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Así crece la segunda promoción del Centro de Creadores de Cuenca

(GALERÍA DE IMÁGENES) Novela, poesía, escultura, pintura y música conviven en la Casa de Sebastián de Covarrubias, donde diez becados de la Fundación Antonio Gala avanzan con sus proyectos artísticos
Fotos: Rubén Marco
21/10/2026 - Rubén M. Checa

Hay edificios del Casco Antiguo que rezuman historia, patrimonio, abstracción… Y en uno de ellos, en la casa de Sebastián de Covarrubias, se forja a una nueva generación de artistas. Se trata del Centro de Creadores Contemporáneos (4C), gestionado por la Fundación Antonio Gala con apoyo de la Diputación de Cuenca que a mediados de abril abrió sus puertas a la segunda promoción de integrantes. 

Son diez los creadores que conviven juntos, comparten estudios y tutorías, y a mitad de su estancia, un equipo de Las Noticias de Cuenca se ha sumergido en el centro para conocer cómo avanzan sus proyectos. Novela, poesía, escultura, pintura y música son las disciplinas que se desarrollan este año, todas ellas alimentadas por el paisaje conquense.

Abre la ronda Javier Zamora Chacón, único integrante natural de Cuenca. Llegó con la idea de un libro de relatos y, tras su formación, el proyecto que ha germinado ha sido una novela ambientada en La Manchuela, con personajes ligados a leyendas conectadas entre sí. Zamora explica que el horror folclórico le ha permitido levantar una estructura narrativa “más sólida y profunda” de lo que imaginó en un primer momento, acompañado en este recorrido por su tutor, el escritor Alberto de la Rocha.

El tiempo y el sustento, remarca, le han permitido escribir por primera vez sin la ansiedad que, opina, se filtra en tantas novelas actuales. Antiguo profesor de español en Estados Unidos, destaca que volver a su ciudad le ha hecho mirarla con otros ojos, lejos de la turistificación. Con la obra casi terminada, ya piensa en editoriales y certámenes literarios para darla a conocer.

Juan José Mondragón trabaja en ‘Ataques de Pánico’, diez cuentos sobre la relación de su generación con los mundos digitales. Aplicaciones de citas, redes sociales, pornografía, videojuegos o fanfiction aparecen en historias de personajes suspendidos en esos espacios. Llegó con una idea marcada por la ansiedad y el pánico, aunque el humor negro ha ganado terreno.

Natural de Cali, Colombia, explica que las tutorías le ayudan a afinar la técnica y sus compañeros aportan otras lecturas. Los escritores se fijan más en el oficio y los artistas plásticos, en las imágenes o la atmósfera. Esa variedad le permite comprobar si sus cuentos llegan a lectores distintos. El calendario avanza según lo previsto, aunque algunos textos quedaron fuera.

Alba Rivas Medina llegó como invitada a finales de junio, tras ser becaria el curso anterior en la Residencia para Creadores de Córdoba, de la misma fundación. En Cuenca desarrolla un proyecto de poesía documental a partir de su trabajo como periodista en Perú, donde entre 2022 y 2024 acompañó a familias de víctimas de la represión bajo el Gobierno de Dina Boluarte. Quiere, explica, reconstruir esos testimonios con sus propias palabras.

Con ese material de entrevistas, audios y fotografías inéditas, dice que busca un libro que se lea “con cierta belleza”. Cuenta que la poesía la acompaña desde niña, en un ambiente familiar en que su padre también escribía, y que su vocación se afianzó en un taller con la poeta Piedad Bonett. El proyecto de Córdoba ya está cerrado, subraya, y esta estancia le sirve para afinar su método.

La artista Irene Verdejo, de Valdepeñas, investiga cómo protegerse del sol en el paisaje llano de La Mancha, interés que en Cuenca se ha ampliado: de la paja de los sombreros ha pasado a telas de cortina, tejas y barro. Su método, detalla, consiste en descomponer objetos cotidianos, con juego e investigación, hasta que dejan de resultar reconocibles.

La ventana de su habitación, con una vista que antes no había tenido, le ha hecho mirar el paisaje desde dentro de la casa, apunta, y ha orientado su trabajo hacia elementos arquitectónicos y objetos que brillan o reflejan luz. Reconoce que la complicidad con su compañera Irene Rujas ha alimentado ambos proyectos, pensados como instalación que solo cobrará sentido en sala.

