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Preparados para la vuelta

La docencia y el órgano organizativo de los centros ponen a punto las aulas, los programas y los itinerarios que seguirá el alumnado este nuevo curso que comienza el 8 de septiembre
Preparados para la vuelta
Foto: Saúl García
04/09/2026 - Marina Cazallas

Antes de que vuelvan a sonar los timbres, de que los pasillos se llenen de carreras, mochilas y voces infantiles y de que los alumnos regresen a las aulas, los colegios viven unos últimos días de silencio. Pero es solo aparente: mientras los niños apuran sus vacaciones, en los centros ya se prepara el nuevo curso. Se reorganizan aulas, se ordenan materiales, se celebran reuniones y se ultiman horarios, apoyos y tutorías. En el CEIP Santa Ana, como en tantos otros colegios, el 8 de septiembre marcará el regreso oficial, aunque para quienes sostienen la maquinaria educativa este mes haya comenzado mucho antes. Y es que todo puede estar preparado, pero una vez se cruza esa puerta todo puede pasar. 

“El inicio del curso siempre es un periodo de tiempo complicado”, explica Andrés Romero, director del Santa Ana. La experiencia permite, sin embargo, que buena parte de la maquinaria esté engrasada antes de que llegue el primer día de clase. La estabilidad del claustro juega a favor: muchas funciones y programas continúan de un año para otro y una parte importante de la planificación queda cerrada en junio. Durante agosto, el equipo directivo vuelve a reunirse para incorporar las novedades surgidas durante el verano y, desde el 1 de septiembre, comienza una semana de preparación especialmente intensa.

El colegio parte este curso con unos 390 alumnos y una plantilla de 33 profesores, aunque cuatro de ellos están compartidos con otros centros. Entre los nuevos alumnos destacan los 26 niños que comienzan Infantil de tres años. La matrícula, no obstante, todavía no está cerrada: el centro prevé seguir recibiendo incorporaciones a lo largo del curso y calcula que podría terminar alrededor de los 400 alumnos. Antes de que lleguen los estudiantes hay que dejarlo todo listo. La escuela de verano municipal ha ocupado las aulas durante las vacaciones, por lo que toca devolver cada espacio a su configuración habitual. “Hay que volver a adecuar las aulas”, señala Romero. Cambiar mobiliario, organizar materiales, preparar las nuevas tutorías y adaptar los espacios al alumnado que llega son solo algunas de las tareas de estos primeros días.

A eso se suma la organización de apoyos, equipos de trabajo, reuniones de ciclo, recreos, filas y patios. También se suceden los encuentros con las familias. Las de los niños que empiezan Infantil conocen a sus nuevas tutoras y reciben información sobre el periodo de adaptación; quienes pasan de Infantil a Primaria deben afrontar un cambio de metodología; y los alumnos que llegan a tercero de Primaria se encuentran con otra novedad importante: el modelo digital del centro.

 

Foto: Saúl García

Si algo define al Santa Ana es precisamente su actividad. El centro mantiene programas de bilingüismo, salud, digitalización, artes escénicas, innovación, radio y televisión escolar, Aula del Futuro y apoyo específico al alumnado, entre otros. “Tenemos ya tantos programas y participamos en tantos planes que ya no nos caben más en el horario”, bromea el director.

La frase resume también uno de los grandes desafíos del colegio: no se trata solamente de poner en marcha proyectos nuevos, sino de conseguir que todos encajen y se complementen. El programa digital conecta con el plan de innovación; el bilingüismo se relaciona con la internacionalización; y la radio y la televisión escolar encuentran continuidad en el nuevo proyecto europeo Erasmus+.

Este será, de hecho, uno de los grandes protagonistas del curso. El Santa Ana afronta su cuarto año de acreditación Erasmus+ con un proyecto centrado en los medios de comunicación. La televisión escolar, el podcast y la creación de un periódico colaborativo serán el hilo conductor de un trabajo en el que participarán cuatro centros: el Santa Ana y otros socios de Oporto, el norte de Italia y la isla de Creta.

La experiencia ya tiene terreno abonado, pues el colegio cuenta con su propia Radio Santa Ana y un canal de televisión escolar en YouTube. Las actividades que realizan los alumnos en las aulas pueden convertirse después en pequeños reportajes o podcasts. “En cuanto te ven con el micro en la mano ya saben que va a pasar algo”, cuenta Luis Ángel Martínez Domingo, profesor de Inglés y coordinador del programa bilingüe.

