Las actuaciones por ruido aumentan un 30% en Cuenca entre enero y julio
Un aire acondicionado, una motocicleta con el tubo de escape modificado, una terraza repleta de conversaciones o un cumpleaños que se alarga más de la cuenta pueden tener algo en común: acabar con una llamada a la Policía Local de madrugada. Detrás de estas intervenciones no siempre hay sanciones ni conflictos vecinales. La mayoría de las veces comienzan con una mediación y, en ocasiones, terminan convirtiéndose en una investigación de semanas para localizar el origen exacto del ruido.
Las actuaciones relacionadas con las molestias por ruido han aumentado un 30% en Cuenca entre enero y julio respecto al mismo periodo del año pasado. Sin embargo, ese incremento no significa necesariamente que la ciudad sea hoy más ruidosa. Los oficiales de la Policía Local Nuria Martín y Armando Díez lo relacionan con “una mayor especialización de la plantilla y con el refuerzo de la coordinación con el Servicio Municipal de Medio Ambiente”, una circunstancia que ha permitido abordar cada vez más intervenciones y con mayor precisión.
“Cada vez el policía está más formado en ruidos. En la Escuela de Protección Ciudadana se da formación básica y luego nosotros impartimos formación específica. Al final, cuanto más te formas, más trabajo te llega”, explica Nuria Martín, que junto a Armando Díez forma a policías locales en esta materia. Ambos destacan que esa preparación permite que cada vez más agentes puedan intervenir en actuaciones que hasta hace poco recaían en un número reducido de especialistas.
Los datos reflejan una realidad curiosa. Aunque durante el verano las actuaciones por ruido duplican a las que se registran en invierno, la comparación entre junio y julio de este año y los mismos meses de 2025 apenas muestra diferencias significativas. “Hemos detectado que junio y julio no han aumentado con respecto al año pasado. Lo que sí ha aumentado es el periodo comprendido entre enero y julio”, explican los oficiales, que atribuyen esa evolución precisamente a la mejora de la capacidad de respuesta policial.
“Hay que conjugar el derecho al descanso de quien madruga con el de quien quiere disfrutar del fresco de una noche de verano”
PRIMERO, MEDIACIÓN
Pero ¿qué ocurre cuando un vecino llama porque no puede dormir? La respuesta no suele ser una sanción inmediata. “Lo primero que hacemos es una mediación. Hablamos con la gente que está generando las molestias y les pedimos que cesen. Dependiendo de la actitud y de las circunstancias ya se puede identificar y denunciar, pero siempre intentamos primero esa mediación”, explica Nuria Martín. Porque, insisten ambos agentes, detrás de muchas llamadas no hay enfrentamientos vecinales, sino personas que desconocen que están molestando.
“Hay que intentar conjugar dos cosas: el que intenta descansar y el que no tiene que trabajar y quiere estar al fresco”, resume Armando Díez. “Muchas veces quien está abajo ni siquiera es consciente de que está haciendo ruido. Nosotros intentamos conciliar ambas situaciones”. La búsqueda de ese equilibrio entre el derecho al descanso y el disfrute de las noches de verano marca buena parte de las intervenciones.
Cuando la mediación no basta, entra en juego el procedimiento técnico. Si el ciudadano decide presentar una denuncia, la Policía Local puede realizar mediciones oficiales mediante un sonómetro homologado de clase 1, un equipo que debe calibrarse antes de cada intervención y que permite comprobar si los niveles de ruido superan los límites establecidos por la normativa. En horario nocturno no pueden superarse los 25 decibelios en el interior de una vivienda ni los 45 en la vía pública, aunque posteriormente corresponde al Servicio Municipal de Medio Ambiente analizar esos datos y determinar si existe una infracción administrativa.
Los focos de ruido también cambian según la época del año. Durante el invierno predominan los establecimientos de ocio nocturno, los pisos turísticos o las viviendas ocupadas por estudiantes durante los fines de semana. En verano aparecen nuevos escenarios: terrazas, conciertos al aire libre, reuniones en parques o plazas y el uso de altavoces portátiles. Cuando la mediación fracasa, esos dispositivos pueden incluso ser intervenidos temporalmente junto con la correspondiente sanción administrativa.
Sin embargo, no todas las actuaciones tienen un origen tan evidente. De hecho, algunas de las más complejas poco tienen que ver con el ocio nocturno. Un aparato de aire acondicionado recién instalado, una campana extractora, una cámara frigorífica o un motor pueden convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para los vecinos.
“Hemos llegado a tirarnos cerca de mes y medio o dos meses buscando el foco emisor de un ruido. Pensábamos que venía de un bar, luego de una frutería, después de otro establecimiento... y al final descubrimos que era un cartel luminoso”, recuerda Nuria Martín. “El ruido de baja frecuencia se transmite por vibraciones y muchas veces localizar exactamente de dónde procede requiere una auténtica investigación”.
Armando Díez coincide en que esa parte del trabajo resulta especialmente satisfactoria. “Cuando el foco emisor no está claro hay que investigar de dónde viene. Hemos tenido que ir descartando distintos locales hasta encontrar el origen. Cuando finalmente lo detectas y ayudas al vecino a resolver el problema, para nosotros también es una satisfacción”.
Otro de los fenómenos que preocupa es el aumento del ruido generado por motocicletas y vehículos modificados. La Policía Local ha intensificado la vigilancia en zonas como la Ronda Oeste, la avenida de los Alfares o Ángeles Gasset para detectar reformas no autorizadas en sistemas de escape que incrementan la contaminación acústica. “El vehículo tiene una dificultad añadida porque está en movimiento y hay que interceptarlo, pero estamos reforzando ese trabajo”, explica Díez.
Al final, coinciden ambos oficiales, detrás de una llamada por ruido casi nunca hay únicamente unos decibelios de más. Hay vecinos que necesitan descansar, otros que muchas veces desconocen que están molestando y una Policía Local que intenta resolver el conflicto empezando por el diálogo y recurriendo a la sanción solo cuando no queda otra alternativa. Es una labor cada vez más especializada que, lejos de limitarse a levantar actas, exige escuchar, medir, investigar y, sobre todo, ayudar a que la convivencia no pierda el equilibrio.
