Ocho de la tarde en el barrio de San Antón. A las puertas de la Iglesia de la Virgen de la Luz esperan con impaciencia decenas de conquenses. Impera el silencio. La imagen de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la Columna asoma por el pórtico y su paso sereno estremece, un año más, al popular barrio conquense. Comienza el tradicional Vía Crucis del primer viernes de Cuaresma, una de las citas más significativas de este tiempo litúrgico y prólogo de la ansiada Semana Santa.
El acto penitencial, que se instauró en el año 1998, y que se ha ido consolidando año tras año en el calendario cofrade conquense, ha congregado a vecinos, hermanos y fieles en torno a la imagen del ‘Amarrao’.
La imagen de Luis Marco Pérez ha sido portada sobre unas sencillas andas a hombros de los banceros de la Hermandad, iniciando así un recorrido que ha discurrido por la calle San Lázaro, la avenida de los Alfares, la calle Belén y la calle Hermanos Pérez del Moral, regresando posteriormente por las mismas vías en sentido inverso. A lo largo del itinerario se han realizado las catorce estaciones del Vía Crucis.
La música ha corrido a cargo de un trío de Capilla de Cuenca, cuyo sonido sobrio y contenido ha acompañado el clima de introspección durante todo el recorrido. Cada parada, rezo y silencio han ido creando una atmósfera de recogimiento que han vuelto a convertir las calles de San Antón en un espacio de oración compartida.
Antes del Vía Crucis se ha celebrado la Santa Misa, y la eucaristía ha estado presidida por el obispo de la Diócesis de Cuenca, monseñor José María Yanguas, con el acompañamiento musical del Coro de Cámara Alonso Lobo.