimentó con diferentes tonalidades, terminó encontrando en el azul la mejor expresión de su universo creativo. Así nació el conocido International Klein Blue (IKB), un azul intenso que se convertiría en su principal seña de identidad.

Pero su revolución no se quedó únicamente en el color. Klein también quiso transformar la manera de pintar, sustituyendo los pinceles tradicionales por rodillos, esponjas e incluso cuerpos humanos.

De esta búsqueda surgieron las famosas Antropometrías, realizadas mediante la impresión de los cuerpos de modelos impregnadas de pigmento azul sobre los lienzos. También experimentó con el fuego y otros elementos naturales, convencido de que el arte debía superar los límites físicos de la pintura.

Una de las piezas más llamativas de la exposición se encuentra en la sala Z del museo, donde se ha instalado una piscina de pigmento azul que constituye uno de los grandes atractivos del recorrido.

Según ha explicado la comisaria, esta instalación pretende transmitir la energía y la espiritualidad que caracterizaron toda la producción de Klein. La intención es que los visitantes no se limiten a observar las obras, sino que puedan experimentar las sensaciones que despiertan.

La exposición llega a Cuenca después de su paso por la Fundación Juan March en Palma de Mallorca y cuenta con la colaboración de los archivos del artista en París. El proyecto se acompaña de diferentes materiales documentales y publicaciones que permiten profundizar en su trayectoria y en la particular historia de su célebre azul.