Mujeres al volante que rompen estereotipos
Parece mentira que en pleno año 2026 ver a una mujer a los mandos de un autobús urbano siga causando asombro, pero en las calles de Cuenca es una realidad que aún sigue pasando. Bien lo saben Verónica Domingo González y Liliana Bonet Cabañas, las dos únicas conductoras de Líneas Urbanas de Cuenca, quienes llegaron al puesto hace casi un año, en abril de 2025, y desde entonces han tenido que armarse de paciencia, pericia al volante y mucha psicología.
Su salto a los autobuses urbanos fue propiciado por la necesidad de conciliación y la búsqueda de mejores condiciones. Venían de conducir furgonetas y microbuses en Rubiocar, pero tras un proceso de ampliación de plantilla en la UTE del bus urbano, la empresa apostó por ellas, las formó para dominar los gigantes eléctricos de 12 metros y las integró sin miramientos. Sin embargo, el verdadero examen les esperaba en cada parada.
“Tu puesto es estar en la cocina”
Si bien dentro de la empresa el apoyo de sus compañeros y jefes es absoluto asegurando que no han tenido ningún tipo de mala acción hacia ellas, la calle es otro cantar. Para muchos usuarios, especialmente los más mayores, que las puertas del autobús se abran y haya una mujer al volante sigue siendo un impacto visual.
“Los abuelillos van andando y de repente ven a una mujer... y se paran. Les cuesta asimilarlo. En Cuenca casi nunca ha habido chicas en los urbanos, para ellos es algo muy raro”, relata Liliana.
Pero el asombro no siempre es silencioso. Ambas han tenido que soportar comentarios profundamente machistas en pleno trayecto. A Liliana, un conductor que hizo una maniobra indebida le gritó desde la calle que no tenía que estar conduciendo, que tenía que estar en casa cocinando.
Verónica sufrió un episodio idéntico con un pasajero del barrio del Castillo. Su respuesta, sin embargo, fue tajante. Le dejó claro que cuando llegaran a la parada le dijera si había conducido bien o mal, “pero que mientras tanto se callara la boca”. Al llegar a su destino, el hombre se tuvo que tragar las palabras y reconocer la pericia de la conductora.
Ser autobusera en Cuenca exige mucho más que saber tomar las cerradas curvas de la Audiencia o conducir por el barrio de Las Quinientas. Requiere nervios de acero. Y es que, las dos conductoras lidian a diario con grupos de adolescentes que se niegan a pagar o a enseñar el DNI, con las prisas de los viajeros cuando el tráfico retrasa las rutas y, en ocasiones, con situaciones de auténtico peligro.
Verónica recuerda una ocasión en la que un pasajero la insultó e incluso intentó agredirla. Liliana, por su parte, tuvo que paralizar un autobús y llamar a una patrulla cuando una usuaria la emprendió a gritos e insultos, culpándola de un retraso de cinco minutos por el que la conductora no tenía culpa alguna.
“Alguna vez nos han dicho que nuestro sitio está en la cocina, pero cuando termina el trayecto reconocen que conducimos bien”Pese a los tragos amargos, tanto Verónica como Liliana tienen claro que su trabajo compensa. Afirman que a lo mejor se encuentran a dos usuarios malos, pero hay cinco buenos que reconocen que conducen con mucha mayor precaución y suavidad.
Además, el autobús también es un espacio para la empatía. Hay personas mayores que suben solo buscando a alguien que las escuche, y usuarios habituales que les devuelven el cariño en forma de pequeños gestos. Las anécdotas amables se acumulan en su día a día, desde la trabajadora de la limpieza del AVE que les acerca un café caliente, hasta el vecino que en plena ola de calor les regaló una Coca-Cola fría al verlas pálidas, pasando por el señor con muletas que les lleva botellas de agua en agradecimiento por bajarle siempre la rampa del autobús.
En el marco del 8M ambas mandan un mensaje claro para cualquier mujer que dude si sacarse el carnet de autobús por miedo al qué dirán o a no ser contratada en un sector tradicionalmente masculinizado. Insisten en animar a las futuras conductoras, recordando que el primer día siempre asusta, pero que si es tu vocación al final no sientes que vas a trabajar, sino a disfrutar de tu hobby.
Aprovechando los micrófonos, las dos compañeras no pierden la oportunidad de lanzar dos reivindicaciones muy claras para mejorar su día a día y el servicio. Por un lado, solicitan a la empresa la instalación de un datáfono para el pago con tarjeta. Tienen claro que esto agilizaría mucho el acceso, evitaría dejar a gente tirada y les ahorraría disgustos por no tener cambio suficiente para billetes grandes.
Por otro lado, dirigen su petición al Ayuntamiento para que la Policía Local empiece a multar de verdad a los coches aparcados en las paradas de autobús, en lugar de limitarse a dar avisos. Aseguran que al día siguiente los vehículos infractores vuelven a estar ahí, bloqueando el paso y provocando caravanas enormes en la ciudad, ya que con autobuses eléctricos de doce metros de largo les resulta imposible maniobrar.
Verónica y Liliana no solo están transportando a los vecinos de Cuenca; están abriendo camino, parada a parada, para las conductoras que vengan detrás.