De Cuenca a Canarias para desentrañar los secretos del Sol
Mirar al cielo cuando era niño y pensar que algún día quería dedicarse a estudiarlo fue el comienzo de un camino que ha llevado al conquense Iván Bonilla Mariana desde las aulas del instituto Pedro Mercedes hasta Canarias, donde actualmente desarrolla una tesis doctoral centrada en la física solar. A sus 27 años, reconoce que todavía tiene mucho por aprender, pero ha conseguido cumplir el sueño que durante años tuvo en mente: poder investigar aquello que realmente le apasiona.
Y es que, desde Bachillerato ya tenía en mente Canarias como destino. Sin embargo, marcharse tan lejos de casa con 18 años suponía un salto importante. Por ello, comenzó el grado en Física en Alicante, donde cursó los tres primeros años, antes de trasladarse después de la pandemia a Canarias para completar los dos últimos.
Su interés por el cielo venía de mucho antes. “Cuando era crío no distinguía entre astronomía y astrofísica, pero miraba al cielo y decía: algún día quiero estudiar esto”, dice. La Física, reconoce, no fue un camino sencillo. Precisamente esa dificultad terminó convirtiéndose también en un aliciente. Tras acabar la carrera realizó un máster en Astrofísica y, posteriormente, consiguió una beca que le permitió comenzar el doctorado.
Ahora su investigación está centrada en el Sol. En concreto, estudia los efectos de ionización parcial, aunque reconoce que se encuentra todavía en los primeros meses de la tesis. Su elección por la física solar llegó después de descubrir un campo que le resultaba especialmente atractivo y de encontrarse rodeado de un potente grupo especializado en esta materia.
Bonilla explica que uno de los errores más habituales es pensar en el Sol como “una bola de fuego”. “No hay oxígeno suficiente para que se produzca una combustión”, detalla. En realidad, se trata de plasma, un estado de la materia que permite comprender mejor su funcionamiento. Y, pese a tenerlo presente cada día sobre nuestras cabezas, considera que el Sol está en cierto modo “infravalorado”. Es, recuerda, la única estrella que podemos estudiar con un nivel de detalle extraordinario.
Ese estudio le ha permitido trabajar ya con algunos de los grandes instrumentos disponibles en Canarias. Ha realizado observaciones en La Palma y ha participado en campañas con el telescopio solar GREGOR, una experiencia que describe como exigente pero también “muy divertida”. Y es que, los nuevos telescopios, explica, ofrecen cada vez más resolución y permiten encontrar detalles o procesos que hasta hace pocos años resultaban imposibles de observar.
El camino científico, sin embargo, no está exento de dificultades. Tras una carrera llega el máster y, posteriormente, la competencia por conseguir una de las escasas plazas financiadas para realizar un doctorado. “Necesitas estar entre los mejores”, deja claro el conquense, que lamenta que haya jóvenes con vocación investigadora que se queden fuera por falta de oportunidades.
De momento, no piensa en la NASA ni en grandes metas lejanas, dado que su objetivo es más inmediato: terminar su doctorado, aprender y seguir profundizando en el Sol. Y deja un consejo para quienes quieran seguir sus pasos: “Aquí llega el que se esfuerza”.