Irene Rujas parte de algo tan cotidiano como un vestido tendido al sol. El viento, las pinzas, la gravedad y la tela generaban formas y tensiones que originaron su proyecto. Desde entonces trabaja con conos, cilindros y esferas para estudiar cómo formas perfectas sobre el papel se vuelven inestables en el espacio real, pesan, rozan, caen o necesitan apoyarse.

La escultora segoviana entiende su trabajo como un proceso abierto y valora una residencia larga. El tiempo le permite repetir, probar y dejar que aparezcan nuevos caminos. En Cuenca encuentra ecos en la verticalidad del paisaje y en la forma en que el viento atraviesa la ciudad. La cercanía con Irene Verdejo genera un acompañamiento mutuo: sus investigaciones se tocan y, a veces, se contagian.

Carmen Liria Pérez, de Olula del Río (Almería), trabaja la ficción a partir del paisaje de Cuenca, ciudad que apenas conocía. Sus primeras piezas nacieron de comparar el paisaje seco de su pueblo con la vista aérea de un invernadero almeriense frente a la de Cuenca. Con los meses, explica, esa comparación dio paso a motivos más concretos como el agua o los zahoríes (buscadores de agua), por su componente mágico.

El Museo Paleontológico también ha dejado huella en su obra, con piezas que muestran un huevo de dinosaurio emergiendo del agua, un líquido que considera casi un personaje del paisaje conquense. El agua, remarca, es el hilo conductor de su trabajo, y la experiencia le ha permitido decir por primera vez, “sin la boca pequeña”, que es artista.

Ane-Mai Höök presentó una propuesta entre fotografía y pintura a partir de patrones de la calle. En Cuenca, la investigación ha derivado hacia los espacios y obstáculos que condicionan nuestra manera de movernos y mirar: verjas, vallas, señales u obras que impiden el paso y, por eso, obligan a detenerse y observar con mayor atención lo que sucede alrededor.

La artista donostiarra encuentra material casi sin buscarlo. Este verano, con numerosas obras en la ciudad, salía con la cámara para registrar aquello que le hacía parar y de esas fotografías han nacido una decena de piezas. Höök reconoce que al principio tanto tiempo imponía presión. Poco a poco, dice, ha encontrado un ritmo y trata de aprovecharlo al máximo.

Amara Toledo, de Sevilla, presentó un proyecto pictórico inspirado en el Diccionario de los símbolos de Juan-Eduardo Cirlot, con el que combina símbolos que encierran mensajes ocultos solo descifrables por quien conoce su significado. En la entrevista de selección le preguntaron si tenía piezas de cerámica; respondió que no, pero en Cuenca ha desarrollado también una línea escultórica en barro.

La beca, destaca, le da asesoramiento, tiempo y recursos para trabajar de forma profesional, frente a la soledad de resolver cada problema en el propio estudio. Ha dedicado la primera mitad de la estancia a la investigación teórica y la segunda a la parte plástica, con una pieza inspirada en una constelación antigua y en las estrellas de la puerta de la Fundación Antonio Pérez.

La compositora Nani R. Pavón, de Huelva, llegó como invitada tras terminar en mayo su beca en la Fundación Antonio Gala de Córdoba, donde puso música a las catorce pinturas negras de Goya. Paseando por Cuenca encontró en la leyenda del Cristo del Pasadizo (dos jóvenes enamorados de distinta clase social), siendo este uno de los temas que buscaba.

Pavón compone ahora una obra para un cuarteto de cuerda de diez a quince minutos que traduce la historia en música, con inicio romántico, un tramo de incertidumbre cuando el protagonista marcha a la guerra y un cierre nostálgico. La pieza se abre y cierra con la melodía de la Torre Mangana, que escucha a diario desde el aula de música.  

Con la beca camino de su recta final, los diez coinciden en algo: el tiempo compartido en el centro ha cambiado tanto sus obras como su manera de mirar Cuenca. Antes de que el público vea el resultado a mediados de diciembre, la ciudad sigue siendo, coinciden, la materia con la que esta segunda promoción del 4C escribe, pinta, esculpe y compone.