Del Cerro del Socorro a la estratosfera para estudiar y grabar el eclipse como nunca
Mientras miles de personas observen el eclipse desde las calles, miradores y espacios abiertos de Cuenca, una cámara tratará de contemplarlo desde una perspectiva completamente diferente. Y es que, AstroCuenca prepara para el 12 de agosto el lanzamiento de un globo sonda desde el Cerro del Socorro que ascenderá por encima de los 20.000 metros para grabar el avance de la sombra de la Luna sobre la Tierra y recoger distintos datos científicos.
La iniciativa forma parte de un proyecto nacional nacido hace más de un año, después de que la NASA utilizara un globo meteorológico durante el eclipse de 2024 en Estados Unidos. Aquella experiencia llevó a varias agrupaciones astronómicas españolas a plantearse una misión similar con motivo del eclipse que cruzará la Península.
“Los organizadores pensaron que este era nuestro eclipse, el eclipse español por antonomasia, y que había que intentar hacer algo parecido”, dice Esteban Donate, coordinador del globo sonda de AstroCuenca.
En el proyecto participan 15 equipos, integrados principalmente por agrupaciones astronómicas de España, además de dos entidades portuguesas y diferentes centros educativos, museos y organizaciones científicas. No se lanzarán 15 globos, sino alrededor de una decena, pero todos los grupos trabajan conjuntamente, comparten experiencias y colaboran para aumentar las posibilidades de éxito.
Esta coordinación también ha permitido afrontar de manera conjunta cuestiones complejas, como los permisos de navegación aérea y telecomunicaciones, la adquisición de materiales, la formación técnica y el suministro de helio.
UNA PRUEBA ATRAPADA EN UNA TORMENTA
AstroCuenca realizó su lanzamiento de prueba el pasado 29 de junio desde el Cerro del Socorro. El objetivo era comprobar el funcionamiento del globo, las cámaras, las comunicaciones, el sistema de seguimiento y el posterior rescate de la carga.
El globo medía en tierra alrededor de metro y medio. Tras él viajaban un paracaídas, unos veinte metros de cuerda y una caja adaptada para soportar temperaturas extremas. En su interior se instalaron cámaras, baterías, una emisora de radio y una estación meteorológica.
También participaron los institutos Fernando Zóbel y Pedro Mercedes. Desde el departamento de Biología del Fernando Zóbel se preparó una colonia de bacterias que ascendió hasta la estratosfera y que continúa siendo estudiada para comprobar cómo respondió a las condiciones del viaje. El Pedro Mercedes aportó una estación meteorológica con emisora, desarrollada por profesores y alumnos a partir de su trabajo en el proyecto CanSat.
El despegue se produjo correctamente y el globo comenzó a ascender sobre la vertical de Cuenca. Sin embargo, mientras ganaba altura, también crecía una nube que no figuraba en las previsiones meteorológicas.
Al alcanzar unos 8.000 metros, las cámaras mostraron cómo desaparecían el suelo y el cielo azul. El globo había entrado dentro del cúmulo, que se estaba transformando en una tormenta.
“Se empieza a ver todo negro y blanco, comienza a nevar y se escucha cómo el granizo golpea la caja”, detalla Donate.
La humedad se fue congelando sobre el globo y las cuerdas. El hielo aumentó el peso del conjunto entre 300 y 400 gramos, una cantidad aparentemente pequeña, pero muy importante para una carga calculada en torno a 1,2 kilos. Como consecuencia, la sonda dejó de subir y comenzó a perder altura.
El equipo de rescate se desplazó hacia el pantano de Alarcón porque la trayectoria indicaba que podía acabar cayendo al agua. Sin embargo, cuando el globo había descendido hasta unos 2.000 metros, comenzó a secarse, recuperó flotabilidad y volvió a subir.
Las corrientes de aire lo desplazaron entonces hacia La Mancha. La sonda alcanzó finalmente unos 22.000 metros en el entorno de Socuéllamos. Desde esa altura grabó la puesta de sol, la salida de la Luna llena y la aparición de Venus sobre el horizonte. Bajo el cielo completamente oscuro comenzaron también a distinguirse las luces de los municipios manchegos.
El globo terminó explotando y la carga descendió con el paracaídas hasta caer en un olivar, donde fue localizada por el equipo de rescate. Las cámaras, la estación meteorológica y los experimentos pudieron recuperarse.
