“Todo es empezar”: la tarea de llevar los bolillos a todas las generaciones
Mujeres reunidas en corrillo, con dedales en las manos, despeinando bobinas de hilo, ese hilo enredado en los dedos, y, entre el cotilleo y el “referir”, hacen de patrones textiles inertes sobre papel unos encajes de bolillo enrevesados que cuentan historias, nuestras historias. Una imagen que nunca se olvida y, gracias a ese recuerdo, las integrantes de la Asociación La Fuente del Abanico quieren llevar a todas las edades este arte tan poco practicado entre las nuevas generaciones.
La iniciativa comenzó a principios de año. Almudena López Cantero, presidenta de la asociación, además de otras compañeras de centros de mayores de la ciudad, tenían la espina clavada de aprender a hacer encaje con la técnica de los bolillos. Por ello, junto a una profesora, crearon esta comunidad con la que hasta mayo de este año han estado haciendo talleres. “En principio, las actividades eran para mayores de 60 años”, explica López Cantero. Allí se reunían con usuarios de los centros del Cuenca 1 y del Cuenca 2 para amenizar las tardes. Sin embargo, la iniciativa de esta entidad ha llamado la atención de personas más jóvenes que, o no aprendieron en su momento o directamente desconocían lo que era el encaje de bolillos. Lo que les lleva a un nuevo objetivo como asociación a parte de el mero ocio: “Seguiremos adelante porque el fin de la asociación es que la gente conozca los bolillos y se anime a hacerlos”, resume su presidenta.
Encajar en el nuevo “mundillo”
Cuando se empieza un proyecto de encaje de bolillos, se colocan alfileres en un orden concreto sobre una especie de almohada llamada “mundillo”. Al igual que en una obra de encaje, los miembros de la asociación quieren hacer más completo su proyecto y, así, que se corra la voz de su trabajo social por toda la ciudad. Sin embargo, explica Almudena López Cantero, aún no han conseguido un local estable en Cuenca capital que les permita organizar cursos durante todo el año, ya que los talleres de los centros de mayores finalizan en mayo y no se reanudan hasta octubre.
En esta espera a un local donde poder desarrollar una programación de cursos, han ido informándose y solicitando espacios a instituciones locales y entidades sociales, donde se encuentran con el inconveniente de largas listas de espera o, por otro lado, de costes de alquiler que no pueden afrontar llevando adelante una iniciativa gratuita para todos los públicos.
Más allá de la artesanía
“Todo es empezar”, afirma López Cantero cuando se le pregunta si ha sido difícil para las alumnas de mayor edad enfrentarse por primera vez a los bolillos. Aunque, según relata, es más satisfactorio ver cómo algunas compañeras se reencontraban con este arte después de años sin poder dedicarle un rato. “Teníamos a cuatro personas bastante mayores. Y una mujer en concreto, que desgraciadamente ha fallecido, estaba en una residencia y la sacaba su hija para ir al centro a hacer bolillos. Ella estaba muy contenta porque se juntaba a hacer una cosa que le había gustado toda la vida”.
Para la Asociación La Fuente del Abanico, los talleres de encaje de bolillos no solo consisten en conocer una nueva técnica artesanal. Son puntos de encuentro donde recuperan el factor social de aprender juntos. “Para nosotras es como terapia. Te concentras en tu proyecto, ayudas a tus compañeras y hablas de tu día a día”, cuenta su presidenta, quien añade que es una labor social que crea comunidad: “De vez en cuando hacemos comidas, vamos a encuentros. Es, a final de cuentas, una relación de amistad”.