La comida preparada gana terreno en verano
Mientras las temperaturas de la ciudad invitan a buscar la sombra y alejarse de los fogones, cada vez son más los conquenses que optan por llevarse la comida hecha a casa. Cocinar deja de ser una prioridad para quienes quieren aprovechar las vacaciones al máximo, evitar encender el horno o simplemente escapar del calor de la cocina.
En ‘Comidas Natu’, un establecimiento abierto hace tres años por el matrimonio formado por Nelu Retegan y Crina Florina, esta tendencia se deja notar cada verano, pero con algunos matices bastante curiosos que rompen ciertos tópicos.
Aunque la imagen que suele asociarse a los meses de verano es la del gazpacho, las ensaladas y las comidas ligeras, la experiencia diaria de este establecimiento demuestra que la realidad es bastante más diversa. “Pensaba que cambiaría mucho, pero tampoco hay tanta diferencia. Hay clientes que siguen comprando comidas más de invierno. Si hago cocido, lo vendo; si hago caldo, también. Hay personas que me dicen que tiene que haber comida de caldo siempre, sea el mes que sea”, afirma.
Ese es quizá el aspecto que más sorprende al responsable de ‘Comidas Natu’. Los platos fríos ganan protagonismo, sí, pero no desplazan a las recetas más tradicionales. Conviven con ellas. “En verano lo que más demanda tiene es el gazpacho andaluz, las ensaladas, el mojete o el salmorejo, pero luego hay platos que no fallan nunca”, resume.
Entre esos imprescindibles destaca uno por encima del resto: “La paella se vende bien todo el año; eso no cambia. Todos los días sacamos paella y siempre funciona muy bien”, asegura.
El verano también modifica la forma en que muchas personas organizan su alimentación. Las escapadas, las comidas en las piscinas, parques o excursiones, las reuniones improvisadas con familiares y amigos o simplemente las ganas de dedicar menos tiempo a cocinar favorecen el consumo de comida preparada. No se trata únicamente de comodidad, sino de ganar tiempo para disfrutar.
Retegan considera que esa tendencia también se percibe en Cuenca. A su juicio, durante los meses estivales la demanda puede crecer “en torno a un 20%”. Sin embargo, matiza que ese incremento no siempre resulta tan evidente porque coincide con otro fenómeno habitual en una ciudad de interior: la marcha de muchos vecinos durante las vacaciones.
“Aquí mucha gente se va a los pueblos o de vacaciones y eso hace que baje parte de la clientela”, explica. Esa pérdida, añade, se compensa por distintas vías. Por un lado, el establecimiento suministra menús a escuelas de verano; por otro, cada vez son más los pedidos que llegan a través del servicio de reparto a domicilio.
“Hay personas que prefieren no salir con el calor y piden la comida por Glovo”, comenta. Una opción que ha ampliado el perfil de clientes y permite que muchas personas sigan recurriendo a la comida preparada sin necesidad de desplazarse.
MENÚ DIARIO, UNA SOLUCIÓN PRÁCTICA
Pero si hay un colectivo que refleja especialmente bien este cambio de hábitos es el de las personas que viven solas. Retegan asegura que muchos de sus clientes son mayores que, tras quedarse solos, han dejado de encontrar sentido a cocinar únicamente para ellos.
“Nos dicen que no les merece la pena. Primero tienen que ir a comprar, luego preparar la comida y, con el calor que hace, no compensa hacerlo para una sola persona”, explica.
E estos casos, el menú diario termina convirtiéndose en una solución práctica y económica. “Con un menú tienen comida para el mediodía y muchas veces también para la cena”, señala.
La calidad y la cocina casera siguen siendo, según defienden los propietarios, la principal razón por la que los clientes regresan. Tanto Nelu Retegan como Crina Florina, que trabajan conjuntamente al frente del negocio, coinciden en que el objetivo pasa por ofrecer recetas tradicionales elaboradas cada día, adaptando la carta a la temporada sin renunciar a los platos que forman parte de la cocina de siempre.
Por eso, junto al gazpacho, el salmorejo o el mojete conquense siguen apareciendo en las vitrinas los guisos, los caldos, las migas o la paella. Una convivencia entre tradición y estacionalidad que, lejos de resultar contradictoria, refleja los hábitos reales de una clientela que busca comodidad sin renunciar al sabor de siempre.
Porque, aunque el verano invite a cocinar menos, eso no significa que los conquenses estén dispuestos a renunciar a sus platos favoritos. Si algo ha aprendido Retegan desde detrás del mostrador es que el calendario influye en la elección de algunos menús, pero mucho menos de lo que imaginaba cuando abrió el establecimiento. “Hay comidas que parecen de invierno y, sin embargo, siguen teniendo mucha salida. Eso es lo que más me ha sorprendido”, concluye.
Al final, la comida preparada se consolida como una alternativa interesante para quienes desean simplificar el día a día durante las vacaciones de verano, ahorrar tiempo y combatir el calor sin renunciar a una alimentación variada y de calidad. Y en Cuenca, el verano no solo sabe a gazpacho y ensalada: también sigue sabiendo, para muchos y muchas, a un buen plato de cuchara.