Aunque el vuelo no siguió el recorrido inicialmente previsto, Donate considera que la experiencia fue especialmente valiosa. Las imágenes permiten observar desde dentro el crecimiento de una tormenta, la formación de la precipitación y la acumulación del hielo sobre el globo y las cuerdas.
“Fuimos testigos de cómo crecía el cúmulo y de lo que ocurre dentro de una nube cuando empieza a generarse una tormenta”, explica.
El principal objetivo de la misión será grabar desde la estratosfera el avance de la sombra de la Luna
GRABAR LA SOMBRA DE LA LUNA
El principal objetivo del lanzamiento definitivo será grabar la sombra de la Luna avanzando sobre la superficie terrestre. La carga llevará dos cámaras, una estación meteorológica, una emisora de radio y diferentes componentes científicos.
“Queremos subir por encima de las nubes y grabar la sombra del eclipse sobre nuestro territorio”, resume Donate.
La trayectoria dependerá de las condiciones atmosféricas. En una jornada tranquila, el globo podría caer a entre 20 y 30 kilómetros del punto de lanzamiento, aunque las corrientes podrían conducirlo hacia La Mancha, la Serranía o la Alcarria.
El instante del despegue será especialmente delicado. El viento lateral o una corriente irregular a ras de suelo pueden provocar que el globo se desplace de manera brusca antes de ganar altura. Por ello, AstroCuenca ha solicitado al Ayuntamiento que acote una zona del Cerro del Socorro para que el equipo pueda trabajar con seguridad y evitar que el público se acerque durante los preparativos.
Entre los instrumentos que viajarán a bordo destaca un contador de muones fabricado por un socio conquense de AstroCuenca que trabaja en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Los muones son partículas relacionadas con los rayos cósmicos que atraviesan la atmósfera. El dispositivo permitirá registrar su presencia antes, durante y después del eclipse. Varios equipos de la misión nacional incorporarán contadores similares para comparar los resultados y estudiar si la ocultación del Sol provoca alguna variación en las mediciones.
La estación meteorológica recogerá además datos de temperatura, humedad y presión durante el ascenso. El contenedor tendrá que soportar grandes cambios térmicos: desde más de 30 grados en tierra hasta temperaturas que pueden aproximarse a los 60 grados bajo cero en las capas altas de la atmósfera.
FORMACIÓN, COLABORACIÓN Y DIVULGACIÓN
Los integrantes de AstroCuenca han realizado cursos de formación y han visitado instalaciones de la Agencia Estatal de Meteorología para conocer cómo se lanzan los globos que estudian diariamente la atmósfera.
También han tenido que superar dificultades relacionadas con la compra de materiales y el suministro de helio. Cuando su proveedor nacional se quedó sin existencias, una empresa de Cuenca reservó dos botellas para garantizar el desarrollo del proyecto.
La iniciativa cuenta con el apoyo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el Ayuntamiento de Cuenca, el Museo de las Ciencias y varias empresas locales. Donate destaca que todo el equipo está formado por voluntarios procedentes de diferentes ámbitos profesionales.
El proyecto continuará después del eclipse. Las imágenes se publicarán en el canal de AstroCuenca y se utilizarán en actividades educativas, exposiciones y sesiones del planetario del Museo de las Ciencias. Al estar grabadas en 360 grados, podrán servir para crear un programa específico que muestre el despegue, el ascenso sobre Cuenca y la evolución del fenómeno desde la estratosfera.
Los resultados de los diferentes globos también se presentarán en el Congreso Estatal de Astronomía de Sabadell.
AstroCuenca participa además en una red nacional de fotómetros que medirá la disminución de la luz durante el eclipse. Uno se instalará en el Museo de las Ciencias y otro acompañará al equipo del globo. Posteriormente será trasladado al Observatorio de Vega del Codorno para controlar la calidad del cielo nocturno y estudiar la contaminación lumínica en la Serranía.
“Esperamos que todo salga bien y que tengamos un día de ciencia y de diversión tremenda”, dice Donate. Desde tierra, Cuenca observará uno de los mayores espectáculos de la naturaleza. Desde la estratosfera, un pequeño globo tratará de grabar cómo la noche atraviesa durante unos instantes la provincia.