La apuesta por las artes escénicas es otra de las señas de identidad. Apenas una semana después de comenzar las clases, los profesores prepararán una representación sobre la Reconquista de Cuenca para que los alumnos comprendan el origen y el significado de las fiestas de San Mateo. Después llegarán los festivales de Navidad y otras representaciones durante el curso.

 

Tecnología con sentido

 

El uso de dispositivos digitales es otro de los asuntos que obliga a la escuela a adaptarse a una realidad que cambia a gran velocidad. Desde tercero de Primaria, buena parte de las asignaturas se trabajan mediante dispositivos y licencias digitales. Sin embargo, el centro marca una diferencia entre utilizar una herramienta tecnológica dentro de un entorno educativo controlado y el acceso sin supervisión a un teléfono móvil. “La cuestión no está en prohibir, está en enseñar a usar bien”, resume Romero.

El colegio trabaja además la prevención de riesgos digitales junto a la Guardia Civil y la Policía Nacional mediante el programa Ciberexpertos. En este sentido, la preocupación no está tanto en que un niño utilice una tablet durante una actividad concreta como en que disponga de un móvil con acceso a internet sin filtros ni supervisión familiar.

Es una realidad que llega cada vez antes a las casas y que obliga a que la educación digital no quede limitada a las aulas. Por ello, desde los centros escolares intentan reforzar el vínculo que se establece entre el entorno familiar y el ámbito educativo, dos conceptos que deben darse la mano para criar a los adultos del futuro.

 

LA AVENTURA LLEGA POR LA PUERTA

Por mucha planificación que exista, hay una parte del curso que ningún calendario puede anticipar: los propios alumnos que cruzan la puerta del colegio por primera vez.  

Romero señala que cada vez llega más alumnado con necesidades relacionadas con la inclusión educativa y que no siempre los recursos humanos disponibles son suficientes. Este año, sin embargo, la valoración de la plantilla es positiva, aunque la dirección mantiene la cautela: las necesidades reales se conocen conforme avanza el curso.

En convivencia, el centro no parte de una situación especialmente problemática. La diversidad también forma parte de su realidad: aproximadamente un 30% del alumnado procede de familias inmigrantes. La dirección asegura que esta circunstancia no está generando dificultades especiales y destaca el alto grado de colaboración de las familias.

La relación entre escuela y hogar, sin embargo, exige cada vez más atención. Uno de los cambios que detectan los docentes es el aumento de la sobreprotección. Romero recuerda cómo han evolucionado los niños que llegan a Infantil durante sus años de experiencia y apunta a una mayor dependencia y a una tendencia de algunas familias a protegerlos excesivamente. Por ello, sostiene que aprender también implica jugar, experimentar, equivocarse y ganar autonomía. “La comunicación tiene que ser fluida, sincera y total, porque si no, el barco no funciona” añade Luis Ángel y remarca que esa sobreprotección puede trasladarse a la relación entre familias y profesores. Ante un problema, considera fundamental acudir primero a quien está en el aula y entablar un vínculo de confianza. “Aquí estamos trabajando todos para lo mismo”, resume el profesor.

 

DESPEDIDAS Y NUEVOS COMIENZOS 

Este septiembre tiene además un significado especial para la dirección del Santa Ana. Andrés Romero afronta su último curso antes de jubilarse, después de ocho años al frente del centro. El jefe de estudios también se jubilará este año. Durante los próximos meses se desarrollará el proceso de elección del nuevo equipo directivo, previsiblemente hasta febrero, para después iniciar una transición que permita cerrar el curso con normalidad. Romero contempla el cambio con optimismo. “Damos paso a gente nueva con nuevas ideas y nuevo ímpetu”, afirma.

Mientras tanto, Luis Ángel, con casi 31 años de experiencia docente, tampoco afronta un curso idéntico a los anteriores. Además de continuar con Inglés y la coordinación del bilingüismo, este año impartirá Science y tendrá un grupo de Infantil. Para un profesor veterano, también hay territorio desconocido. “El gusanillo ahí lo tienes siempre”, reconoce Luis Ángel. Para él, cada septiembre es “una nueva aventura”. Y ahí reside, pese a los cambios, los retos y las incertidumbres, una de las constantes del Santa Ana: la ilusión por volver a empezar.

Mientras el colegio se prepara para recibir a sus casi 400 alumnos, profesores y familias vuelven a formar una comunidad que crece junta. Porque en todos los colegios, cada curso cambia, pero la necesidad de aventura sigue intacta.