En las aulas de Bachillerato de la provincia de Cuenca, el alfabeto griego se escribe cada vez en menos pizarras. Lo que durante décadas fue una pieza habitual de la rama de humanidades ha quedado reducido a pequeños grupos y, en muchos centros educativos de la provincia, ha desaparecido por completo. Actualmente, solo 59 estudiantes cursan Griego en toda la provincia. De ellos, 46 están en primero y 13 en segundo de Bachillerato, según datos facilitados por la Delegación de Educación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, una cifra que refleja la progesiva desaparición de esta asignatura.
La materia se imparte únicamente en siete de los veinte institutos repartidos por la provincia. Estos son el Fernando Zóbel, Lorenzo Hervás y Panduro, Pedro Mercedes y Santiago Grisolía de Cuenca capital. En la provincia todavía mantienen la asignatura en IES Orden de Santiago de Horcajo, en el Jorge Manrique de Motilla y en el Fray Luis de León de Las Pedroñeras.
Detrás de estas cifras hay una transformación progresiva del sistema educativo y del contexto social. María José Ramírez, profesora de Griego en el IES Santiago Grisolía, ha sido testigo directo de este cambio de paradigma. Cuando comenzó a trabajar, recuerda, en cada instituto había varios profesores tanto de Griego como de Latín, pero las sucesivas reformas educativas convirtieron a la primera en una optativa restringida únicamente al itinerario de Humanidades de Bachillerato.
A su juicio, la caída de matriculaciones no responde únicamente al modelo de optativas de la oferta académica, sino a una mentalidad cada vez más orientada hacia lo práctico y tecnológico. “Parece que si eliges letras vas directo al paro”, lamenta. Sin embargo, sostiene que la realidad laboral contradice esa percepción puesto que cada vez se demandan más profesores de Latín y Griego. “Hoy en día la docencía es una gran salida”, asegura. Además, el conocimiento del griego y el latín es fundamental para todos aquellos jóvenes que quieran estudiar cualquier grado universitario enfocado a los idiomas.

Ramírez rechaza la idea de que la asignatura haya quedado obsoleta o anclada en métodos del pasado. Por ello, explica que la enseñanza del griego combina lengua y cultura y que su enseñanza ha evolucionado, integrando metodologías renovadas. Más allá de la traducción de textos, el alumnado estudia el origen de la democracia, del teatro, de los juegos olímpicos o del pensamiento filosófico y científico. “Aprenden a escuchar las palabras y a preguntarse de dónde vienen. Se fomenta mucho el espíritu crítico”, afirma. Además, dice, “en el 85% de los casos quienes eligen la asignatura en primero de Bachillerato repiten en segundo porque les engancha”.
Eso sí, en su caso las clases son “muy reducidas” ya que actualmente solo tiene cinco alumnos en cada curso, lo que permite que la atención sea “muy personalizada”. “Las clases son un oasis”, apostilla.
Así lo confirman Jimena, Andrea y Elena, alumnas de segundo de Bachillerato de Griego de Santiago Grisolía, quienes aseguran estar “muy contentas” de haber elegido esta asignatura.
Algunas lo hicieron por vocación, pero otras se decantaron por esta optativa tras comprobar que las ciencias no encajaban con sus intereses. Si embargo, todas coinciden en que la asignatura ha superado sus expectativas. “Es increíble entender de dónde viene nuestra lengua”, explican.
Si bien, también perciben comentarios negativos de otros compañeros. Reconocen que, actualmente, muchos de los jóvenes eligen la rama de ciencias por presión social o familiar, bajo la creencia de que ofrece más salidas profesionales. “Se piensa que por ir a letras somos menos capaces, y no es así”, sostienen. En este sentido, reivindican que cada modalidad tiene su dificultad y su valor y que el problema no es la competencia entre ramas, sino la falta de información y de libertad para elegir. “Al final hay que hacer lo que a uno le guste porque sino van a acabar estudiando una carrera que realmente no les llena”, concluyen.
Para la profesora, la posible desaparición del Griego supondría algo más que la pérdida de una asignatura. “Sería cerrar la puerta al conocimiento directo de las raíces de la cultura occidental”, subraya. Al respecto, recuerda que nuestro alfabeto procede del griego, que los géneros literarios, la filosofía, la política o buena parte del léxico científico tienen su origen en esta lengua. “Somos hijos de los romanos y nietos de los griegos”, afirma. Sin especialistas formados, añade, incluso la conservación y divulgación del patrimonio histórico quedaría debilitada.